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Opinión

"Cómo no recordar en estos tiempos a un gran hermano padre Antonio Casarín Manzán"


 Por Hno. Juan Daza Jara, Director Hogar de Ancianos Don Orione

Padre Antonio Casarín Manzán emprendió su camino a la casa del Padre el 20 de abril 2020.

Cuando conocí al padre Antonio, encontré a un sacerdote muy acogedor, sencillo y atento… Desde pequeño, escucha la voz de Dios que lo invita a seguirlo de una manera distinta y especial, consagrando toda su vida al servicio de Dios en los hermanos más pobres y desposeídos.

Desde joven, fue visto como un religioso alegre, y emprendedor, adelantado a los tiempos, cercano y sensible al dolor de los más necesitados. Podemos afirmar que fue un verdadero “Hijo de Don Orione.”

Decía San Luis Orione en 1937: “En el nombre de la Divina Providencia, he abierto los brazos y el corazón a los sanos y enfermos, de cualquier edad, de cualquier religión, de cualquier nacionalidad: a todos he querido darles el divino bálsamo de la Fe junto al pan del cuerpo, pero especialmente a nuestros hermanos sufrientes y abandonados. Tantas veces he sentido a Jesucristo cerca de mí, tantas veces lo he percibido en los marginados y más infelices.” Y esto es lo que el Padre Antonio hizo vida de una manera especial con una gran sensibilidad social, atento a lo que hoy la Iglesia con el Papa Francisco llama “las nuevas formas de pobrezas”.

Padre Antonio, a la cabeza de los tiempos, como lo quería el fundador, se preocupó de los ancianos, para hacer de sus últimos años, una vida digna, alegre y donde fueran respetados y queridos, cuántos fueron sus desvelos, para tener un lugar hermoso, que fuera un verdadero hogar, en el que todos se sintieran contentos de ser parte de esta comunidad. Pero además fue quien hizo visible la realidad de los ancianos en medio de una sociedad que no los valora.

Si bien, esta fue su gran preocupación, su corazón sacerdotal siempre fue más allá, y se ocupó de los jóvenes que querían ser profesionales y no tenían un lugar donde quedarse, es así que funda el Hogar Universitario en los años 80, en la Parroquia Perpetuo Socorro. Además crea la Fundación Betzaida, para ir a capacitar y ayudar a los campesinos de la zona. Y en su segunda estadía en Los Ángeles ve con dolor que muchos jóvenes al no tener posibilidades ciertas de crecimiento caen en la esclavitud de la droga y su espíritu de no quedarse en el simple diagnóstico, no lo deja tranquilo hasta lograr crear otra institución al servicio de estos jóvenes que necesitan rehabilitación, es así que surge el Proyecto Kitralhue (que significa unión familiar alrededor de un fogón)

En el año 2000, estando en Rancagua, inicia un nuevo desafío el Centro especializado Esperanza para la atención de niños y niñas, adolescentes víctimas de situaciones de maltrato  grave, brindando contención y entregando estrategias para superar estas vivencias traumáticas.

Padre Antonio, hombre sensible, capaz de transmitir lo que sentía y las necesidades de los hermanos más pobres, a otras personas que se encuentran con él, cuántos de nosotros, junto a él descubrimos la importancia de dedicarse y ayudar a los hermanos más necesitados. Él, acogedor con cada uno de sus amigos y de manera especial con los bienhechores, que supieron traspasar su persona para continuar la obra por él comenzada y hasta hoy preocuparse del bienestar de los ancianos del Hogar.

¿Por qué padre Antonio, realiza todo esto? Porque su fundamento se encontraba en Dios, no lo olvidemos, primero es Religioso, Sacerdote, que por descubrir a Dios como Padre, entiende que todos son sus hermanos, especialmente los que más sufren y que es necesario preocuparse y ocuparse por ellos.

Cómo religioso, obediente, a pesar de lo que humanamente cuesta dejar una obra en la que lleva muchos años, es trasladado primero de su natal Italia, a España, luego llega a Chile al Pequeño Cottolengo de Santiago, para luego venir a Los Ángeles a continuar lo empezado por otros queridos sacerdotes, y consolidar un Hogar de Ancianos, como debe ser. Después de largo tiempo, la obediencia lo lleva a Rancagua, allí nuevamente pone todo su empeño, conocimiento y creatividad en lograr una comunidad que entregue lo mejor para los niños del Pequeño Cottolengo, posteriormente vuelve a su querido Hogar de Los Ángeles, para llegar a su último destino que fue al igual que el comienzo, El Pequeño Cottolengo de  Santiago, y desde allí emprender su regreso a la casa del Padre, en donde sin duda, el Señor le ha dicho: “Ven, bendito de mi padre, porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y en la cárcel y te preocupaste por mí.

Si queridos amigos, así fue la vida del padre Antonio, démosle gracias a Dios porque nos regaló un hijo ilustre de esta ciudad, un hombre que recibió la nacionalidad chilena por gracia, un amigo, sencillo y amable, siempre sonriente, que supo, sin grandes prédicas, mostrarnos con el ejemplo concreto de su vida, lo que significa amar y ser cristiano… tenemos un inmenso desafío, nosotros, los que lo conocimos y estuvimos con él, continuar lo que él comenzó, es por eso queridos amigos que no podemos olvidarnos del Hogar de Ancianos, pues cada vez que allí volvamos encontraremos al padre Antonio cuidando a los abuelitos y orando por cada uno de nosotros.

Un gracias al Padre Antonio por el ejemplo que nos entregó y por tantas cosas que el emprendió mientras estuvo entre nosotros.

El Dios de la vida recompense con creces todo el bien que hizo a tantos hermanos más necesitados sin importar raza ni color, sino ver a Cristo en nuestros hermanos más pobres.

  • Padre Antonio Casarín Manzán
  • Nació en  Visnadello (TV) el   27 de Septiembre 1935
  • 1ª. Profesión el  12 de septiembre  1954
  • Profesión  Perpetua el 17 de febrero  1960
  • Presbiterio el 14 de marzo  1964
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