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Opinión

O`Higgins, padre de la patria


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

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Denominar  al Libertador don Bernardo O`Higgins Riquelme como Padre de la Patria  es la forma de rendir un  merecido homenaje a quien es considerado  por sus méritos y ejemplos de conducta el primero entre sus iguales, que de manera generosa e incondicional se puso al servicio de su patria y de sus habitantes, demostrando valentía y liderazgo en los campos de batalla lo que no fue menos que su visión de gobernantes y estadista  cuyo nombre y ejemplo  traspasaron  las fronteras  nacionales, siendo  reconocido y valorado  por otras naciones de América y del mundo, donde se rinde homenaje a su figura y su legado y por haber estado  su espada, su pluma y su genio de estadista  y militar al servicio de la libertad  de nuestros hermanos de América de la tutela del imperio español.

Junto a otros destacados compatriotas, reconocidos también como Padres de la Patria, sobresale con luces propias el Libertador don Bernardo O`Higgins quien, superando las adversidades de su irregular nacimiento, sacrificara todo su bienestar personal y bienes materiales,  destinando su vida entera a lograr la  liberación de su patria y  edificar  las bases institucionales de una nación independiente y soberana, de una nueva república constructora de su propio destino y que reconoció legalmente nuestra condición de chilenos, no es menos relevante el amor que tuvo por su familia, especialmente por su madre y por lo valores que guiaron todas sus acciones, siendo la educación del pueblo una de sus mayores preocupaciones.

Para ser objetivos en la valoración de quien se le reconoce como   Padre de la  Patria, se debe conocer la historia y apreciar los hechos con la perspectiva de los tiempos, en un esfuerzo por hacerlo con conocimiento de  las circunstancias sociales, económicas y políticas de la época en que ocurrieron, sin que la posición social o ideológica que orientan la vida actual constituyan una condicionante que obnubile  nuestra forma de evaluar los hechos del pasado de cuyas raíces se ha edificado  lo que somos hoy como sociedad y de cuyo destino, presente y futuro, somos responsables las actuales generaciones.

Tenemos que asumir como sociedad nuestra responsabilidad que, por acción, omisión o apatía, ocurran interpretaciones parciales y distorsionadas de la historia. En esta materia, como en la formación moral de la ciudadanía, es  responsable nuestro sistema educacional por no haber enseñado la historia de nuestra patria y de los hombres y mujeres que ayudaron a cimentarla, de manera objetiva y desprejuiciada, incluso de haber olvidado de hacerlo de manera permanente y sistemática, situación que ha llevado que haya quienes, ya sea por reacción contra el orden establecido, por cuestiones culturales, políticas  o por necesidades insatisfechas, quieren borrarla o reescribirla según su particular criterio, convencidos  que la verdadera historia comienza con ellos y la inician con violencia,  atentando contra las representaciones materiales de los padres y héroes de la patria, creyendo que con destruir las imágenes del pasado y los bienes del presente, junto con alterar la paz social, se construye un país mejor.

Es por ello que, junto a la necesidad de conocer y valorar nuestra historia y con ello la vida y obra del Libertador Bernardo O`Higgins, nos corresponde como ciudadanos contribuir a que se cumpla con el compromiso contraído hace ya varias décadas, tanto por la comunidad, como por las autoridades de sucesivos gobiernos, levantando en la Hacienda Las Canteras la anhelada Casa Museo del Libertador General Bernardo O`Higgins Riquelme, obra que pondrá nuestro reconocimiento a la misma altura de lo que han realizado otras naciones mucho antes que nosotros.

Ese mismo reconocimiento,  establecido en el Acta de los acuerdos del vecindario de la Villa de Los Ángeles, reunidos el 17 de septiembre de 1811, cuando es informada de la gestión realizada por el diputado Bernardo O`Higgins y que se describe en parte de ella: “…y cumplido que fue, se conmovió el pueblo y expuso abiertamente estar satisfecho a plenitud de la arreglada conducta y acertado pulso con que ha manejado su representante en los graves negocios ocurridos pertenecientes a su comisión; siéndole constante los sacrificios y desaires que ha sufrido por sostener los derechos y privilegios de sus constituyentes, sin que hayan podido corromperlo ni seducirlo las amenazas ni las ofertas personales, le dan las más expresivas gracias por sus virtuosos procedimientos y honor con que se ha conducido, esperando de su integridad, instrucción, probidad, patriotismo y talentos continuará constantemente ejerciendo sus funciones”…”sin otro objetivo que el interés general de la patria, lisonjeándose por lo mismo el pueblo de la acertada elección que hicieron en su benemérita persona…”

Eso reconocieron y acordaron, con directo conocimiento de causa, los angelinos de entonces.

Empero, ¿qué podemos hacer los ciudadanos de hoy? Más bien, ¿Qué debemos hacer para  reconocer y valorar el ejemplo de vida y la obra de nuestro Padre de la Patria?

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