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Opinión

El sentido común y el bien común


 Por La Tribuna

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“El sentido común es en realidad el menos común de los sentidos”

Voltaire

En otros tiempos, el sentido común era la cualidad humana más respetada en el mundo, la que más allá de la idiosincrasia e ideología propia de cada individuo, permite a todos, sin excepción, tener claridad de lo que es universalmente asumido como correcto, aceptable y racional. Para la psicología, el sentido común es la capacidad de discernimiento que debería ser propio de toda persona, y cuyo fin último se considera ser el bien común.

Actuar con sentido común es hacerlo siempre con amplia, recta y realista visión de los fenómenos sociales, sin sesgos ideológicos, interpretaciones o conveniencias particulares que distorsionen lo que se espera de un comportamiento razonable y ético para la búsqueda del bien común que se proclama aceptable y, sobre todo, creíble.

Atenta contra el actuar con sentido común la insatisfacción de las necesidades básicas de las personas, como lo hacen también los móviles sociales de logro, afiliación y poder que interpretan y condicionan el bien común, direccionando las acciones de las personas hacia determinadas respuestas, y como la alimentación, vivienda y seguridad están en la base de las necesidades humanas, son los móviles sociales los que llevan a las personas a darle una particular interpretación  al concepto de bien común, que no siempre resulta ser de sentido común para todos.

Los acontecimientos que ocurren en nuestra sociedad (y en nuestra comunidad, por cierto) son un claro ejemplo de que el sentido común, base de la construcción del bien común, no es una de las características que identifique las actuaciones de quienes tienen la mayor responsabilidad de atender las necesidades no resueltas de la población, aquellos que, en su momento, se ofrecieron para representarlos con la promesa de hacer justicia y dar dignidad a sus vidas: la clase política, la que –con honrosas excepciones, que solo confirman la regla– más allá del discurso y teniendo  sus propias necesidades humanas resueltas, no reconocen rostros, no identifican, no entienden ni asumen la cruda realidad que vive la gran mayoría de la población, con carencias fundamentales que les impide atender sus requerimientos de subsistencia más básicos, y aunque la seguridad social de la población la usen como una tarea que los ocupa, parecen no entender que la insatisfacción de las necesidades de alimentación, salud, vivienda y seguridad  lleva a las personas, aun teniendo conciencia de ello y, a veces en contra del  sentido común, a enfrentar los riesgos que significa no cuidarse de la amenaza cierta de contraer la enfermedad que nos azota y continuar cumpliendo tareas de subsistencia y comprendiendo que consumir por adelantado parte de sus propios ahorros destinados para la vejez afecta, de una u otra manera, su condición de vida final.

Aun así, reclaman disponer de lo suyo y acuden a una solución transitoria que no resuelve el problema de fondo, cuya base descansa en la desigualdad y mezquindad de las políticas sociales. Así, el sentido común deja de tener sentido cuando se tiene la imperiosa necesidad de alimentar a la familia, tener un lugar un poco más digno donde vivir y con mayor seguridad, asegurar la educación de los hijos y cumplir con su innata responsabilidad, y saldar, hasta donde sea posible, sus compromisos económicos y tranquilizar su conciencia.

Se distorsiona el sentido común y se manipula el bien común cuando los móviles de logro personal, de afiliación ideológica y de poder, se quieren perpetuar, no importando los medios que se utilicen; cuando se niega recursos ya asignados para erigir un recinto deportivo, aunque ello afecte a muchas personas, como si el esparcimiento, la recreación, la actividad física, el deporte en todas sus expresiones, junto a la alegría y la emoción que despierta, no fuera también una sentida necesidad humana y un bien común.

O cuando se minimiza o desconoce de manera intencionada la participación de muchas personas, autoridades, dirigentes sociales, medios de comunicación  y  organizaciones de diferente tipo, junto a ciudadanos comunes y corrientes comprometidos en la tarea de contar con un bien común que permita una mejor comunicación y un medio de transporte aéreo que disminuya los tiempos de traslado, asumiendo como realizaciones personales proyectos que fueron de muchos y durante mucho tiempo, aunque para conseguir figuración y mantener niveles de poder haya que desperfilar o sacar del camino a quien o quienes hagan sombra y constituyan un obstáculo para lograr sus intenciones.

Sume usted acciones similares que conozca.

Sin embargo, el sentido común aún persiste en la mayoría de las personas, que sabrán discernir entre quienes, en sus actuaciones, buscan honestamente y sin pretensiones de poder el bien común y lo hacen con la mejor intención y verdadero sentido común.

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