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Opinión

Mismidad docente en la diversidad profesional


 Por La Tribuna

Prof. Juan Manuel Bustamente Michel
Presidente de la AFDEM Los Ángeles

¿Por qué Educadoras de Párvulos, Profesores de Educación Básica, Profesores de Educación Media y Profesores de Educación Especial?, ¿por qué esa diversidad profesional para el cumplimiento de una y misma tarea como es “la de enseñar”?, ¿por qué? Interrogantes claves e igualmente válidas en la actualidad, que allá por los años noventa se me formularon en una presentación que hiciera en la entonces Sede Los Ángeles (hoy Campus) de la Universidad de Concepción, a propósito de lo que estaba resultando ser la municipalización de la educación (a esas alturas del proceso,  bien alcaldizada por parte de los ediles de la dictadura, esto, entre 1981 y 1989, y muy bien replicada, y a ultranza, como se ha visto, por los alcaldes de la democracia desde 1990 en adelante). Dos interrogantes claves que me llevaron a explicar esa común unión en la mismidad docente (la enseñanza) de la diversidad profesional de los profesores o sentido  etápico de sus distintas realidades.

La respuesta es evidentemente obvia: “Se trata de profesionales de la educación que, teniendo como común denominador la enseñanza, son especialistas en distintas etapas del desarrollo humano, incluidas las sub etapas de cada una”. Las educadoras de párvulos, en la atención de niños que van de 0 a 6 años (Sala Cuna y Primer y Segundo Nivel de Transición); los Profesores de Educación Básica, en la atención de estudiantes comprendidos entre los 7 a los 14 años (formación general y formación disciplinar); los Profesores de Educación Media, en la atención de aprendientes aglutinados entre los 15 y los 18 años (formación disciplinar); en tanto que los Profesores de Educación Especial, en la atención de educandos con necesidades educativas especiales a lo largo de todas las etapas hasta aquí mencionadas; cada una de las cuales está determinada y delimitada tanto por la concepción y estructura del sistema educacional en sí mismo, o al revés, (más la respectiva distribución discente por niveles según su edad), como por los niveles de desarrollo y maduración de los individuos, de menos a más, por cierto, en aspectos tales como lo neurológico, cognitivo, creativo, psicológico, afectivo, social, ético, oral, valórico, vocacional y profesional.

Ahora bien, tratándose de la formación profesional de los enseñantes – como se da en algunos países europeos con las Escuelas Normales, por ejemplo, donde se forman todos los profesionales de la educación sin excepción y a las que a su vez se incorporan para su preparación inicial otros profesionales con grado académico de licenciados que han descubierto su vocación docente y a los que se les reconoce como especialidad su primera condición  -, ésta necesariamente debería ir por una formación general común, para pasar luego a otra diferenciada según el nivel escolar de su preferencia, y  terminar en una orientada a una sub especialización como generalista / integral y disciplinar (asignaturas) o temática (Currículum Educacional, Didáctica y Metodología, Evaluación de los Aprendizajes, Orientación Educacional y Vocacional, Investigación Educacional, entre otras), según, desde luego, las expectativas de cada aspirante a profesor; y en el contexto de una institución única y estatal dedicada a la entrega de estos profesionales a la sociedad chilena, desde su formación de pre grado hasta la de post grado (es decir, actualizaciones, especializaciones, diplomaturas, pos títulos, magísteres y doctorados), como alguna vez conocí que se pretendió visionariamente a inicios de los años 70 con la que sería la denominada Escuela Nacional de Pedagogía o Universidad Magisterial de Chile (los nombres previstos), con presencia nacional; y de la cual sólo quedaron algunas aproximaciones ancladas a los modelos clásicos, sin ser la respuesta esperada respecto de la formación docente requerida para el S. XXI.

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