lunes 18 de noviembre, 2019

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Opinión

El rol de las universidades: la ciencia al servicio de la sociedad


 Por La Tribuna

Carmen Claudia Acuña Zúñiga
Doctora en Ciencias Sociales
UdeC Los Ángeles

Treinta años de profundas desigualdades llevaron al país a vivir en los últimos días una explosión social que ha dejado sentir una serie de demandas que buscan equilibrar la balanza para generar una nueva realidad. La profunda disparidad manifestada en el acceso y calidad de la salud, empleo, calidad de la educación, vivienda entre otros hoy interpelan precisamente a una elite política que no ha sabido escuchar y menos comprender el malestar que fue incubando la población.

Quizás pocos vislumbraron que los 30 pesos de alza del Metro detonarían el malestar acumulado de 30 años, aun cuando las universidades y las diferentes ciencias de alguna forma ya habían ido entregando luces acerca de la fractura que se estaba produciendo no sólo a nivel país, pues los vecinos de la región como Argentina, Brasil, Venezuela, Perú, Ecuador y México, también viven sus propias crisis frente a una “ausencia de progreso” integral (Latinobarómetro, 2018) que les permita a sus habitantes mirar con esperanza el futuro.

Precisamente en este punto es donde debo detenerme ¿Qué rol le cabe a la universidad en este escenario? Hoy las universidades también tienen que mirar sus propias prácticas y revisar que tan firme es el diálogo y la vinculación con la sociedad, ¿para quién investigamos? ¿a quiénes les escribimos? ¿quiénes nos leen? Hoy la lógica del paper y de la productividad científica ha llevado a que la difusión del conocimiento sea en ocasiones compleja.

Las universidades, en su rol de formadoras de nuevas generaciones de profesionales con pensamiento crítico, deben continuar invirtiendo en capital humano avanzado en condiciones dignas que les permita potenciar el diálogo con otros/as, que se traduzcan en aportes concretos a las soluciones de problemas reales. Desde esta lógica el Estado debe ser capaz de recoger las capacidades del mundo académico para pensar en el país que se quiere, para generar políticas públicas con base, pues el desarrollo científico y tecnológico no puede estar ausente para conseguir el desarrollo integral que tanto se anhela hoy, es decir, un país que tome en cuenta la generación de conocimientos, que difunda los hallazgos y una universidad conectada fuertemente con la sociedad.

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