lunes 16 de septiembre, 2019

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La participación como factor protector en el consumo de drogas, un deber de todos


 Por La Tribuna

Geraldine Opazo López
Asistente Social, Psicóloga
Jefa de Carrera de TNS en Prevención y Rehabilitación de Drogodependencia
Instituto Virginio Gómez – Sede Los Ángeles

La relevancia de atender el consumo problemático de alcohol y otras drogas en nuestra sociedad actual radica en que se presenta tanto como un problema de salud pública, debido a las múltiples consecuencias físicas y psicológicas para quienes la consumen, como un problema de carácter social por las repercusiones que pueden generar en el sistema familiar y la sociedad. Representando este fenómeno un desafío a nivel país, no estando exenta la región del Biobío al existir antecedentes de una baja percepción de riesgo del consumo de algún tipo de droga por parte de estudiantes de enseñanza media, así como también de quienes cursan la educación superior.
Los resultados del XII Estudio de Consumo de Drogas en Población Escolar, efectuada el año 2017, y los del primer Estudio sobre el Consumo de Alcohol y otras Drogas en Población de Educación Superior de la Región del Biobío, realizada en el año 2018 por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación en Drogodependencia, dan cuenta de una realidad preocupante en la región del Biobío como consecuencia de la normalización de conductas de riesgo, por parte de adolescentes y jóvenes, respecto al consumo de algunas drogas legales e ilegales como lo son el alcohol, el tabaco y cannabis.
Esta es una realidad de la cual la sociedad en general y los principales actores comunitarios deben responsabilizarse. Al momento de evidenciar a un grupo de jóvenes consumiendo de forma ocasional o durante los fines de semana alcohol, tabaco o cannabis a simple vista de todos los transeúntes en parques y en esquinas del barrio ¿qué es lo que se puede hacer aparte de alguna denuncia? Ante este contexto, la invocación a la prevención es habitual.
Si se considera que los factores de riesgos a nivel individual, familiar y comunitario convergen con las particularidades propias del ciclo vital de la adolescencia, etapa caracterizada por el desarrollo psicosocial consistente en la búsqueda de identidad, autonomía y preferencia por la relación entre grupo de pares, y a esto sumamos que los principales espacios de consumo de alguna sustancia en adolescentes y jóvenes se realizan en el ámbito recreacional, es fundamental en una primera instancia, que la familia se responsabilice mediante la ejecución de acciones orientadas a promover el vínculo familiar.
Por otra parte, los presidentes de junta de vecinos y grupos culturales, entre otros, deben facilitar instancias de encuentro e inclusión en espacios alternativos a la calle, destinados a proteger a los niños, niñas y adolescentes de las problemáticas que afectan a sus comunidades. Actividades sustentadas en un enfoque de derecho y protagonismo infanto juvenil “centrado en el desarrollo”, el cual busca orientar las potencialidades, capacidades y necesidades de los niños, niñas y adolescentes como parte de la concreción de metas de la etapa de vida en la que se encuentran.
Obviando de esas acciones implementadas la perspectiva adultocéntrica, con la cual los adultos estamos acostumbrados a ver a los niños, niñas y adolescentes, priorizando muchas veces los gustos e intereses desde nuestro rol, invisibilizando los requerimientos de ellos, es fundamental el rol protagónico mediante la participación de los diversos actores comunitarios, dado a que influye fuertemente en los sistemas de protección.
Se ha constatado en estudios que ante más participación en diversas actividades infanto-juvenil, baja el nivel de vulnerabilidad y riesgo, considerándose “la participación” como un factor preventivo. Asimismo, es de responsabilidad social efectuar acciones de sensibilización a los distintos actores sociales con los cuales interactúan los adolescentes y jóvenes, siendo imprescindible romper con el paradigma que considera el fenómeno de los problemas asociados a la drogodependencia como un problema individual, si no, que se debe considerar como un problema de vecindario, comunal y a nivel país.
Por último, es necesario promover instancias de reflexión en torno al consumo problemático de alcohol y otras drogas, ya que, es un fenómeno que nos afecta transversalmente y se puede mirar como la manifestación, expresión y resultado de determinada estructura social donde son las grandes brechas económicas y sociales las que vuelven vulnerables a los sujetos.
Por ende, es responsabilidad de todos asumir la labor de prevenir e intervenir en esta realidad globalizada. En este sentido, el Instituto Profesional Virginio Gómez en su sede Los Ángeles, considerando la realidad social de la región del Biobío, comenzó desde este año 2019 a impartir la carrera de TNS en Prevención y Rehabilitación en Drogodependencia, destinado a formar profesionales capaces de comprender de forma integral el fenómeno de la droga, pudiendo desempeñarse tanto a nivel preventivo como de rehabilitación, y así, ayudar a resolver un flagelo que nos afecta a todos como sociedad.

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