sábado 21 de septiembre, 2019

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La rebelión hongkonesa


 Por La Tribuna

Patricio Torres Luque,
Académico del Departamento de Gestión Organizacional UTEM.

Hace un par de años, cuando impartía clases de cultura latinoamericana en la Yunnan Normal University, en la ciudad de Kunming (suroeste chino), luego de algunas semanas, al entrar en confianza con los estudiantes realicé una encuesta anónima de dos preguntas: ¿Te gusta vivir en China? ¿Por qué? La gran mayoría respondió que le gustaba vivir en China, porque se sentían seguros. Casualmente, una de las estudiantes del grupo era una alumna hongkonesa de intercambio. Al terminar la clase se me acerca y me dice: “profesor, no contesté la encuesta porque soy de Hong Kong, y me gusta vivir allá porque puedo expresarme y ser libre”.

A fines del siglo XVII, cuando el Reino Unido comienza a comercializar con China, los británicos deseaban mercaderías como la porcelana, la seda y principalmente el té. El emperador chino puso una condición: la transacción debía ser en lingotes de plata pura. Cuando el tesoro británico comienza a agotar sus reservas de plata, sus gobernantes elaboraron una solución, profundamente inmoral: traficar opio desde la India hacia China a cambio de plata, la misma que utilizaban para posteriormente comprar el té. Cuando el gobierno chino se da cuenta del contrabando de opio, toman medidas drásticas, arrojando al mar miles de baúles de opio, comenzando así la primera guerra del opio entre China y el Reino Unido en el 1839. Una de las consecuencias de la victoria británica fue la anexión de Hong Kong, estipulada en el tratado de Nankín. Posteriormente, al finalizar la segunda guerra del opio, la colonia se expandió a la península de Kowloon, y en el año 1898 se establece que el Reino Unido podría ocupar estos territorios por un periodo de 99 años, devolviendo la isla a China en el 1997, con la única condición de que el territorio debía preservar su sistema económico y las libertades ciudadanas por al menos 50 años más.

Alguien que jamás haya experimentado la libertad no puede añorarla, porque desconoce la vivencia de aquel sentimiento. Sólo aquellos que la han experimentado, como los hongkoneses y taiwaneses, lucharán por preservar los valores democráticos de libertad, igualdad y pluralismo. Estas protestas son sólo el comienzo de una gran lucha contra el régimen dictatorial chino.

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