sábado 24 de agosto, 2019

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La educación en la vida de O’Higgins


 Por La Tribuna

Alejandro Mege Valdebenito.

A pocos días de celebrarse el aniversario 241 del nacimiento del Libertador Bernardo O’Higgins Riquelme, la reconstrucción de la casa que levantó en su hacienda Las Canteras como una Casa museo constituye, junto con ser un recuerdo material de la época más importante de nuestra historia, un fraternal espacio de encuentro del ciudadano de hoy con un pasado que no muere, en el lugar donde el Libertador  diseñó y forjó la Independencia de Chile y  sentó las bases de la naciente República, constituye el más relevante homenaje que se puede rendir en esta tierra a quién fuera activo partícipe en el proceso de liberación de la monarquía española, poniendo a disposición de la causa libertaria  su vida y todo su patrimonio personal y familiar, diseñando con visión de estadista el futuro de una patria libre y soberana, reconociendo, a partir de un acto de su gobierno, nuestra condición de chilenos.

En la futura Casa de O’Higgins se podrá conocer el mensaje educativo del Libertador, una de las facetas menos divulgada de su vida y obra, ya que la educación del pueblo constituía una de sus grandes preocupaciones y que lo llevó a decir: “Sin educación, la libertad y la independencia no son más que voces vagas y sonidos que se pierden en el aire”.

El Libertador otorgó un enorme significado de la educación de su pueblo y le asignaba vital importancia en su formación democrática y, aún en medio de las preocupaciones de la guerra, se daba tiempo para asistir a las clases, exámenes, fiestas y actos escolares. Frecuentemente visitaba el Instituto Nacional en cuyo reglamento se contemplaban certámenes anuales para verificar el aprendizaje de los alumnos. A quienes se distinguieran en su educación se les otorgaba el distintivo de “beneméritos de la juventud”, acompañado de becas de estudio y ocupaciones seguras a su  egreso escolar. Al reabrir el Instituto Nacional en el mensaje que entregó a los jóvenes, expresó: “allí aprenderán a creer sin preocupación, a obedecer sin esclavitud, a mandar sin despotismo; allí, extinguidas las odiosidades políticas hijas de la revolución y depuestas esas vanas distinciones de genealogías falaces, el patriota y el que  ha dejado de hacerlo por imitación, el grande y el pequeño, el rico y el pobre, se unirán, se estrecharán y lazos formados en la primera edad reproducirán aquellas amistades que admiramos en los Scipiones y los Lelios…”

Reconociendo el alto nivel de analfabetismo de la población, así como la escasez de educadores, incorpora en la educación el método lancasteriano preparando monitores entre los estudiantes más destacados los que, a su vez, enseñaban a grupos de sus compañeros. Asimismo, la experiencia adquirida en los campos de batalla le mostró la necesidad de contar con oficiales profesionales, creando, en 1817, la Academia Militar y, en el año 1818, la Academia Naval de Valparaíso.

En la Carta Fundamental de 1818 le asigna al Senado la misión de fomentar en la capital y en todas las ciudades y villas la creación de escuelas públicas, institutos y colegios y en la Constitución de 1822 se establece que “La educación pública será uniforme en todas las escuelas” y, sin distinción alguna ofreció, con cargo al erario nacional, educación en las escuelas de la nueva República a las agrupaciones indígenas del sur.

Por la gran importancia que el Libertador dio a la educación, se afirma con razón que O`Higgins asignó a sus compatriotas un estilo de vida: la democracia; y señaló el instrumento para hacerlo efectiva: la educación.

La esperada Casa de O`Higgins, será un foco educativo de la historia y de la vida del Libertador.


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