sábado 21 de septiembre, 2019

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Opinión

Hablemos en serio

Por Juan Bustamante Michel Presidente de la AFDEM Los Ángeles


 Por La Tribuna

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En los centros de enseñanza todo es evaluable; desde la gestión docente propiamente tal (esto es, la directiva, la  técnico pedagógica y la de aula), hasta la de cada uno de los estamentos restantes (asistentes de la educación, estudiantes y apoderados); y ello, porque el impacto de sus distintos roles, se acepte o no, es de suyo inevitable y, por lo tanto, gravitante en la generación de condiciones que garanticen una educación y aprendizajes de calidad para la totalidad de los estudiantes de que son responsables; todo esto, sin perjuicio de que también es evaluable el funcionamiento general de los establecimientos educacionales, según nos lo hace presente la legislación educacional vigente y según lo aconseja el sentido común, aunque sea el menos común de los sentidos. 

Ahora bien, tratándose de la evaluación docente en sentido estricto, bueno es señalar que para que ésta sea un aporte, debe ser integral, holística (y en cada caso, auto, hétero y co aplicada), sobreviniente de un sistema generado, instalado y validado macro, meso y microsistémicamente; es decir, un proceso que vaya en pos de constatar no sólo la calidad de la gestión docente áulica, sino que además la gestión directiva y técnico pedagógica en cada centro de enseñanza, lo que, como es de conocimiento ciudadano, jamás ha ocurrido hasta ahora en el plano local al menos. En otros términos, un proceso con orientación sistémica, de modo que se verifique si existe o no la relación y reacción homeostática pro calidad que necesariamente debería darse entre cada uno de los subsistemas y microsistemas del sistema escuela (en sentido genérico), de tal modo que los procesos retroalimentatorios y los equilibrios internos efectivamente fluyan en beneficio de la población discente de que cada centro educativo se ha hecho cargo por mandato social.

El tema de fondo, para que hablemos en serio – y muy en serio, la verdad – es que así como los docentes de aula deben dar cuenta de su quehacer pedagógico desde el marco para la buena enseñanza ante sus directores y jefes técnicos y la eventual comparecencia de un profesor par por extrapolación de la ley de evaluación del desempeño profesional docente, los equipos directivos y técnico pedagógicos deberían hacerlo desde el marco para la buena dirección y sus convenios de desempeño ante muestras representativas de profesores, asistentes de la educación, estudiantes y apoderados; esto, a propósito de una propuesta que sin complejos ni titubeos  presentara la AFDEM Los Angeles a la autoridad educacional como consecuencia de su participación en la elaboración del Plan Anual de Desarrollo Educativo Municipal (PADEM). El problema de fondo estriba en que, como los equipos directivos y técnico pedagógicos no han sabido de otra evaluación que aquella de carácter punitivo a la que han sometido unilateral, sesgada y arbitrariamente a los docentes de aula, resulta cuando menos curioso que – sin haber puesto a prueba sus propias competencias profesionales, atendidos los roles específicos que les han sido confiados – no se repare ni en el lesivo desbalance intersistémico que tal hecho supone, ni en el daño a la calidad de la educación y a las expectativas de los educandos y sus familias que tal hecho conlleva, siendo deber de la autoridad corregir tan graves yerros.

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