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Opinión

Profesión: dueña de casa

Alejandro Mege Valdebenito


 Por La Tribuna

30-07-2018_19-54-141__alejandromege

 Si  bien es cierto, que la reivindicación del ser mujer es un tema que sensibiliza para bien a nuestra sociedad, el diploma de competencia que debe adornar todo hogar debe ser aquel que certifique de parte de la familia y la sociedad la noble condición de ser “Dueña de casa”.

 

Para la mujer ser dueña y señora de  la casa , cualquiera sea la condición social de la familia, constituye una actividad desempeñada desde siempre y desde siempre cumpliendo un importante rol, considerado como  inherente a la condición de mujer, que no sólo es preparar la comida y limpiar la casa, honorables todas, es el principal sostén y fortaleza del grupo familiar, manteniendo la unión y convivencia  de sus miembros, siendo una actividad fundamental  en el proceso  de socialización de los hijos, de conducirlos y orientarlos, en una labor permanente, sin días feriados ni festivos; sin vacaciones  ni horarios que pongan pausa a su trabajo por la multiplicidad de las tareas  que la sociedad le ha asignado, de esposa y de madre; educadora, sin ser docente; enfermera, psicóloga, trabajadora  social y consejera  sin haber estudiado para serlo; economista por la necesidad de equilibrar el presupuesto familiar y atender de la mejor manera las necesidades de la familia; apoderada de sus hijos en la escuela o el liceo; apoyo de su esposo o su pareja en los momentos aciagos y quien consuela a sus hijos y seca sus lágrimas cuando la pena o el dolor les aflige y que los levanta y les enseña a levantarse cada vez que se caen, que los protege  y les perdona  algunas de sus faltas porque nunca, por el amor que les profesa, pierde la convicción de  que serán mejores.

Ser dueña de casa demanda dedicación y esfuerzo, muchas veces sacrificando sus propias y legítimas aspiraciones, sin esperar otra recompensa que no sea el éxito y la felicidad de los suyos. Dueña de casa que sólo suele recibir un reconocimiento cuando en medio o al final de la fiesta un comensal satisfecho pide a los asistentes un brindis por la dueña de casa, la que agradece con una sonrisa o un “gracias” para luego seguir con su tarea de ordenar la casa cuando los invitados vuelven a la suya.

Mujer dueña de casa que, sin títulos o con ellos, cumple una función importante en la sociedad y que,  como muchas mujeres, es capaz de renunciar a un empleo privado  o público, no por sentirse incapacitada para desempeñarlo, sino por privilegiar una función que considera fundamental e indeclinable de madre y esposa, de dueña de casa, y aunque algunas logran conciliar ambas tareas o trabajando profesionalmente sin abandonar su hogar, otras, aun con la ayuda de otras mujeres, que necesitan trabajar para sostener sus propias familias, nunca abandonan su condición de  dueñas de casa.

Referirse a la condición de  dueña de casa de una mujer no  constituye de modo alguno un menoscabo, ni mucho menos una ofensa, todo lo contrario, es un reconocimiento y, si  bien es cierto que la reivindicación del ser mujer es un tema que sensibiliza para bien a nuestra sociedad, el diploma de competencia que debe adornar todo hogar debe ser aquel que certifique de parte de la familia y la sociedad la noble condición de ser “Dueña de casa”. Así, toda mujer que posea los atributos, merece todo el respeto y la consideración posible.

Alejandro Mege Valdebenito

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