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La Tribuna
Columnista

La sociedad inestable

Leslia Jorquera

Alejandro Mege Valdebenito.

por Leslia Jorquera

“Vivimos en una sociedad líquida, amorfa y transitoria, inestable, sin raíces que afinque los valores y los sanos ejemplos”.

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, fallecido en enero de 2017, imprimió el concepto de “modernidad líquida”, sociedad líquida o amor líquido, en remplazo de las realidades sólidas que caracterizaba las formas de vida de nuestros antepasados, más estables y permanentes, proyectadas a largo plazo, como  el trabajo para toda la vida y el matrimonio para siempre, que han sido reemplazadas por un nomadismo laboral y por la vida en pareja sin compromiso legal, efímero y con horizontes inciertos donde ni los hijos, si los hay, dan estabilidad a la familia, que cualquiera de los dos “socios” puede abandonar. Las certezas  han sido reemplazadas por  realidades más difusas, veloces e inseguras. La familia pierde cohesión, se desintegra con mayor rapidez y nadie está seguro de lo que ocurrirá mañana. La vida en sociedad flota sin tener claro su destino y sin anclas que le den estabilidad, siendo el cambio y la transitoriedad  lo único real. Se pierden las convicciones y se produce un desapego de los valores éticos y las conductas morales. La desconfianza en el otro, aún en situaciones menores, incluso familiares, obligó a que la firma del notario reemplazara la palabra y el apretón de mano que antes sellaba un compromiso que no se rompía. La modernidad líquida hace que los valores de sana convivencia, de honorabilidad y de honradez, el respeto por los compromisos contraídos se vuelvan agua, se diluyan, se escurran por el desagüe  o se acomoden a la forma del envase que convenga y la pugna por el poder político y la obtención del dinero con malas prácticas lleva a que se invada y se desborde sin miramiento la legalidad y la ética, en la seguridad que las sanciones, si llegaran a ocurrir, serán siempre menores que las ganancias obtenidas de forma ilícita y desvergonzada y, en cuanto a la ética, las transgresiones  a ella se han hecho tan comunes y transversales que se han constituido en un modelo para obtener dinero fácil y una fama que, aunque agreda  los principio fundamentales de una sociedad que busca su identidad y cierta estabilidad para construir futuros,  no pocos buscan imitar.

Vivimos en una sociedad líquida, amorfa y transitoria, inestable, sin raíces que afinque los valores y los sanos ejemplos que dan seguridad y tranquilidad de que lo conseguido durante toda una vida no se perderá por la voracidad de quienes se ganan la vida ofreciendo futuros de mentira y engañando a sus semejantes sin importar el dolor y la miseria que provocan y lo ejemplos se multiplican y aparecen cada día donde menos y por quienes menos se espera y que nadan sin miedo a ahogarse en el ambiente líquido de una sociedad que ofrece todas las oportunidades para ser vulnerada.

Corresponde a las personas honestas devolver a la sociedad  los valores que la hacen más digna, estable y menos incierta.

 Alejandro Mege Valdebenito.

 

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