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Opinión

El Sename, la familia y los municipios

Mario Ríos Santander


 Por La Tribuna

03-01-2017_21-39-56MARIORIOS

 Ya hemos visto que un organismo nacional, administrando niños abandonados ha fracasado y peor aún, han sido testigo de cientos de niños muertos que recién hemos conocido.

 

En el recordado debate sobre descentralización ocurrido en 1991, hubo que recurrir a todas las formas en que la sociedad de manifiesta. De partida, la más estable, sería la familia y en ella, se concentrarían buena parte de los principios y valores que priman en una sociedad de paz. Sin embargo, está, la familia, no sólo tenía en su formación lazos de sangre, padres, hijos, abuelos, todos ellos emparentados por la sangre, sino que también por la tierra. Aún más, llegamos a sostener que la persona tenía en realidad tres apellidos, dos de sangre, padre y madre y uno de tierra, lugar en que nació, vive o trabaja. De esta última familia, la de tierra, estaban los “parientes” chillanejos, curicanos, penquistas, angelinos, talquino, etcétera es decir, los que viven en un mismo lugar, tienen de común, la misma geografía, la misma historia el mismo gentilicio y en su manifestación externa, a veces el mismo himno, el mismo club deportivo y en sus encuentros, se tratarían de, “nosotros los angelinos”, por ejemplo. Esta “familia de tierra”, contaría con una autoridad común, el Concejo comunal y en él, la primera autoridad municipal, el alcalde, que año a año, en su cuenta pública, daría cuenta del “estado familiar”, de su comuna.

De lo anterior se desprende mi afán por interesar a los alcaldes y concejales por la suerte de, “sus familiares encerrados en el Sename”. Cuando supimos que cientos de niños habían muerto al interior del Sename en extrañas circunstancias, animé a los alcaldes a que averiguaran por los niños de sus comunas. Hubo concejales que reaccionaron y pidieron información, sin embargo les fue muy mal, nadie hizo nada por informarse. La familia de tierra, no funcionó y eso es gravísimo.

Pero, lo anterior tenía también otro objetivo. Se trataba del futuro de los niños internos en el Sename. De la institución, ya no había que preocuparse porque claramente, debía desaparecer, pero, ¿para crear otra igual?, por cierto que no. ¿Qué hacer entonces? Y ahí surgió el municipio. ¿Hay otro estamento del Estado más adecuado que el municipio para sumir el cuidado de hijos de su propia tierra que requieren orientación, cuidados especiales y mas que eso, cariño y afecto por sus propias vidas? Ya hemos visto que un organismo nacional, administrando niños abandonados ha fracasado y peor aun, han sido testigo de cientos de niños muertos que recién hemos conocido. Tal tragedia, no asumida por la sociedad, que mas bien ha visto asuntos políticos partidarios en este gravísimo estado, que afectará penalmente a muchos de sus funcionarios, debe ser asumida por la municipalidad, recogiendo a sus niños, que estuvieron en sus colegios, vivieron en sus barrios, que conocen su vida familiar, amigos, iglesia a la cual concurrieron, en fin mucho más que un funcionario del Sename que, tal como lo hemos leído en la prensa, ha tenido a su cargo sólo un número de ingreso y no un ser humano, pequeño con alma y corazón. 

Es hora que la familia de tierra haga su presentación oficial en nuestra institucionalidad y en el alma de los concejos comunales. Nosotros, “los angelinos” debemos velar por los nuestros, nuestros niños menores, nuestros abandonados, hijos de padres irresponsables que prefirieron el conflicto absoluto frente al juez, que los dispuso al hijo(a), lejos de ellos para caer en algo peor. En verdad, tengo una enorme desilusión al observar que se debate, malamente, el futuro del Sename y nuestros municipios, administradores de nuestras familias de tierra, guardan silencio.

Mario Ríos Santander

 

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