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Opinión

Fondo de Apoyo a la Educación Pública

Esperamos que si no en éste, en los siguientes años los DAEM avancen cubriendo aquellas carencias específicas que, en algunos casos, han esperado por años.


 Por La Tribuna

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Mónica Colin Aravena

Jefa Provincial de Educación Biobío

Antes de asumir el desafío de representar y conducir las políticas educativas del Ministerio de Educación en nuestra provincia, y mientras fui docente como también directora de un liceo público, lamenté muchas veces que nuestra educación careciera de recursos para desarrollar el aprendizaje de mis estudiantes; a veces faltaban recursos para mantener la infraestructura y equipamiento necesarios para proveer espacios dignos, eso para que nuestros estudiantes, docentes y asistentes de la educación necesitan para sentirse acogidos y desarrollar su trabajo con motivación.

Estando como jefa provincial de Educación y mientras recorría muchos establecimientos públicos, seguí oyendo la voz de los directores, docentes y de los propios padres, quienes me decían cosas como: si bien se han realizado esfuerzos para mejorar la escuela, aún falta por hacer; nuestra escuela se gotea; no se ha pintado en años; no se ha renovado el equipamiento; se necesitan reparaciones. En fin, entre muchas carencias más que me hacían saber. A su vez, los jefes comunales de educación lamentaban la escasez de recursos y se empeñaban en demostrar que, con los dineros de la subvención escolar y los aportes del Ministerio de Educación, no les alcanzaba para sostener un servicio educativo de calidad.

Afortunadamente ese clamor ya era parte del diagnóstico que las autoridades del Ministerio de Educación habían hecho respecto de la educación pública. Pues después de algunos intentos por fortalecerla con recursos adicionales, hemos desembocado en el Fondo de Apoyo a la Educación Pública, “FAEP”. Este se ha creado expresamente para fortalecer la Educación Pública, entendida como la que administran las municipalidades a través de sus departamentos de educación, para apoyar y contribuir precisamente en aquellos aspectos que las comunidades escolares con sus sostenedores evidencien como deficitarios.

La primera buena noticia es que para nuestra provincia de Biobío se han destinado más de $8 mil millones. Esta cifra se distribuirá proporcionalmente entre las comunas, considerando, entre otros factores, su matrícula y su equilibrio financiero. Así, la comuna más grande de la provincia, Los Ángeles, recibirá más de $2.300 millones; una comuna mediana, como Mulchén, recibirá $740 millones; y una comuna pequeña, como Antuco, $255 millones.

Dijimos que este fondo se creó para colaborar en el funcionamiento del servicio educacional que entregan las municipalidades, para ser utilizados exclusivamente en el financiamiento de aquellas acciones propias de la entrega de dicho servicio y su mejoramiento. De esta manera, los departamentos comunales de educación ya han presentado sus propuestas de inversiones y gastos asociadas a las dimensiones que este fondo permite: administración y normalización de los establecimientos; inversión de recursos pedagógicos y apoyo a los estudiantes; mantención, mejoramiento y regularización de inmuebles e infraestructura.

Ya en su segundo año de funcionamiento, hemos visto con alegría cuánto han mejorado nuestras escuelas públicas. Y aquí divulgamos la segunda buena noticia, este fondo, de acuerdo a la recientemente promulgada ley de Inclusión Escolar, nos acompañará hasta el año 2019; de manera que esperamos que si no en éste, en los siguientes años los DAEM avancen cubriendo aquellas carencias específicas que, en algunos casos, han esperado por años.

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