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Opinión

Empatía y cariño para iniciar un buen año escolar

Paula Medina Lema Psicóloga y coordinadora clínica de Psicología CSUSS Universidad San Sebastián


 Por La Tribuna

25-02-2016_18-14-47PaulaMedinaUSS-copia

También es positivo dejarlos por momentos al cuidado de otros para que vayan conociendo progresivamente a personas y los lugares nuevos o, si va a ir a un jardín o colegio nuevo, visítenlo juntos antes de ingresar.

 

Marzo es sinónimo de fin de vacaciones y vuelta a la rutina. En los niños se pueden dar dos fenómenos, algunos volverán sin ansiedad y felices por el reencuentro con los amigos y profesores mientras que para otros será una época vivida con estrés y ansiedad, especialmente por el alejamiento de las figuras de apego.

También se podría observar, aunque en un grupo menor, ansiedad de separación que se manifestará en quejas somáticas (dolor de cabeza o de guatita), llanto previo al ingreso al colegio.

Que esta época sea vivida con mayor o menor ansiedad depende de ciertos factores. A mayor autonomía, autoestima, seguridad en sus habilidades, capacidad de adaptación, menores deberían ser los niveles de ansiedad con que el niño enfrente el desafío del nuevo año escolar.

Tener estilos de crianza consistentes y predecibles, en que se dé una crianza basada en el respeto por el otro, favorecerá el desarrollo de estas características y una base segura en nuestros niños. Eso los protegerá de la ansiedad a enfrentar situaciones nuevas en el curso de su desarrollo y de otros problemas de salud mental.

Por el contrario, estilos sobreprotectores, negligentes o autoritarios, poco consistentes y poco predecibles, facilitarán el desarrollo de niños temerosos, desconfiados y poco empáticos, que tendrán relaciones sociales poco sanas.

Algunas sugerencias al regresar a clases son: retomar hábitos y rutinas, invitar a compañeros días antes del regreso a clases, implicarlos en las compras de uniformes, conversar acerca del colegio, sus desafíos para el año, y hablar sobre sus profesores para facilitar que los vean como figuras de confianza y sustitutivas de apego.

Especialmente con niños ansiosos se podría sugerir: mantener una actitud comprensiva y empática frente a lo que les pasa (hablarles de lo que les preocupa y de lo que sienten), disminuirles la ansiedad transmitiéndoles tranquilidad y siendo un ejemplo: por un lado actuar como modelo de afrontamiento y, por otro lado,  cumplir promesas que se les hagan. También es positivo dejarlos por momentos al cuidado de otros para que vayan conociendo progresivamente a personas y los lugares nuevos o, si va a ir a un jardín o colegio nuevo, visítenlo juntos antes de ingresar. Además, y no menos importante, se sugiere que haya una actitud colaborativa entre los padres, evitar las desautorizaciones entre ellos y evitar que falte a clases ya que con ello sólo se mantiene el problema sin resolverlo.

Paula Medina Lema                                                 

Psicóloga y coordinadora clínica de Psicología CSUSS                                                                                 

Universidad San Sebastián

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