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Opinión

Rafael Reyes Torres

Los mástiles de la Municipalidad, amanecieron sin bandera alguna. En realidad, no hay historia. Los encargados, todos extranjeros de estas tierras, tampoco les interesa nuestra historia y quienes sí la conocen y trabajan al interior de la Corporación, entre ellos, concejales, tampoco.


 Por La Tribuna

MARIORIOS

Rafael Reyes Torres

** Los mástiles de la Municipalidad, amanecieron sin bandera alguna. En realidad, no hay historia. Los encargados, todos extranjeros de estas tierras, tampoco les interesa nuestra historia y quienes sí la conocen y trabajan al interior de la Corporación, entre ellos, concejales, tampoco.

 

Alguien dijo “La historia es lo que constituye la moral de una sociedad, de un pueblo, de una Nación”.

El sábado reciente, falleció un ex regidor de Los Ángeles, don Rafael Reyes Torres. Elegido en dicho cargo en 1971, difícil periodo político para el país. En esa ocasión también era elegido Ítalo Zunino, el Dr. Iván Olguín, Anselmo Quezada, Zenobio Salamanca, entre otros. Dos años después asumiría la alcaldía, don Ítalo Zunino, recientemente fallecido.

Los mástiles de la municipalidad, amanecieron sin bandera alguna. En realidad, no hay historia. Los encargados, todos extranjeros de estas tierras, tampoco les interesa nuestra historia y quienes sí la conocen y trabajan al interior de la Corporación, entre ellos, concejales, tampoco.

Rafael Reyes Torres fue un hombre definitivamente muy singular. Casi para el libro de Guiness. En efecto, al fallecer tenía 2670 ahijados de las más diversas situaciones: de matrimonio, bautizo, confirmación. Una vez le preguntamos como había logrado tantos “compadres”, él respondió que “parece que tengo buena mano con los ahijados. Hay familias, sobre todo del sector de Quiebra Frenos”, que me han dado todos sus hijos de ahijados. Me dicen que les va bien, que salen buenos chiquillos…”. Tan singular respuesta, envuelta en la paz de su conversación, nos dejaba atónitos. Más adelante, algo más animoso, señalaba muy ufano, que “tanto ahijado, tantos compadres, creo que deben ser unos 1800 a lo menos, hacen que cada fin de semana tenga un asado por algún lado….Fíjese que en la semana hacen fila en la casa invitándome a un matrimonio, cumpleaños, lo que sea”. Y era así, don Rafael de una vitalidad enorme, bailaba horas seguidas, alegre, contento, levantando el ánimo de los invitados.

Sin embargo, no era tan sólo compadres y ahijados. En él hubo un trabajo social admirable. Pudo conocer en lo más íntimo la vida administrativa de decenas de servicios públicos. No tenía muy buen genio, por tanto cuando descubría que algún funcionario le mentía, cosa algo usual en las respuestas públicas, las emprendía con una fuerza admirable defendiendo a quien estaba tras esas gestiones sociales. Eso le valió un prestigio enorme. Por ello, que aquel mes de abril de 1971, en la elección de Regidores, conociendo ya los resultados finales de aquel acto electoral, nos trasladamos a la casa de don Rafael para invitarlo a recibir los aplausos correspondientes. El mismo abrió la puerta de su casa, “venimos a comentarle don Rafael que Ud. ha sido elegido regidor de Los Ángeles”. Nos miró a cada uno y nos respondió, “eso lo sabía desde el mismo día que me inscribí en esta candidatura”. Tal salida, algo pretensiosa nos hizo reír. Nos fuimos a la sede del Partido Nacional y ahí lo esperaban ciento de personas. Don Rafael ingresó como si fuera el César en Roma, después de cien batallas, elevó su voz y dijo “¡Dejen pasar al auténtico regidor de la clase media chilena!”, frase que encendió el ánimo y lo vítores crecieron y se extendieron hasta muy tarde.

Es nuestra historia, nuestra gente, nuestros anhelos, nuestras sonrisas y nuestras preocupaciones. Para eso están los símbolos que nos representan, para esos mástiles que los elevan, palabras para expresar las personalidades que marchan. Don  Rafael Reyes Torres, regidor de Los Ángeles, descanse en paz.

Mario Ríos Santander

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