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Opinión

Ludopatía

Roberto Poblete Diputado de la República


 Por La Tribuna

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La modernización en ciernes que nuestro país ha asumido como tarea ha dejado numerosos beneficios en lo económico, en lo social y en cuanto a los cambios que se han producido en el país, el que mira con mucha esperanza el devenir del siglo XXI. Estos cambios han originado una transformación profunda en el seno social durante los últimos 25 años, transfigurándose el trabajo, la empresa, el sector público, los medios de comunicación y la política.

Todo ellos, han redundado en un paulatino, pero seguro cambio de vida en las personas que viven en conglomerados urbanos importantes, tales como Santiago, Valparaíso o Concepción y hoy también nuestra ciudad de Los Ángeles; las que sometidas a impactos importantes de la vida diaria en ciudades con altos niveles de contaminación, stress, contaminación acústica, y muchos otros factores que inciden en la salud mental de la población, y en su bienestar humano y espiritual.

Ese ciudadano hoy busca formas de diversión también distintas. Un sinnúmero de actividades que antes eran pertenecientes a una élite pequeña y estaban disponibles para un sector muy menor de las personas, hoy están al alcance. Hablo de practicar deportes de riesgos y de altos costos. Hablo de viajar a destinos impensados o, por ejemplo, de comprar entradas a recitales de grupos extranjeros que cuestan casi lo que un ingreso mínimo. 

Así, vemos cómo una creciente forma de bienestar ha asumido como normal que el dinero es una medida de la entretención, y quizá hoy, es “LA” medida que la entretención tiene. Y sin duda, concebir como una parte del consumo a la entretención puede ser plausible, pero algo ocurre cuando decimos que esta entretención se hace en los casinos, algo en nosotros se despierta, algo en nosotros, intenta defenderse de aquel mundo del juego.

Asociamos el juego a la disipación, al derroche, al relajo de las costumbres y a un mal uso de los recursos, el trae no solo daños para quien juega, sino que trae consecuencias peligrosas para terceros, y a veces, muy graves.

La manía y la recurrencia en el juego se denomina técnicamente ludopatía, la cual es definida como “un trastorno caracterizado por un pobre control de impulsos que se manifiesta por recurrentes y mal adaptativas conductas de juego”. La Organización Mundial de la Salud (OMS) en su clasificación Internacional de Enfermedades, en el año 1992 la ha incluido como tal.

Pero, ¿quién es un ludópata? ¿Cómo puede calificarse de tal a alguien que mes a mes destina una proporción de sus ingresos a jugarlos en el casino? ¿Se mide la ludopatía por una frecuencia en la asistencia a jugar, en los montos que se juegan objetivamente considerados, o simplemente en la proporción que tienen estos montos en los ingresos totales mensuales del jugador?

Esta pregunta admite sin duda, más de una respuesta. Lo que sí podemos saber a ciencia cierta, es que la ludopatía es una pérdida del control de impulso que consiste en no poder dejar libremente de apostar en un juego en el que se participa o en abstenerse de hacerlo. Y es también una pérdida de control generalizada en la cual no sólo se juegan los ingresos propios sino también los ajenos, se recurre al crédito y al endeudamiento, y así sucesivamente, en una espiral peligrosa.

La ludopatía es una enfermedad de fases, de etapas, sin embargo, en todas está el germen de la destrucción del patrimonio personal y familiar, y ciertamente la descomposición de los vínculos y del cuidado que se tiene de las personas que dependen de un ludópata, como pueden ser sus hijos por ejemplo.

Hoy la Cámara de Diputados discute un proyecto de Ley que ordena que la Superintendencia de Casinos de Juego cree y administre un Registro de Prohibición de Ingreso a Casinos, en el cual estarán individualizadas las personas que voluntariamente se inscriban en él y quienes hayan sido declarados en interdicción por disipación.

Pensamos que un adicto al juego no es difícil que vaya motu proprio a declarar que sufre de tal patología, sobre todo, si es un ludópata que está en una etapa avanzada de su enfermedad.

Este proyecto también dispone la instauración de un registro electrónico en línea con un sistema previo de verificación de identidad. Son aspectos positivos pensamos. Pero por otro lado, el interdicto por disipación, no dispone de bienes ni de cuentas bancarias que él administre, por lo cual es muy difícil que pueda jugar, pudiendo sólo hacerlo con dinero ajeno. Por lo demás, un interdicto no lo es sólo respecto del juego, sino que es incapaz para todos los actos jurídicos, pues es jurídicamente un incapaz relativo, y sus actos sólo tienen valor cuando los realiza, o autorizado o representado debidamente.

Hasta ahí, este proyecto parece estar bien intencionado, pero no logrado de forma tal que impida con eficacia el acceso al juego a los ludópatas declarados. Sin embargo su idea matriz es elogiable y debe seguirse mejorando.

Creo eso sí, que va en la dirección correcta en el sentido de que “cualquier persona podrá solicitar a la Superintendencia de Casinos de Juego la incorporación en el Registro de aquellos sujetos declarados judicialmente en interdicción, provisoria o definitiva, con anterioridad a la entrada en vigencia de esta ley, exhibiendo al efecto las resoluciones respectivas” (art 1 del proyecto).

Pensamos que esto puede incluir además a los ludópatas que aún no son declarados interdictos por disipación judicialmente y que tengan por ejemplo, el diagnóstico de dos médicos siquiatras especialistas, para así poder atajar a quien, a la espera de un proceso de interdicción, sigue disipando su patrimonio en perjuicio de sus familiares y suyo.

Votaré favorablemente este proyecto que es una muy buena iniciativa y felicito a sus autores, sin perjuicio de señalar que el proyecto necesita modificaciones que lo perfeccionen y mejoren.

 

Roberto Poblete Zapata

Diputado de la República.

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