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“No quedamos más de tres”: el oficio que mantiene viva la tradición huasa en Los Ángeles

Benito Villagrán lleva cuatro décadas reparando sombreros, monturas, pellones y otros implementos campesinos en La Vega de Los Ángeles, un oficio que aprendió observando a su padre.

Benito Villagrán, La Tribuna
Benito Villagrán / FUENTE: La Tribuna

Entre hormas de madera, herramientas, planchas y antiguas piezas de montura, Benito Villagrán Manríquez desarrolla desde hace cuatro décadas un oficio ligado a las tradiciones campesinas y al mundo huaso, en pleno centro de Los Ángeles.

Su lugar de trabajo está en La Vega de Los Ángeles, hasta donde llegó cuando apenas era un veinteañero, buscando una forma de surgir y ganarse la vida. Con el paso de los años, se hizo conocido entre quienes frecuentan este tradicional espacio por reparar sombreros, monturas, pellones y otros implementos utilizados en las actividades del campo.

El oficio lo aprendió principalmente observando a su padre, también artesano y dueño de múltiples habilidades. Sin una enseñanza formal, Benito fue incorporando conocimientos que con el tiempo perfeccionó hasta convertirlos en su principal forma de trabajo y sustento.

"QUERÍA ALGO QUE NO HICIERAN LOS DEMÁS"

El camino no comenzó de la noche a la mañana. Benito recuerda que aprendió de la confección y reparación de accesorios de cuero mirando a su padre, esto lo llevó a usar estos conocimientos como una forma de ganarse la vida y hacer trabajos distintos a los que realizaban otras personas.

"Yo creo que llevo más de 40 años en esto. Aprendí mirando y por la necesidad de poder trabajar y salvarme solo, pero sobre todo, quería buscar hacer algo que no hicieran los demás", relata sobre sus primeros años en la artesanía.

Su padre también tuvo una importante influencia. Era un hombre de múltiples oficios y trabajaba en distintas áreas, desde la construcción hasta la fabricación de riendas y monturas. Sin embargo, Benito asegura que nunca recibió una enseñanza formal.

"Mi papá era artesano. Mi papá no ignoraba ningún trabajo, hacía casas, riendas, monturas. Aprendí cosas de él, pero de pasadita, le mirábamos", recuerda.

UN OFICIO QUE SE APRENDE CON LOS AÑOS

Hoy, gran parte de su trabajo consiste en crear accesorios de vestir a base de cuero y costuras y reparar piezas que llegan deterioradas por el uso. Sombreros, monturas y pellones pasan por sus manos para recuperar su forma y prolongar su vida útil.

En su taller conserva distintas herramientas que ha fabricado él mismo, entre ellas hormas utilizadas para trabajar y recuperar la forma de las copas de los sombreros.

"Varios de los instrumentos que ocupo para trabajar los he fabricado yo mismo", cuenta mientras muestra parte de los implementos que utiliza a diario.

El artesano también reconoce que el oficio requiere tiempo, práctica y paciencia. No es algo que, asegura, cualquiera pueda aprender de un día para otro.

"Esto es difícil, por eso cualquiera no sigue estas tradiciones. Uno se especializa con el tiempo", afirma.

Con el paso de los años, además, las herramientas y las formas de trabajo han cambiado. Benito recuerda que antiguamente muchas de estas labores se realizaban con implementos mucho más rudimentarios.

"Ahora mismo es más fácil aprender, sobre todo por la juventud, porque se meten a YouTube y hay más herramientas", comenta.

UN RUBRO QUE DESAPARECE

Aunque su rubro sigue teniendo clientes, Benito reconoce que son pocos quienes se dedican a este tipo de trabajos en Los Ángeles.

Según su estimación, actualmente no quedarían más de tres personas en la ciudad que realicen labores similares, una situación que refleja la dificultad de mantener vigentes oficios ligados a las tradiciones campesinas.

"Yo creo que no quedamos más de tres personas aquí en Los Ángeles que hagan estas cosas", sostiene.

Aun así, hay épocas del año en que el trabajo aumenta considerablemente. Septiembre, marcado por las celebraciones de Fiestas Patrias, las cabalgatas y las actividades ligadas al mundo ecuestre, es uno de los meses más importantes para quienes trabajan en este rubro.

"Septiembre es bueno, es el mes más potente", asegura.

El aumento de actividades vinculadas a los caballos y las tradiciones huasas también ha permitido, a su juicio, que algunas costumbres que parecían ir desapareciendo vuelvan a despertar el interés de nuevas generaciones.

"Es bueno para la juventud, para que se entretengan y para que no se pierda la tradición. Es bonito", señala.

Oriundo del sector rural Los Troncos, de Los Ángeles, Benito ha pasado por distintos trabajos a lo largo de su vida, antes de dedicarse de lleno a la artesanía, también trabajó en construcciones, en faenas forestales y en otras labores. Sin embargo, asegura que fue este oficio el que finalmente se convirtió en una parte importante de su vida.

Entre sombreros, piezas de cuero hechas a mano, monturas que vuelven a la vida después de años de uso y pellones que son reparados pieza por pieza, su trabajo sigue siendo una muestra de aquellos oficios que sobreviven gracias a la experiencia y al conocimiento adquirido con los años.

Para Benito, mantener esta tradición no solo significa conservar una forma de trabajo, sino también una parte de la identidad campesina que todavía está presente en la zona.

"Es bueno seguir con las tradiciones, para que la juventud se entretenga y no se pierdan", concluye.




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