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De Huépil al mundo de los negocios: el camino de Felipe Ñancupil

Hoy, con cerca de un millón de seguidores en Instagram, asegura que el verdadero valor de su trabajo está en generar oportunidades para otros.

Felipe Ñancupil, Cedida
Felipe Ñancupil / FUENTE: Cedida

Nació y creció en Huépil, en la comuna de Tucapel, en una época en que la localidad era muy distinta a la de hoy. La infancia de Felipe Ñancupil transcurrió en una casa con patio de tierra, baño de pozo y sin alcantarillado. Pero esas condiciones nunca definieron su forma de verse a sí mismo ni limitaron sus aspiraciones.

"Mi vida en Huépil fue un poco carente de cosas en esa época; yo no sabía que no tenía, porque nadie tenía. Hoy lo veo desde Santiago y entiendo que era distinto, pero cuando era niño para mí era normal".

Felipe Ñancupil.

Felipe vivió junto a sus padres, hermanos y su abuela. Como hijo mayor, desde pequeño asumió responsabilidades poco habituales para su edad. Ayudaba en el negocio familiar, atendía clientes y acompañaba a su padre en distintos trabajos.

"Aprendí muy chico a atender el negocio. También me mandaban al banco a hacer depósitos importantes porque confiaban en mí", comenta.

Desde niño también descubrió su interés por emprender. Compraba y vendía láminas, cartas coleccionables, dulces y, más adelante, teléfonos celulares. Con apenas 15 años ya había reunido cerca de un millón de pesos gracias a pequeños negocios que realizaba en el colegio.

"Siempre fui el que vendía cosas en el curso. Para mí era un juego entender cómo funcionaba la plata, pero también veía a mis papás siempre complicados económicamente y eso me marcó mucho", afirma.

UN OBJETIVO CLARO

Estudió en la Escuela Luis Martínez González y luego en el Colegio Padre Hurtado de Los Ángeles, donde egresó como el mejor alumno de su generación.

A los 14 años tomó una decisión que marcaría su futuro: estudiar Ingeniería Civil Industrial en la Universidad de Chile.

Sin recursos para costear un preuniversitario, pidió una reunión con Rodrigo Arias, entonces director de uno de estos centros de preparación. Tras conocer su historia, obtuvo una beca completa.

"Ese fue el punto de inflexión de mi vida. Si no hubiera recibido esa beca, probablemente no habría llegado a la Universidad de Chile", reconoce.

Ya en Santiago debió adaptarse a un entorno completamente distinto. "Al principio estaba en desventaja. No podía hacer otra cosa que estudiar para ponerme al nivel de mis compañeros", recuerda.

La constancia dio resultados. Terminó la carrera al día, se especializó en emprendimiento y, con solo 25 años, llegó a dirigir la Incubadora de Negocios de la Universidad de Chile.

En 2019 decidió invertir en la panadería de sus padres, que atravesaba dificultades económicas. Juntos la transformaron en una pastelería con una nueva estrategia comercial.

La pandemia amenazó con detener el proyecto, pero también abrió una oportunidad inesperada. Felipe convenció a su madre de aparecer en videos para redes sociales; uno de ellos se hizo viral y cambió el rumbo del negocio.

"La gente empezó a pedirnos que llegáramos a Santiago. Ahí hicimos un cambio de marca y mi mamá pasó a ser la imagen de la empresa", explica.

Con el tiempo también impulsó un centro de salud dental, una agencia de marketing especializada en contenido digital y una empresa dedicada a asesorar a emprendedores tradicionales, compartiendo la experiencia que había adquirido trabajando con cientos de proyectos innovadores.

Actualmente organiza eventos de networking para conectar emprendedores de distintas regiones del país.

REDES SOCIALES CON PROPÓSITO

Hoy Felipe reúne cerca de un millón de seguidores en Instagram. Sin embargo, asegura que el verdadero valor de esa comunidad no está en los números, sino en la capacidad de generar cambios reales.

"Yo siento que esto es como una bendición. Si quiero apoyar a alguien, hay miles de personas que confían en mí y se suman a ayudar. Por eso tengo que ser muy cuidadoso y respetuoso con esa confianza".

Felipe Ñancupil

Con el tiempo, sus contenidos evolucionaron. Lo que comenzó como videos para promocionar emprendimientos derivó, también, en campañas solidarias para familias que enfrentan enfermedades, tratamientos médicos o situaciones económicas extremas.

"Cuando una mamá te escribe porque necesita un millón de pesos para operar a su hijo, es imposible quedarse indiferente. Ahí mi contenido empezó a tomar también un sentido social", comenta.

Aunque hoy lidera varias empresas y se ha transformado en una figura reconocida en redes sociales, Felipe insiste en que su historia no responde únicamente al esfuerzo individual.

Reconoce el papel de quienes le tendieron una mano y también la importancia del contexto.

"Siempre hay una cuota de suerte. Yo fui a pedir esa beca, pero si ese director no me hubiera recibido ese día, probablemente mi historia habría sido distinta", reflexiona.

Por eso, cuando habla con jóvenes que sueñan con cambiar su realidad, evita vender fórmulas mágicas. Su consejo es simple: fijarse metas posibles y avanzar con constancia.

"Define una meta realista y después olvídate de la meta. Concéntrate en recorrer el camino todos los días; yo todavía no conozco a alguien que haya trabajado durante diez, veinte o treinta años por un objetivo realista y no haya conseguido nada. Lo importante es avanzar un poco cada día, porque ahí es donde realmente ocurren los grandes cambios", concluye.




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