miércoles 26 de febrero, 2020

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Mario Valenzuela: el principal impulsor del teatro en Los Ángeles nos cuenta su historia de vida

El destacado director y actor participó activamente en el año 1967 trabajando en los primeros montajes realizados en la provincia de Biobío.


 Por Juan Villalobos

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Por miles de años, remontándonos hasta la antigua Grecia, el teatro ha construido un lugar en la base de diversas sociedades como un elemento fundamental de las artes escénicas. Su desarrollo está vinculado con la combinación de diversos elementos, como la gestualidad, el discurso, la música, los sonidos y la escenografía.

En Los Ángeles, a mediados del año 1967, el teatro comenzó a situarse en el pensamiento colectivo local con el lanzamiento de las primeras obras presentadas a los habitantes de la provincia de Biobío, comenzando a escribir una prolífera historia bajo el telón y los focos reflectores que hasta hoy en día iluminan los principales escenarios de la ciudad.

Uno de sus principales protagonistas e impulsores es Mario Valenzuela González, quien ostenta en su nutrida carrera artística los premios a “Mejor director teatral” y “Mejor actor dramático”, zona centro sur 1976, actual “Premio Identidad Angelina” año 2019.

La infancia del profesor Valenzuela se desarrolla en el sector norte de Los Ángeles, en calle Almagro 1058, alumno del Liceo de Hombres y de la Universidad de Concepción.

En el campo de la docencia se define como amante y crítico de ella, identificando a la educación como un proceso permanente y no terminado que acompaña a la persona en la construcción de su propio pensamiento reflexivo y crítico, desarrollando sus competencias y emociones personales, en una sociedad en constante cambio.

En este ámbito de educación permanente, su visión lo guía hacia la construcción de una estrategia de ciudad educadora eligiendo, más bien por intuición y pasión, la afición por el arte teatral como una acción de desarrollo comunitario.

Cuando se crea el Departamento de Educación Extraescolar del Ministerio de Educación, es nombrado coordinador provincial, logrando hacer funcionar 48 grupos de teatro, además de llevar esta disciplina a iglesias, juntas de vecinos, empresas, etc. Su gran objetivo es lograr capacidad técnica al interior de los elencos y al exterior formar un público receptivo del hacer artístico.

Su currículum identifica tres magísteres en educación, perfeccionamientos internacionales en la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil; Universidad Abierta de San Luis de Potosí, México, y la Universidad Católica de Manizales, Colombia, además de múltiples cursos de perfeccionamiento y diplomados en distintas universidades chilenas.

Después de 14 años alejado del mundo del arte y la cultura, hoy integrando a algunos antiguos actores unidos a una nueva generación, renace a su pasión teatral y monta la obra musical “El hombre de la mancha”, la que ya prácticamente está terminada y lista para su estreno.

Diario La Tribuna conversó en exclusiva con el destacado, director, actor y docente, sobre su historia personal ligada al mundo del teatro, sus orígenes, evolución y perspectiva sobre la actual situación que el arte escénico vive en los escenarios de la provincia de Biobío y todo el país.

¿Cómo fue su primer acercamiento con el teatro, cuándo se hizo parte de su vida?

Ya estábamos dejando la adolescencia. Recuerdo que existía acá en Los Ángeles la Casa del Arte, esto en el año 1962-1963; estaba ubicada entre Rengo y Tucapel. No era municipal, sino organizada por la gente a la que le gustaba la cultura; ahí teníamos el coro, el ballet, el jazz, que era bien importante en esos tiempos; las sesiones se hacían en la casa y los chiquillos de los liceos se sentaban en las aceras y escuchaban el jazz.  Era bien bonito y ahí llegó un señor, Andrés Morales, con conocimiento de teatro, proveniente de Angol. Y se le ocurre formar una escuela de teatro que no tenía nada que ver con el sistema escolar y ahí trabajamos la primera obra el año 1967: “Los grillos sordos”, dirigida por Andrés Morales, la cual es la primera obra que se ejecuta aquí en Los Ángeles.

Andrés nos enseñaba a caminar, a sentarnos, todo lo que es básico del teatro, muy rudimentario. Tendríamos un escenario más o menos de unos 3×4 metros y unas 20 sillas; ese era nuestro taller y recuerdo que en los primeros montajes que realizamos con “Los grillos sordos” tuvimos cuatro personas presentes las primeras veces, quizá un poco más de espectadores, donde casi todos eran todos familiares. Con esto se marcó el inicio de un proceso de teatro en la provincia; la obra del dramaturgo Jaime Silva abordaba en su trama un mensaje sobre el egoísmo que destruye a la sociedad.

¿Cómo empezó a desarrollarse y crecer profesionalmente con el teatro?

Alrededor del año 1970 nace la agrupación de teatro Magisterio, donde yo dirigía la compañía. Ahí montamos durante tres años y publicábamos una obra al año. ¿Por qué nos demorábamos tanto? Nosotros utilizamos 200 horas para realizar un montaje, no podemos hacerlo en dos meses, realizamos un trabajo de cuatro a cinco horas a la semana; otras compañías trabajan siete horas en un día. En ese momento estábamos aprendiendo. Comencé adquirir más conocimientos cuando en aquel entonces viajé a Santiago a un curso que duró tres años sobre dirección teatral, donde me entregaron un título de docente de teatro y ya con eso continuamos impartiendo el teatro en Los Ángeles, pero trabajando en conjunto con la Municipalidad de esos años.

Empezamos ese semestre a hacer teatro en lo que se llamaba Cine Municipal, no como Casa de la Cultura. Nosotros llegábamos y ensayábamos alrededor de las 12 de la noche. Recuerdo que teníamos que subir el telón que es sumamente pesado, lo dejábamos ahí, ensayábamos los días sábado. Posteriormente, como a las 7 u 8 de la mañana, empezábamos a bajar el telón para dejarlo listo para el cine, amanecíamos ensayando. Toda la noche. Ahí montábamos nuestras obras.

Posteriormente se cierra como Cine Municipal y se abre como Casa de la Cultura, y ese también es el tercer impulso que tiene el teatro, ya que ahí empezamos a montar obras ya más interesantes, está por ejemplo “La niña en la palomera”, “La remolienda”, de Molière “El médico a palos”, “La pequeña historia de Chile”, y empiezan a aparecer obras de más peso; ya no eran estas obritas pequeñas porque el grupo empezó a tener bastante conocimientos técnicos de lo que es teatro y además nosotros, en otra línea, queríamos formar una masa crítica de angelinos que entendiera el teatro. Entonces para eso teníamos que tener muchos grupos de teatro, yo llegué a tener 48 en la provincia, por lo tanto, teníamos una juventud que con el tiempo iba a poder entender y poder llegar a la sala para analizar y gozar de una obra.

¿Hay alguna obra “época dorada” del teatro en Los Ángeles que recuerde con especial cariño?

En el marco de la finalización de un taller que realizamos en Santiago, entrevistamos a un personaje característico del folclor local, el “Tatay”, folclórico que las personas antiguas conocen, unos con un cariño, otros no con mucho cariño, porque era grosero también, pero le buscamos la cosa humana a este hombre. Y nosotros empezábamos a buscar, investigar qué es lo que hacía y todos esos antecedentes que nosotros recopilábamos se los entregábamos a una profesora, Rosa Mery González, quien fue nuestra redactora de la obra; entregábamos los antecedentes que investigábamos nosotros y ella nos traía unas 10 horas escritas, y nosotros en el taller las reducíamos a dos o tres hojas para sacarle la médula y hacer un diálogo. Esa obra la montamos así y fue realmente bonita. Nos presentamos a un festival regional de teatro y obtuvo esos dos primeros premios: al Mejor director de la zona centro sur y al Mejor actor dramático; yo esa obra la dirigí allá y la actuaba también. La actué de manera accidental también, como a unos 20 días antes de la presentación oficial, el actor que hacía el papel principal, que era el Tatay, se retira del grupo y sin el actor principal no había obra, entonces hice  el papel. Lo hice y resultó, me gané el premio de mejor director y actor dramático.

¿Cómo fue la evolución crítica del teatro para usted?

En el grupo han pasado personas fundamentalmente profesionales para poder analizar realmente fuerte el texto; para nosotros, o para mí lo más importante que tiene el teatro, es el trabajo en mesa, el análisis de contenido, el análisis de proyección, la propuesta, todo lo teórico, y que obliga al actor a hacer investigación de otras cosas.

Sobre el personaje…

Se tiene que leer otras cosas y hacer entrevistas. En todas las obras que se montan se invita a distintos profesionales: tenemos pintores, escritores, psicólogos, sociólogos, leyes, abogados, depende del tema nos van orientando, esto es lo que pasa para tener una buena información y poder presentar una verdad al público.

A las primeras obras que nosotros realizamos utilizando la Casa de la Cultura asistían unas 50 personas, eso era mucha cantidad, pero con los pies arriba de la butaca, el escupo arriba: “oye puh con… qué estai haciendo…”, ese era el ambiente que teníamos, en aquel entonces actuábamos cosas dramáticas, la gente se reía, nos gritaba cosas e interrumpía las obras.

Ese era también nuestro objetivo, nosotros no podíamos criticar a esa gente porque si no había ido nunca al teatro, no podíamos cambiar su perspectiva, y bueno, logramos hacerlo. A partir de su cultura nativa hicimos que la gente que nunca había ido al teatro de cierta forma se educara con el arte y aprendiera a apreciar, y prácticamente toda una generación de aquella época aprendió a ser un público formado sobre las obras y a verlas con respeto, trascendiendo hasta el día de hoy.

¿Cómo ve encaminado el teatro en la actualidad?

Actualmente el teatro debería seguir el mismo lineamiento de antes, ser un actor social activo; nosotros teníamos muchos talleres repartidos por toda la provincia, nos acercábamos a lugares vulnerables, teníamos incluso programas de alfabetización a través de nuestra acción social; mediante el teatro estábamos muy cerca de la gente, que es lo que el teatro debe hacer y son valores que hoy en día se han ido perdiendo de a poco con el tiempo.

Yo quiero invitar a que la gente vea nuestra obra de teatro, nuestro montaje “El hombre de la mancha”, la cual ya está programada para presentarse el 16 de mayo en el marco del aniversario de Los Ángeles. Invito a todos a hacer una reflexión sobre las relaciones humanas, como el respeto hacia la diversidad y descubrir en cada persona lo interno de cada uno. Esa interioridad, esa esencia humana, debemos llevarla y ver qué es lo que queremos mostrar para una discusión en sus propias casas y entre sus amistades.

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