lee nuestro papel digital

Destacados

La historia de una costurera angelina y su máquina de coser

De la Villa Patria Vieja de Los Ángeles se trasladó junto a su familia al sector rural de Llano Blanco, donde alterna las labores del hogar con su emprendimiento.


 Por Claudia Robles

6ecce965-3850-4e99-ae1e-279342f08b1b

Hace 16 años, Darleen Cabezas Nickel llegó a radicarse a Los Ángeles, instalando un minimarket en el sector sur de la ciudad. “Soy oriunda de la ciudad de Lirquén pero, por motivos económicos, me trasladé a Los Ángeles. Siempre me ha gustado el tema del emprendimiento. Empecé con un minimarket pero buscaba algo más”, relata en conversación con diario La Tribuna respecto de sus inicios que tuvieron un vuelco con posterioridad a los primeros meses de la pandemia.

Provista de telas, alfileres, hilos y un dedal inició este camino que, de manera autodidacta, la llevó a crear su propia marca: Monadas Anto. Ofrece calidad y originalidad en cada uno de sus creaciones, con accesorios hechos a mano, personalizados y con detalles que se reconocen como únicos.

Darleen manifiesta que por distintas circunstancias se trasladó junto a su pareja y sus tres hijos, de 12, 5 y 3 años, a vivir al sector rural. “Residía en Los Ángeles, en la Villa Patria Vieja y me trasladé al sector de Llano Blanco. Viviendo en el sector rural, un día surgió la idea y me preguntaba qué hacer para tener dinero”.

En esos días, expresa que comenzó a evaluar distintas alternativas para iniciarse en el rubro de las costuras, “empecé a hacer cuellos, cintillos y collets”, comentando que avanzó en el aprendizaje por iniciativa personal. “En ese momento, postulé  a un proyecto del Fosis con un Emprende Semillas, que me permitió comprar una máquina bordadora. En ese momento me di cuenta el rubro que me gustaba”.

Al paso de los meses no solo creaba cuellos, cintillos y collets: “empecé a buscar otros artículos para confeccionar. Empecé con loncheras con diseños bordados. Me empezó a ir bien y cree mi página en Facebook. Comencé a subir las fotos a Instagram y veía que a la gente le gustaban mis productos”. Agrega que con posterioridad vinieron otros dos proyectos postulados al programa, “y decidí crear un logo y etiquetas con el nombre de Monadas Anto, nombre que elegí por un asunto de apego familiar”.

SUS INICIOS

Al comenzar con la idea de emprender, Darleen comenta que ni siquiera tenía una máquina de coser: “un día le conseguí la máquina a mi suegra y le hice un cuello a mi hijo. No me quedó mal ni feo y así comencé a mirar tutoriales y a practicar en la máquina de mi suegra”.

Al paso de los meses, “mi primera máquina me la compré con mi primer 10% (de los retiros de los fondos de pensiones). Como tengo tres hijos, no podía buscar un trabajo y dejar a mis hijos solos en el campo. Así que cuando soltaron el primero 10% me compré una máquina propia, ahí empecé y no he parado hasta ahora”.                 

En paralelo comenta que en ese entonces “estaba el tema de la pandemia y así me propuse hacer algo para tener ingresos”. Mientras estaba en su hogar y debido a las medidas de confinamiento, comenzó a barajar distintas opciones considerando las oportunidades que surgían en cuanto a las ventas online.

NUEVOS DESAFÍOS

Darleen reconoce que en su afán por aprender nuevas técnicas ha conseguido diseñar otros artículos: “ya no solamente eran loncheras, collets o cintillos sino que morrales y carteras”.

Con cada prenda busca incorporar nuevas técnicas: “Comencé y me dije no me voy a quedar solo con las costuras y luego me compré una estampadora. Ahí empecé a sublimar y estampar mis propios diseños. Entonces, ahora Monadas Anto, no hace solo confecciones sino que también estampados, sublimación y confección”.

Agregó: “Llevo en este emprendimiento dos años y medio aproximadamente, y gracias a Dios me ha ido bien. Ahora ya tengo tres máquinas de costura, mi máquina estampadora, otra sublimadora. Con el proyecto Fosis Laboral compré un computador y mi propia marca. Estoy contenta con todo lo que he logrado”.

En paralelo, expresa que ha cumplido sus metas con orden y disciplina, destacando el apoyo familiar: “Tenía como meta el contar con un taller de aquí a fin de año porque tenía mis costuras y mis máquinas en un rincón de la cocina. Me había propuesto hacer el taller pero mi pareja me regaló mi propio taller. Él lo construyó y ahora tengo mi taller fuera de la casa. Así que ya no trabajo con mis niños encima. Ahora es como mi trabajo aparte”.

Expresó que en el día a día se organiza con las labores del hogar, “hasta cierta hora hago todas las cosas en la casa y después me voy a trabajar a mi taller”, desde donde realiza envíos a todo el país.

Sobre sus proyecciones, afirma con convicción: “Mi meta es seguir superándome (…) Pretendo seguir avanzando y ahora quiero empezar a estudiar Corte y Confección porque ya tengo mis máquinas. Mi idea más adelante es  llegar a contar con un título y presentarme en empresas y colegios, confeccionar buzos y seguir con mis temas de accesorios para la mujer”.

lee nuestra edición impresa

  • Compartir:
NEWSLETTER

opinión

lo más leído

NEWSLETTER
logo-ediciones-anterioes