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A 40 años del enorme incendio en la población En Tránsito

El pasado miércoles 23 de marzo se cumplieron cuatro décadas de uno de los mayores siniestros en la historia de Los Ángeles, el que dejó más de 2 mil 100 damnificados y que afectó a uno de los mayores campamentos precarios que hubo alguna vez en la capital provincial. Sus afectados después darían vida a las primeras ocupaciones en los sectores Santiago Bueras y Paillihue.


 Por Juvenal Rivera S.

Incendio Población En Tránsito (1)

Teresa estaba en clases en la escuela 6 cuando escuchó el rumor que había un incendio en la población En Tránsito. Eran poco más de las 2 de la tarde cuando una negra y espesa humareda se observaba desde distintos puntos de la ciudad.

Era el 23 de marzo y las jornadas lectivas recién se habían reanudado ese año 1982 cuando el ajetreo escolar se vio interrumpido por un hecho inusual para una ciudad que solía ser bastante calma.

Los niños del sexto básico del curso de Teresa se agolparon en las ventanas de la sala de clases para presenciar ese humo negro e intenso que se veía a lo lejos. Ella se acordó de su abuela, una mujer ya mayor que vivía sola en esas precarias construcciones de emergencia.

Cuando Teresa volvió a su casa, sus padres no estaban. Ambos habían salido apenas supieron que aquel incendio avanzaba sin control y que arrasaba todo a su paso. Temieron lo peor.

Afortunadamente, el fuego alcanzó a ser contenido cuando estaba muy cerca de la casa de la abuela.

Así se escribió uno de los muchos relatos más íntimos de lo que, al final del día, sea considerado el mayor incendio registrado en la historia de la ciudad de Los Ángeles, cuyos damnificados sumaron más de 2 mil 100 al final del día. Afortunadamente, pese a la magnitud de la tragedia, no hubo víctimas fatales.

De acuerdo a las versiones oficiales, las llamas se iniciaron cerca de las 2 de la tarde por una plancha a carbón encendida que hizo arder unas cortinas contiguas. Fueron cientos de frágiles mediaguas afectadas, muchas de ellas construidas con desechos de madera y fonolitas, cuyo interior solía estar recubiertas de plástico y cartón para aislar del frío. Esa misma condición hizo que fueran presa fácil del fuego que avanzó con extrema rapidez, dejando a muchos solo con lo puesto. Como si fuera poco, los pocos balones de gas en los hogares ocasionaban explosiones que diseminaban las llamas con mayor rapidez.

Además, la ausencia de grifos (solo se contaba con unos pilones para surtirse de agua potable) complicó en demasía la labor de los voluntarios de las cinco compañías de Bomberos existentes en ese tiempo en la ciudad.

Al final, se debieron emplear un bulldozer y una retroexcavadora para hacer cortafuegos que contuvieran el implacable avance del fuego, arrasando con decenas de mediaguas a su paso para evitar la tragedia.

POBREZA Y MISERIA

Fue uno de los episodios más trágicos del campamento “El Tránsito”, aunque – en estricto rigor – su nombre era En Tránsito porque se suponía que la ocupación era temporal mientras llegaba una vivienda social, o una caseta sanitaria o de un pedazo de tierra para construir la casa.

Pero esa época era especialmente difícil, más aún para las familias más pobres de la ciudad.

En 1982 se estaban viviendo los primeros síntomas de la brutal crisis económica a nivel nacional que disparó la cesantía al 25 por ciento. Sin embargo, en el plano local, la situación era mucho peor debido al cierre de la planta Iansa en Los Ángeles que aumentó las cifras de desempleo a niveles muchísimo mayores.

Como si fuera poco, en esos años tampoco se construyeron viviendas sociales para las familias más pobres. Recién se retomarían las obras de ese tipo a fines de esa misma década.

Este contexto social ponía presión a las cientos de familias que arribaban desde el campo a la ciudad en búsqueda de mejor oportunidades de vida. Sin embargo, ante la falta de empleo y de viviendas, muchas familias no tuvieron más alternativas que instalarse en los campamentos precarios, conocidos en esos años como “poblaciones callampa”.

Y dentro de esos campamentos que surgieron en la segunda mitad del siglo pasado, el más grande y el más antiguo era la población En Tránsito.

Su origen fue una toma protagonizada por decenas de familias en agosto de 1973 en terrenos adquiridos por la Corporación de la Vivienda (Corvi) para construir viviendas sociales. Con esta medida de fuerza, se buscaba presionar a la autoridad para la solución de las demandas habitacionales. Así había sucedido con varias poblaciones, como la Basilio Muñoz o la O’Higgins (esta última se llamaba población Antuco pero su nombre fue cambiado tiempo después).

Sin embargo, un mes después se produjo el golpe de Estado y los pobladores de “La Tránsito” quedaron en el aire. Ninguna autoridad de la época de la Dictadura se hizo cargo de sus requerimientos de vivienda y lo que era temporal, se fue consolidando con el tiempo.

Al poco tiempo, a las familias se les instalaron un par de llaves con agua potable para que la fueran a buscar a unos pilones. Algunas pocas tuvieron energía eléctrica al conectarse se manera ilegal a los postes del tendido eléctrico. Ni hablar de alcantarilla: cada mediagua tenía pozo negro.

Debieron pasar casi 30 años para erradicar a sus pobladores, dando paso a lo que ahora conocemos como villa Balmaceda que se comenzó a levantar en los años 90, orientado a familias de sectores medios. 

En 1982, en el campamento En Tránsito vivían unas 10 mil personas. Más del 90% de ellos lo hacía en condiciones de extrema pobreza. Para hacerse una idea, hacia 1980 la población angelina sumaba 100 mil personas, es decir, el 10% de ellos vivía en esa población precaria.

CAMPAMENTOS

Al final de la jornada, los damnificados sumaban más de 2 mil 100 personas. La inmensa mayoría de ellos quedó solo con lo puesto. Se estaba frente a un desafío logístico y humanitario de características colosales para la época.

Se debieron instalar campamentos provisorios en varios lugares, como las bodegas del Banco del Estado, Casa de Todos y varios establecimientos educacionales. Sin embargo, el mayor de todos fue levantado en la cancha municipal, por calle Colo Colo (donde ahora está la escuela Pedro Ruiz Aldea y los corralones municipales). Ahí se instalaron tiendas de campaña facilitadas por el Ejército que estuvieron un par de años, soportando el barro en el invierno o el polvo del verano.

“Quedamos con lo puesto y estuvimos en las carpas en la cancha municipal. Fue muy duro sobre todo el invierno y después nos trasladaron a la población Lagos de Chile donde con mucho esfuerzo de mis viejos, se pudo salir a delante”, recuerda Hugo Mundaca.

Hubo decenas de campañas solidarias empujadas por los medios de comunicación de ese tiempo, como el diario La Tribuna y la radio Agricultura. Sin embargo, toda ayuda fue insuficiente para tamaña tragedia.

Así y todo, paulatinamente se comenzaron a entregar soluciones, primero parciales y después definitivas. Los más afortunados fueron llevados a la población Pedro de Córdova, situada por calle Las Azaleas con Bombero Rioseco, que estaba en proceso de construcción.

Otros fueron erradicados en la población Lagos de Chile y sus ocupantes hasta la fecha son conocidos como “Los Quemados” en alusión al incendio. A fines de los ’80, un grupo numeroso fue llevado a la población Escritores de Chile y sería el punto de partida para la masiva llegada de habitantes a lo que ahora conocemos como sector Paillihue.

El campamento En Tránsito comenzó a ver el final de sus días hacia fines de los ’90 cuando sus habitantes empezaron a ser erradicados en las sucesivas poblaciones levantadas en el sector sur de Los Ángeles.

Los últimos pobladores salieron en el invierno de 2001, poniendo fin a una ocupación que duró prácticamente tres décadas y por la que pasaron decenas de miles de familias.

Sin embargo, en sus recuerdos está la experiencia del incendio del 23 de marzo de 1982 que ha sido uno de los peores que se recuerde en la historia de la capital provincial.

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