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Crónica

A 40 años del espectacular accidente ferroviario en el recinto Estación

El 24 de junio de 1981, una locomotora con varios carros cargados de remolacha, no de detuvo donde se tenía que detener y terminó en plena calle Ercilla. Varios testigos del hecho recuerdan lo ocurrido.


 Por Juvenal Rivera

HBB, Tren en Ercilla-2

Cuentan que don Víctor escuchó un estruendo gigantesco. Como era su costumbre, estaba en pie desde muy temprano y se encontraba el patio buscando leña para la estufa. Esa mañana estaba bastante helado y brumoso y había que mantener tibio el ambiente.

De pronto, el ruido. Un ruido atroz. “Pensó que era un acabo de mundo”, cuenta su hijo Alberto al rememora el miedo que vio en los ojos de su padre por lo ocurrido esa mañana del 24 de junio.

Sin entender lo que estaba pasando, pronto se enteraron por unos vecinos que era un tren que se había salido de la estación y estaba en plena calle. “Pero cómo pasó eso, me decía mi papá y ninguno de los dos tenía respuesta, ninguno lo entendía”, agrega.

En ese mismo instante, ambos salieron de la vivienda situada por Blanco Encalada, a un par de cuadras del recinto Estación para comprender lo que sucedido.

Caminaron hasta la avenida Ricardo Vicuña y al doblar hacia Ercilla, el espectáculo que observaron padre e hijo fue, realmente, impresionante. “Muchas veces hablamos de ese accidente, incluso poco antes de su muerte. Fue algo que nos marcó mucho”, recuerda Alberto mientras recuerda ese episodio de su vida con don Víctor.

EL ACCIDENTE

Son las 7,50 de una mañana fría y brumosa. El silencio de una ciudad que recién estaba despertando es interrumpido por una locomotora que tira nueve carros cargados con más de 360 toneladas de remolacha. La máquina sale con rapidez de la curva que rodea la población Real Victoria y enfila hacia la estación de ferrocarriles de Los Ángeles.

A estas alturas, la locomotora ya debiera estar frenando pero, por el contrario, sigue su marcha a toda velocidad. Es un caballo desbocado.

A última hora, justo cuando pasa frente a la sección de las boleterías, el conductor parece percatarse de lo inminente del desastre y aplica los frenos de emergencias.

Ya es demasiado tarde. Detener a una máquina que arrastra más de 360 toneladas de carga en los últimos 100 metros es una tarea imposible.

Sucede la desgracia. El enorme estruendo se escucha en varias cuadras a la redonda, incluso en la casa de un Víctor y su hijo Alberto.

La locomotora impacta los pilares de contención del final de estación pero la inercia la hace despegarse de los rieles y superar el promontorio de tierra. Luego, derriba el muro de ladrillos exterior como si fuera un castillo de naipes. La estructura termina en la mitad de la calle Ercilla, apuntando hacia arriba.

Milagrosamente, no había nadie circulando por ese lugar en ese momento. Si no, la historia habría estado teñida de dolor y tragedia. Los únicos heridos son los tres ocupantes del tren. Quedan con heridas pero nada grave, pese a semejante incidente.

La historia de lo que fue el mayor accidente ferroviario en la historia del recinto Estación de Los Ángeles, ocurrido esa mañana del 24 de junio de 1981, se comenzó a escribir 180 kilómetros al sur, en la estación de Metrenco, cerca de Temuco.

La máquina diésel había salido de madrugada desde esa localidad empujando con 360 toneladas de remolacha distribuidas en nueve carros, que era la producción de agricultores de la zona. ¿El destino? Llevar la remolacha a la planta refinadora de la Crav (en ese año, la Iansa había desaparecido con ese nombre y se denominaba Crav) para elaborar azúcar.

CONMOCIÓN Y CURIOSIDAD

“No puedes ser angelino si no te acuerdas”, señala Adriana cuando rememora el incidente. Es que faltando muy poco para 8 de la mañana, un tren yacía en plena avenida Ercilla, a un par de cuadras de la plaza de armas, a vista y paciencia de las decenas de personas que se dirigían a sus lugares de trabajo o a la escuela.

Cientos llegaron por simple curiosidad en un peregrinaje que duró varios días. Patricio Mardones fue uno de ellos: “fue increíble ver esa locomotora de esa forma. Además, quien se iba a imaginar que pudiera ocurrir, desconociendo el terreno de esa parte de la estación. Fue todo un espectáculo”.

Lo mismo cuenta Fabián Gallardo: “estudiaba en la escuela D 928 ex número 6, hoy escuela Manuel Blanco Encalada. Antes de entrar a clases, fui al lugar donde aún estaba la locomotora”.

Mario Pinilla también fue a presenciar la escena: “Yo estuve ahí. Fue una de las pocas veces que salimos en la tele”, acota. Y así fue. Los diarios nacionales y los canales de televisión se apresuraron en enviar a sus corresponsales para reportear el incidente y tener las mejores tomas de la locomotora en la calle, de hablar con algunos testigos y de barajar las distintas hipótesis para explicar lo sucedido. Todos los pormenores que pudieran satisfacer a un público ansioso de respuestas por un incidente tan inusual.

Carlos Quiñones Verdugo tenía 18 años recién cumplidos y estudiaba en el Liceo Industrial. Ese día, recuerda, “estuve posando para algunos corresponsales debajo da la máquina accidentada”.

Pasados los días, la máquina fue sacada de Ercilla y los daños a la estación se fueron reparados de manera paulatina hasta no dejar huella de semejante impacto.

Y, claro, la ciudad de Los Ángeles volvió a su bucólica calma de siempre.

¿QUÉ SUCEDIÓ?

De acuerdo al procedimiento normal, la locomotora y el convoy debían llegar a la estación de ferrocarriles de Los Ángeles, hacer el cambio de vía y volverse retrocediendo tranquilamente hasta la planta refinadora de azúcar, que estaba en el apogeo de su campaña de recepción de remolacha. Así se había hecho cientos de veces. Era un procedimiento rutinario.

Pero algo falló esa mañana del 24 de junio. Hubo conjeturas de todo tipo pero básicamente se concentraron en explicar que el conductor simplemente se confundió y asumió que aún estaba lejos de la estación. A su favor sumaba un hecho cierto: estaba aún muy oscuro y había bastante bruma. Cuando se dio cuenta de su error, ya era demasiado tarde para tratar de enmendar su error.

Otras tesis apuntaban a que el maquinista simplemente se quedó dormido o, lo que es peor, que estaría ebrio. Como sea, la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE) no divulgó después las conclusiones de su sumario interno y el verdadero origen del accidente quedó sumido en la más absoluta de las nebulosas. Tampoco si hubo sanciones a los responsables.

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