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Crónica

Expertos a pasos de lograr preservación del toromiro y llevarlo de vuelta a Rapa Nui

El año 1960 se cortó el último árbol de esta emblemática especie, siendo encontrados vestigios en la ladera del volcán Rano Kau, en una zona de muy difícil acceso


 Por Claudia Robles

toromiro 3

Los hijos del último toromiro crecen en un semillero exclusivo para su preservación y conservación en el vivero Carlos Douglas, ubicado en Yumbel, en la provincia de Biobío, donde permanecen árboles-madre de material genético puro bajo especiales medidas de protección, considerando las bajas temperaturas que se registran en esta zona, a diferencia de su lugar de origen: Rapa Nui.

Son 3700 los kilómetros que separan a la isla del continente americano. Debido a la distancia, quien no ha visitado Rapa Nui podría pensar que allí se encontrará con paisajes y una flora única, que no ha visto en otra parte del mundo. Sin embargo, a consecuencia del asentamiento de la población a lo largo de los siglos, el ecosistema local ha cambiado drásticamente. Según estudios realizados por el botánico alemán Georg Zizka, más de un 78% de la flora actual de la isla no es nativa. Y lo que es peor: uno de sus árboles endémicos emblemáticos ya no existe.

Es el caso de Sophora toromiro, un árbol pequeño, con hojas compuestas por folios y en cuyas ramas crecen flores tubulares parecidas a un copihue, pero amarillas. En el siglo XII, de mano de la colonización polinésica, la vegetación natural de la isla comenzó a ser reemplazada por cultivos y, contemporáneamente, con la introducción de especies invasoras como ovejas y ganado, por lo que el toromiro y el ecosistema en el que crecía fue depredado. Y no solamente los animales fueron los responsables. Los pocos árboles que ellos dejaron fueron talados por los humanos, quienes usaban su madera para fabricar artefactos de uso diario.

Entre los animales y los humanos, el toromiro perdió territorio en Rapa Nui. A tal punto que en 1960 solo quedaba un individuo. El último ejemplar que sobrevivía en estado natural en la isla crecía en las laderas interiores del cráter del volcán Rano Kau y fue derribado ese mismo año.

“No lo convirtieron en madera ni sirvió como alimento para animales, sino que se lo llevaron fuera de la isla. Aunque no existe evidencia concreta, se cree que la salida se produjo para convertir su madera en algún artefacto para la venta a un coleccionista o museo”, comenta el gerente de Tecnología y Planificación de CMPC, Jean Pierre Lasserre.

Así, en nuestra ciudad, y en paralelo a la contingencia sanitaria asociada al coronavirus, el actual escenario no ha sido obstáculo para la realización del trabajo que se efectúa tanto en los laboratorios de CMPC en Los Ángeles como en el vivero Carlos Douglas.

“Para el laboratorio no fue nada extraño usar mascarilla y diversas medidas de protección sanitaria porque en las instalaciones han sido desde siempre de uso habitual, por lo tanto, los protocolos se han seguido manteniendo en el tiempo y han permitido seguir operando con cambios en la modalidad de trabajo, continuando con las labores de investigación, desarrollo y producción”, dijo en relación con la especie endémica de Isla de Pascua.

De esta manera, en el Laboratorio de Biotecnología no solo hay avances en la propagación de especies nativas con problemas de conservación, como el ruil en la región del Maule, sino también con el toromiro, que “es un árbol que no existe en ninguna otra región del mundo y se encuentra extinto en su estado natural. El año 1960 se cortó el último individuo de esta emblemática especie y a partir de ese individuo se cosecharon algunas semillas que fueron repartidas en varios jardines botánicos a nivel mundial”.

RECOLECCIÓN DE SEMILLAS

Pese a que dejaron de existir toromiros en Rapa Nui, gracias a la recolección de semillas se logró mantener viva a la especie, aunque solo en colecciones privadas y jardines botánicos.

De esta forma, era posible encontrar toromiros a más de 14 mil kilómetros de la isla de donde son oriundos, en jardines botánicos de Alemania, Australia e incluso Suecia. También en Chile continental, en el Jardín Botánico de Viña del Mar. Pero este ejemplar, tras dar una gran cantidad de semillas a lo largo de su vida, murió en 1999.

Gracias a las semillas que dejó el toromiro de Viña del Mar, en 2006 este jardín botánico entregó seis árboles descendientes del último árbol de Rapa Nui a CMPC para iniciar un inédito programa de conservación.

Tras estudios genéticos, explica Lasserre, que confirmaron que los descendientes correspondían a toromiro, entre 2008 y 2011 CMPC logró reproducir el árbol por técnicas de propagación vegetativa y se pudo masificar por la técnica del injerto.

Como la reproducción de la especie fue exitosa, se firmó un convenio de cooperación entre Conaf y CMPC, y se estableció un huerto de toromiro en la reserva nacional Lago Peñuelas con mil plantas. De ellas, hoy quedan 170, pues no todas lograron resistir las condiciones climáticas de la región.

“Hay que reconocer que esfuerzos por llevar toromiro a la isla se han hecho bastantes y todos han fallado. Entonces, el desafío acá fue tratar de aplicar todo nuestro conocimiento, que es fundamentalmente en especies de rápido crecimiento como el pino y el eucalipto, pero ese conocimiento nos permite también trabajar con otras especies”, explicó Lasserre.

A ello sumó el inicio de estudios para determinar los motivos por los cuáles no crecía. “Logramos detectar que pasaron tantos años que el toromiro ya no estaba en la isla, que finalmente se habían perdido algunas asociaciones con otros organismos que hacían que creciera la especie y lo que detectamos fue que no tenía la asociación con una bacteria Rhizobium, que lo que les permite es capturar nitrógeno al estar en la misma línea que las leguminosas, como el poroto o las lentejas, que tienen la extraordinaria capacidad de capturar el nitrógeno del aire y traspasarlo a la planta”.

En ese sentido, destacó el trabajo desarrollado en conjunto con científicos de la Universidad de Concepción. “Cada semilla para nosotros es valiosa y tenemos que tratar de multiplicarla al máximo. Lo que tenemos acá es una técnica que se llama micropropagación y que es a partir de un pequeño tejido, en este caso de semilla, para lograr miles de plantas, y si no millones, eventualmente. Ese es el objetivo. Hemos tenido avances muy importantes y creemos que este año es clave para retornar el toromiro a la isla”.

EL GRAN DESAFÍO

Aunque se pudo hacer crecer con éxito algunos ejemplares de la especie en Chile continental, aún queda una meta pendiente: devolver el árbol a Rapa Nui, la tierra que lo perdió en 1960.

En la actualidad, CMPC apoya las investigaciones para su reintroducción con el respaldo de instituciones como la Universidad de Concepción y la Conaf, además del apoyo de investigadores de la Universidad Lincoln, en Nueva Zelanda, y la Universidad de Murdoch, en Australia.

La reintroducción de la especie no es fácil, pues existe la hipótesis de que durante las décadas de ausencia de toromiros en la isla, se perdieron en el suelo las bacterias que ayudan a la absorción de los nutrientes necesarios para su crecimiento.

Por lo mismo, actualmente los investigadores a cargo del programa pretenden encontrar las mejores cepas de la bacteria que se asocien con las plantas de toromiro y que permitan su adaptación al ecosistema actual de la isla.

Además del trabajo de buscar mejores cepas, durante 2018 se instalaron ensayos de plantas inoculadas con bacterias benéficas, las que permitieron retomar la fijación de nitrógeno necesaria en el suelo para el crecimiento del toromiro en su tierra de origen.

De forma paralela, el laboratorio de CMPC está investigando el desarrollo de protocolos de rescate de embriones y de masificación de germoplasma, una técnica de reintroducción de especies vegetales que funciona mediante injertos.

Se planea que durante este año se podrían sembrar 200 semillas, llevar los germinantes inoculantes a la isla, “engordar” las plantas en un vivero de Conaf, preparar el sitio y plantar una hectárea de la especie para que sus flores amarillas vuelvan a ser parte del paisaje de Rapa Nui.

Para el doctor Jaime Espejo Cardemil, asesor de Tecnología Silvícola de CMPC, las técnicas de propagación resultan cruciales a partir del trabajo que comienza en el Laboratorio de Biotecnología. “El trabajo de macropropagación que realizamos con el toromiro, visualizando el obtener semillas a mediano y largo plazo, fue utilizando la técnica de injerto, una de las tantas técnicas de propagación de las plantas. Recordemos que las plantas tienen reproducción sexual y asexual. En el caso de la reproducción sexual es la semilla, donde intervienen los individuos, y cuando es propagación vegetativa se puede trabajar con un material vegetativo, como puede ser una rama, la que podemos enraizar, llevar al laboratorio a micropropagación, o bien, injertar, y lo que hicimos fue injertar porque sabemos que en el corto plazo podemos tener la floración. Al tener la floración, tenemos los cruzamientos y obtenemos la semilla”.

En los últimos años, la macropropagación se ha concentrado en diferentes viveros, comenzando en Los Ángeles en instalaciones ubicadas en Paillihue, luego cerca de El Peral y actualmente en el vivero Carlos Douglas. “Básicamente este trabajo se hizo en vivero y al cuarto o quinto año ya teníamos ejemplares que estaban floreciendo y están contribuyendo con el flujo de polen, y obteniendo semillas”.

Agregó que “nos gustaría que fuera sustentable en el tiempo la producción de semillas, y los árboles algunos años son más prolíficos, por lo que entregan hartas semillas y flores. También el toromiro tiene un mecanismo de autopolinización y carga muchas flores, pero no todas llegan a semilla. Todos los años tenemos un batch con un cierto número de semillas. Las estamos guardando y las estamos llevando al laboratorio para trabajos de micropropagación y otros que estamos haciendo esta temporada que son, en el fondo, la inoculación con bacterias y promover el desarrollo de reeintroducción del toromiro en la Isla de Pascua”.

En el ámbito personal, reconoce que se trata de un gran desafío. “Es un trabajo en equipo. Aquí no es una persona, aquí hay mucha gente, hay gente que ya está fuera de la compañía, pero es parte de un equipo dejar un legado”, dijo, destacando el aporte de científicos de CMPC y de la Universidad de Concepción, entre ellos, las investigadoras del Departamento de Producción Vegetal de la Facultad de Agronomía, la doctora Macarena Gerding y la ingeniera agrónoma magíster en Ciencias, Tamara Quezada, quienes en conjunto con profesionales de Conaf-Rapa Nui desarrollaron in situ diversos estudios en el marco del proyecto que busca restablecer la planta endémica de la isla de Rapa Nui.

Reconoce que busca dejar un aporte a las futuras generaciones: “yo creo que es una oportunidad que tengo de dar mi aporte, un grano de arena a este mundo que está tan convulsionado con la pandemia y con los problemas ambientales”.

EN TERRENO

El vivero Carlos Douglas es considerado uno de los más grandes y modernos de Sudamérica, y en sus instalaciones existe un semillero dedicado exclusivamente a la conservación del toromiro, donde están los árboles madre o base de material genético original, “que es es puro y está resguardado bajo techo porque se podría helar. Recordemos que vienen de semillas de árboles que actualmente están extintos y en su lugar, que era el original, Isla de Pascua, no hay heladas, a diferencia de lo que ocurre en esta zona. Entonces, los tenemos protegidos para resguardarlos”, explica Juan Andrés Celhay, subgerente de producción de plantas del vivero Carlos Douglas.

Agrega que en las instalaciones se trabaja no solo en la producción asociada a la compañía. “Se producen bastantes plantas nativas del orden de 600 a 800 mil plantas nativas anuales y una fracción de eso es para las restauraciones que requiere la plantación de la empresa, pero adicionalmente también hay plantas para terceros. Hay mucho y creciente interés de particulares para plantar en sus predios y recomponer la vegetación nativa. Así que nosotros estamos aportando especies para lograr eso”.

En paralelo, comenta que “son bastantes las especies que se están propagando y multiplicando, especies que les interesan a las personas de comunidades apícolas que necesitan flores nativas para producir miel, como el quillay o el madroño. También, muchas especies apetecidas por las abejas e insectos nativos, pero también se están propagando ciertas especies que están en peligro de extinción o extintas, como es el caso del toromiro. Ahí se está colaborando con distintas instituciones, donde hay gente que realmente está aportando, y que es importante apoyarlas”.

En el vivero, de una superficie que bordea las 165 hectáreas, están los semilleros de toromiro, pero además un sinnúmero de otras especies. “En el fondo, cada persona en este minuto, dadas las circunstancias, tiene que aportar con su grano de arena. Nosotros acá en el vivero eso lo estamos haciendo, pero en general la gente también lo tiene que hacer. En las ciudades, aumentar la biodiversidad de los jardines y no plantar solamente especies que son bonitas, sino que sirvan y aporten a la biodiversidad de las ciudades. Lo único que va a crecer, y estamos seguros que así va a ser, van a ser las ciudades, porque la población va en aumento y la ocupación de los sitios cada vez es mayor por parte de las personas. Por lo tanto, cada uno se tiene que hacer cargo de este tema y empezar. Nunca es tarde”.     

     

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