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Angelinos se reinventan para salir adelante en tiempos de pandemia

Un administrativo que ahora es panadero, una contadora que optó por las plantas, un chofer de buses que hoy reparte verduras, y una peluquera que se cambió a la decoración; son las cuatro historias que recopiló Diario La Tribuna, donde queda en evidencia que en tiempos de pandemia desafiarse es clave.


 Por Constanza Reyes

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La disminución de ingresos o la cesantía, ha llevado a muchas personas a explorar nuevos rubros, y a atreverse con emprendimientos que nunca imaginaron, todo por obtener recursos frescos que les permitan hacer frente a la crisis económica.

Diario La Tribuna conversó con cuatro personas que se vieron enfrentadas a este escenario, que desafiaron sus capacidades y se lanzaron al mercado, gracias a sus habilidades y al apoyo incondicional de sus familias y cercanos.

UN PASATIEMPO QUE SE CONVIRTIÓ EN OFICIO

Lissete Vallejos tiene 39 años, es casada, madre de tres hijos. De profesión contador auditor y por 16 años en el rubro, desempeñándose como ejecutivo bancario, quedó cesante poco antes de que se desatara la pandemia. De hecho, justo cuando ya se disponía a buscar un nuevo rumbo laboral, la crisis sanitaria la frenó.

Sin embargo su afición por las plantas, la llevó a inscribirse a un curso que ofrecía el Centro Integral de la Mujer del Municipio de Los Ángeles, que la encausó hacia el que hoy es su nuevo oficio. Aunque las clases presenciales no duraron mucho, siguieron vía online hasta hace algunos días, en que concluyeron la capacitación.

“Kokedamas y cuadros vivos”, ese fue el taller que tomó, y que hoy la mantiene no sólo entretenida en tiempos de confinamiento, sino que además, le permite obtener recursos a través de la comercialización de sus delicados y bellos trabajos.

“Los kokedamas son una técnica maravillosa que reemplaza el macetero de una planta de interior por diferentes tierras y una capa de musgo. Empecé a buscar plantas que me gustaron, visité invernaderos, hasta que realicé varios y empecé a promocionarlos por mi facebook “Lissete Vallejos Fuller” y en mi instagram @lissetelvf, y luego a vender a conocidos y a amigos de mis amigos, generando dinero en tiempos difíciles. Así nació “Kokedamas Liss”, cuenta orgullosa a Diario La Tribuna.

Si bien la profesional reconoce que hubo días de frustración y estrés porque  “no me salía, que se me rompía el hilo, se me desarmaba la tierra de las plantas”, las jornadas positivas pesaron mucho más, y en la actualidad cuenta con la cooperación de su esposo para las entregas a domicilio, y la colaboración de su hermano en la confección de las bases de madera.

DE ADMINISTRATIVO A PANADERO

Diego San Martín, de 28 años, trabajaba en una bodega como administrativo, empleo donde ingresaba toda la mercadería al sistema. Frente al computador, papeleos y trámites varios, una rutina que se vio abruptamente interrumpida cuando desde su empresa le comunicaron a él, y a todos sus compañeros, que se acogerían a suspensión de contrato, lo que más pronto que tarde, se traduciría en una baja de sus ingresos.

Si bien Diego es soltero y no tiene hijos, reconoce que las obligaciones en su hogar y las deudas que tiene “como todo chileno”, lo llevaron a buscar un empleo complementario, que le diera los recursos que le faltarían para completar su sueldo.

“La primera semana me costó encontrar trabajo, así que me contacté con una conocida que tiene una panadería, y ahí me propuso integrarme. Los primeros días fue difícil, porque no conocía el rubro, pero después me fui enfocando en las cosas que me fueron enseñando. Ahora me dedico a la pastelería, hago tortas, berlines, tartaletas, brazos de reina, queque, y todo tipo de pan, desde completo hasta marraqueta, aunque aún me falta mucho por aprender”, reconoce orgulloso.

Si bien es un cambio drástico en relación a lo que hacía antes, se queda con que “es una linda experiencia, algo nuevo para el currículum, y aunque hubiese sido otra pega, igual la habría aceptado, porque la idea en tiempos de crisis es sobrevivir como sea”, concluyó el joven.

DE LOS BUSES A LAS VERDURAS

Ariel Selaive tiene 43 años, y ha dedicado más de la mitad de su vida al transporte de pasajeros, en el recorrido Los Ángeles-Coigue-Nacimiento, rubro que domina por herencia familiar, y en el que literalmente se maneja.

Sin embargo desde el estallido social, y ahora, a raíz de la pandemia, se ha visto complicada su principal actividad económica, por lo que se vio en la necesidad de buscar alternativas de ingreso, y decidió explorar el negocio de la venta de frutas y verduras.

“Como micro o mediano empresario, como le llama el gobierno, yo no he tenido ningún tipo de ayuda, nada. Así que me vi en la obligación, y en la necesidad de cumplir con mis responsabilidades y cumplí mi objetivo, monté un local, y ahora también tenemos reparto a domicilio”, relató a La Tribuna.

Lleva cuatro meses en este nuevo negocio, y ya ha podido ampliar su carta de productos, además de mantener una cartera de clientes que gustosos reciben el pedido en la puerta de su  propio hogar, tras agendarlo al +56 962384319 de “Frutería Safita”.

ENTRE TIJERAS Y MANUALIDADES

Yasna Salamanca es estilista y asesora de imagen, hace 21 años. Se ha capacitado en todo tipo de técnicas, con el fin de brindar un servicio de vanguardia tanto a los hombres como a las mujeres que llegaban al “Salón Marbella” del Edificio España.

Sin embargo en marzo todo se puso más complejo, y a mitad de mes decidió suspender sus prestaciones en el local, por el riesgo que esto implicaba, a causa del coronavirus. Decisión valiente, considerando que desde el pago del arriendo hasta los gastos básicos comenzarían a pesarle.

“Las personas que somos independientes, vivimos con lo que ganamos diariamente, no tenemos un sueldo fijo o algo estable que podamos distribuir para nuestros gastos. Me vi bastante afectada, la clientela comenzó a bajar, y una de mis especialidades son los niños, quienes fueron los primeros en replegarse a causa de la pandemia”, explicó.

Pero Yasna es inquieta, y un día en su casa, descubrió algunos materiales como lana, hilos, blondas, mostacillas y varitas de madera, con lo que dio rienda suelta a su motricidad fina y comenzaron a surgir distintas creaciones como atrapasueños, espejos y pantallas para ampolletas. “Esto me ha permitido pasar de mejor forma estos tres meses, y un poco más. Mis trabajos artesanales se venden en mi Facebook de Yasna Salamanca, y mis trabajos capilares que puedo hacer a domicilio, a través del fanpage de Salón Marbella y Peluquería Infantil”, precisó.

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