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Mujeres en la vida pública de Los Ángeles

La irrupción de la mujer en la política local se produjo recién a contar de los años ’40 cuando se otorgó el derecho a voto. Figura señera fue Raquel Gutiérrez Ojeda, la primera que fue electa con el voto popular.


 Por Juvenal Rivera

1, Raquel Gutiérrez, ex alcalde de Los Angeles

Los primeros años de la historia de Los Ángeles están marcados por predominio absoluto de los hombres en todos los ámbitos del quehacer público.

En la revisión de los documentos de época, el rol de la mujer se restringía a labores estrictamente domésticas. Tal vez la única referencia femenina esté en Isabel Riquelme, quien acompañó a su hijo Bernardo O’Higgins desde que arribó desde Inglaterra, en 1802, a hacerse cargo de la hacienda de “Las Canteras” que le legó Ambrosio O’Higgins.

Después de instalarse en la zona, O’Higgins llegaría a ser alcalde de Los Ángeles y diputado en representación de este territorio en el primer Congreso que funcionó nuestro país, allá por abril de 1811. Después, Bernardo se integraría al Ejército patriota. En todo ese tiempo, siempre estuvo su madre, incluso durante el destierro en Perú.

El rol de la mujer, principalmente desde fines del siglo XIX, recién comienza a aparecer marcado por las labores filantrópicas.

Ahí destacan los nombres de Isabel Robles, Auristela Dávila, Clara Rebolledo y Carmela Padilla quienes hicieron importantes contribuciones, principalmente a organizaciones religiosas dedicadas a la educación y al cuidado de la infancia, especialmente de los niños huérfanos.

Dentro de este grupo, sobresale la figura de la religiosa Sinforosa Carrasco, conocida como Sor Vicenta, quien por años, estuvo a cargo del hogar de niñas que lleva su nombre. También tuvo a su cargo, por mucho tiempo, la administración del hospital “San Sebastián” de Los Ángeles. A poco de ocurrida su muerte, en 1967, la principal avenida de acceso a la ciudad fue bautizada como Sor Vicenta como una forma de reconocerle su aporte a la ciudad.

Entrado el siglo pasado, se fue haciendo patente la irrupción de la mujer en el tema educacional. De hecho, hubo profesoras – especialmente de las formadas en las escuelas normalistas – que hicieron historia en decenas de generaciones de estudiantes. Por mencionar a algunas, están Gabriela Decap e Irma Yagui, que por años, fueron directoras de los Liceos Técnico y Comercial; o las docentes Irma Jana, Olga Pino, Eliana Martínez, Lucy Vilar y María Salas, entre otras.

Mención aparte merece Carla Cordua Sommer, nacida en Los Ángeles el 25 de diciembre de 1925 y que es prácticamente desconocida en esa zona. Ella es una destacadísima filósofa, autora de una veintena de libros y, además, es miembro de la Academia Chilena de la Lengua. En 2011, obtuvo el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales. En sus memorias de infancia, recuerda su vida en esta zona del país.

ARENA POLÍTICA

La irrupción de la mujer en la política local se produjo recién a contar de los años ’40 cuando se otorgó el derecho a voto.

En ese escenario, sobresale el rol de María Raquel Elena Gutiérrez Ojeda, más aún si se toma en cuenta lo conservadora que ha caracterizado a la sociedad angelina a lo largo de su historia. Ella fue candidata del Partido Radical en las elecciones de regidores de 1946, cargo que entonces duraba tres años (1947-1950). Al ser electa, marcó un hito histórico: fue la primera mujer que llegó al municipio local en un cargo de elección popular. En 1949, volvió a ser elegida. En los seis años que tuvo ese cargo, también fue alcaldesa subrogante en varias ocasiones.

Su labor social, que cumplía con su esposo, el médico Pedro Cortés, le valió el reconocimiento a ambos, quienes fueron declarados hijos ilustres de Los Ángeles en 1962.

María Raquel Gutiérrez falleció el 26 de marzo de 1975 en Santiago. Sin embargo, su recuerdo aún persiste en la ciudad con la plaza de juegos infantiles ubicada frente al Easy, en la avenida Vicuña Mackenna, lleva su nombre.

Ella fue la precursora del escaso puñado de mujeres que ha incursionado en la política local. Después vendría, Olga Vélez de Porro, quien fue elegida regidora entre 1953 y 1956.

En la década del ’60, Ana Paredes de Sauré, tuvo un destacadísimo rol público. De hecho, quien fue la segunda más votada en los comicios municipales de 1963. Pudo haber sido alcaldesa pero los ajustes electorales de ese tiempo, la dejaron fuera de esa opción.

La presencia femenina recién se retomó en las elecciones municipales con la irrupción de Teresa Stark, alcaldesa entre 1994 y 1996, a la que luego se sumaron, como concejalas, Myriam Quezada, Yasna Quezada, María Barra, Francisca Guzmán y Lidia Martínez.

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