viernes 21 de febrero, 2020

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La importancia y tradición de un balsadero de Callaqui

Ramón Piñaleo es el responsable de trasladar a pulso a quienes van a cruzar el río y disfruta su trabajo por ser parte de su vida y por desarrollarse en un espacio natural privilegiado. 


 Por Arturo Ledezma

Alto Biobío DIA UNO (13)

Nacido en Alto Biobío, Ramón Piñaleo lleva casi una década a cargo de uno de los oficios para muchos desconocido, pero fundamental en el tránsito y las comunicaciones terrestres, ya que es uno de los dos operadores del Balsadero Callaqui, ubicado en Alto Biobío. “Además en este sector yo me crié. Nací en Alto Biobío y es bonito trabajar en un lugar que uno conoce”, dice Ramón.

Hay que señalar que el Balsadero Callaqui no solo es un acceso para quienes se desplazan por trabajo o por vivir en el sector, sino que además es uno de los accesos a la Reserva Nacional Altos de Pemehue en las comunas de Quilaco y Mulchén, y que es frecuentada por turistas que van a conocer este lugar que es un espacio de protección para especies como el cóndor, junto con ser hábitat de zorros y pumas.

Gracias a este tipo de accesos es que los vecinos pueden entrar y salir durante todo el año sin ningún problema, y llegar a sectores de difícil acceso. 

Y si bien a veces cuando las personas se desplazan de un lado a otro en busca de un destino turístico no siempre están atentas a esos pequeños detalles de conectividad, es fundamental el trabajo de personas como Piñaleo quienes permiten que los accesos no solo sean más efectivos sino además seguros, y permiten conectar lugares, por ejemplo, en casos de urgencia.

En conversación con La Tribuna, Ramón Piñaleo cuenta: “Trabajo acá hace nueve años, cuando entré por un reemplazo, y luego me quedé”. Y además añade que “esto está a cargo de Vialidad del Ministerio de Obras Públicas, y es un trabajo que se realiza de lunes a viernes, ya que los fines de semana no trabaja la balsa”. Cabe señalar que el balsadero es utilizado mucho, ya que “esto es un servicio público, por acá pasan los trabajadores de las globales, y gente que vive del campo del otro lado, ellos son los que ocupan la mayor parte de las veces la balsa, también pasa harto turista por acá”, comenta.

Además el encargado de trasladar a los paseantes nos cuenta que, tal como ha pasado en muchos puntos de la provincia, la demanda ha disminuido durante lo que va de 2020. “Este año fue poco el turista que pasó por acá, pero el año pasado y los años anteriores han pasado muchas personas por este lugar”. 


TRADICIÓN FAMILIAR 

Para Ramón este no es un trabajo cualquiera, ya que le apasiona y le gusta. Además de que guarda una relación con su propia historia. Al respecto cuenta: “Me gusta trabajar acá, es un trabajo tranquilo y además mis papás trabajaron en este embalsadero y ahora sigo yo, ha pasado de una generación a otra”. Y agrega: “Trabajé varios años en Los Ángeles y luego me vine a trabajar acá”, ya que así como hay oficios conocidos por ser llevados a cabo por generaciones, en el caso de la balsa ocurre lo mismo, de hecho desde hace algunos años que esta balsa, que traslada automóviles y a grupos de personas, era antiguamente una balsa de madera, que con los vaivenes del río a veces ponía la tarea no solo difícil sino además peligrosa. Ahora en cambio, y luego de una inversión que permitió concretar una balsa que cuenta con todas las medidas de seguridad, existe la tranquilidad de que el paso es confiable, y que está en buenas manos por tratarse de funcionarios con capacitación y oficio. “Es un trabajo muy necesario, porque si no hubiera nadie acá con capacitación para hacer esto no podría hacerse, ya que podrían generarse accidentes”. Además cuenta que “fuimos capacitados con mi colega Julio y también tenemos mucha experiencia por llevar varios años acá. Y la experiencia es lo que más sirve para este trabajo”.

Sin duda alguna que la experiencia es importante, ya que hay que señalar que esta balsa se mueve gracias a la tracción que Ramón y sus colegas hacen literalmente a pulso, pues no es una balsa motorizada, sino que mediante cables se realiza el tiraje manual que permite moverla de un lado a otro. Esto no es nada fácil, ya que solo el peso de la estructura es algo importante, y a eso hay que sumar el peso de los vehículos que pasan de un lado a otro, junto con las personas y el equipaje que puedan llevar en el trayecto.

“Esto se mueve a pulso, es todo manual, así que es un poco pesado el trabajo, pero siempre hemos hecho esto y nos resulta normal. Y como me gusta mucho hacerlo”, cuenta Ramón, y además agrega que “por cada vez que uno tira es como tirar unos 200 kilos de peso, y esas son varias veces por cada oportunidad que uno va de un lado a otro”. 

Es relevante saber que este balsadero está en manos de personas como Ramón y sus colegas, ya que no es algo que se pueda hacer sin la ayuda y supervisión de personal capacitado. La gente podría tratar de cruzar y eso es peligroso, por eso es importante el trabajo del protagonista de esta historia. Además hay que señalar que la importancia de este tipo de trabajos es que permiten conectar puntos que, de otro modo, quedarían aislados. Al respecto Piñaleo señala: “La gente, sobre todo la que vive del otro lado, quedaría aislada, porque es un trayecto largo para dar la vuelta por Angostura, son como 9 kilómetros que se tendrían que dar”, puntualiza. 

No hay que olvidar que este servicio gratuito implementado por el MOP funciona de lunes a jueves hasta las 17:30, y el día viernes hasta las 16:30, y cuando pasen por ese lugar no se olviden de seguir las medidas de seguridad y de conversar durante el trayecto con Ramón Piñaleo que los llevará de un lado a otro con la amabilidad y profesionalismo que lo caracterizan.

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