viernes 28 de febrero, 2020

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Suelería Biobío: 34 años de tradición en la ciudad de Los Ángeles

El legado familiar ha logrado hacer perdurar este negocio que se ha mantenido vigente a través de los años, viendo crecer la ciudad y formando parte de la idiosincrasia angelina.


 Por Juan Villalobos

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Las suelerias son tiendas que desde antaño venden todo tipo de materiales para confeccionar zapatos e incluso en algunos casos prestan servicios para la mantención del calzado, con zapateros enfocados en coser, reparar y pegar suelas.

En Los Ángeles con el paso de los años diversos negocios de esta índole se repartieron a lo largo y ancho de la ciudad, sin embargo no todos pudieron mantenerse vigentes ante las inclemencias del actual comercio donde predominan los grandes conglomerados empresariales y donde las tiendas del comercio minorista han tenido que ver como sus ventas van disminuyendo sustancialmente en el largo plazo hasta ir desapareciendo lentamente.

Para “Sueleria Biobío” el camino no ha sido fácil ya que sorteando épocas muy difíciles para el negocio su dueña María Edith Lavín Obando (65), ha logrado mantener un legado familiar que junto a sus hijos se ha mantenido funcionando, con la tradicional impronta de un lugar que reúne, el acogedor aspecto de un taller.

Todos los clientes son conocidos y recibidos con gran cariño, al visitar el lugar, que con su característico olor a cuero hace notar que el oficio de la zapatería está más vivo que nunca y es una tradición que sin duda se resistirá a desaparecer pese al avance de las marcas y las nuevas tecnologías.

UNA HISTORIA DE ESFUERZO Y CONSTANCIA

En el año 1986, comenzó la historia de este tracional local, que en aquel entonces estaba ubicado en la calle Tucapel, dando inicio a una larga historia que se mantendría hasta el día de hoy.

“En aquellos años arrendé un local justo al frente de donde estamos ubicados en la actualidad la calle Almagro 661, después con el pasar de los años la compañía Steel compró el edificio por lo que tuvimos que buscar un nuevo lugar. Donde nos tuvimos que trasladar en una ubicación no muy rentable, pasado Galvarino, fueron años muy difíciles para nuestro negocio allá”. Explica con nostalgia María Edith Lavín dueña de la Suelería Biobío recordando parte de la historia de su querido negocio familiar.

La emprendedora relató con gran emoción que tribuye la permanencia de su negocio a Dios ya que de las seis suelerías presentes en Los Ángeles, únicamente su negocio ha podido mantenerse presente a través del tiempo, siendo ya 34 años. Profundizando un poco la labor que tiene una suelería en el contexto del oficio de la zapatería María Lavín explicó que su negocio está encargado de proveer de materiales como, plantas de cuero para los zapatos, tintas para teñir el cuero. También se realizan artesanías en cuero como fundas para cuchillos, coletos para carpinteros y también tapices de cuero que cabe destacar son un producto con gran índice de ventas.

LEGADO FAMILIAR

A través de los años conseguir que un negocio de esta índole se mantenga es un gran logro. En este caso gracias a la colaboración familiar y el esfuerzo constante.

“Mis dos hijos mayores trabajan conmigo en el negocio, lo que me mantiene muy feliz ya que puedo ver que esta tradición se va a ir manteniendo a través del tiempo. Espero que todos los chicos puedan hacer perdurar nuestra tienda”. Relató María Edith Lavín.

La fiel clientela ha acompañado, la historia viva de este clásico lugar “tengo clientes de muchos años, hay algunos que ya han partido incluso. Quedan las reliquias, trabajadores antiguos dedicados al oficio de la zapatería, donde quedan los hijos siguiendo la tradición y ellos son los que siguen viniendo a comprar a nuestro local”.

Este es el principal punto de distribución para el rubro artesanal de los zapateros en la comuna de Los Ángeles, donde la totalidad de las reparadoras de calzado se abastecen con materiales de primera calidad.

PERMANENCIA EN EL ACTUAL COMERCIO  

Treinta y cinco años de historia, con altos y bajos como en cualquier negocio han logrado posicionar con gran prestigio la calidad de un servicio donde cada compra trae una conversación o simplemente un amistoso saludo, que hace la diferencia notablemente al momento de realizar una compra a diferencia de cualquier local perteneciente a las grandes casa comerciales.

Sobrevivir a la competencia que trae consigo las grandes tiendas y el acontecer nacional en el ámbito de la crisis social ha presentado un gran desafío para todo el comercio minorista que muchas veces como en este caso es administrado por sus propios dueños.

“Han bajado mucho las ventas con el pasar de los años y la llegada de las tiendas grandes. Sobre todo en el último tiempo con todo el tema de las revueltas, confiamos que todo se va arreglar. Tampoco nos ha perjudicado de gran manera la llegada del comercio como el Mall por ejemplo, ya que ellos no tienen lo que yo trabajo”, explicó María Lavín dueña de Suelería Biobío.

LA ZAPATERÍA UN OFICIO MÁS VIVO QUE NUNCA

Actualmente entre los locales de barrio todavía hay algunos que conservan el aspecto de talleres especializados en distintos oficios, tiendas que se surten de materiales provenientes de las suelerías.

Existen diversos oficios ligados al mundo de los zapatos que han sabido reinventarse y seguir vigentes a través del tiempo.

Entre ellos están los reparadores de calzado, quienes son los que realizan todas las costuras necesarias para unir los cortes del cuero.

También podemos encontrar a los cosedores, quienes son los encargados de coser las suelas de los zapatos con grandes y potentes máquinas, pero también de forma manual y artesanal.

En este contexto cabe destacar que dentro los talleres de confección y reparación de calzados, en la actualidad hay dos máquinas muy importantes, que la mayoría de la veces sorprenden de gran forma a todo quien sea ajeno al rubro.

La primera funciona con el movimiento de una palanca y está encargada de clavar a presión cuatro clavos a la planta del zapato con la finalidad de unir fijamente el taco a la estructura del zapato.

La segunda es conocida comúnmente como pulidora, funciona con un motor que activa unas poleas para hacer girar un disco de pulido los cuales varían el grosor de sus lijas dependiendo de cuan fina o delicada sea la tarea.

Sin embargo aún existen tiendas que conservan un estilo antiguo donde se realiza un trabajo totalmente manual, y mayoritariamente tienen el aspecto de un taller. Las cuales están desprovistas de cualquier tipo de maquinaria y grandes herramientas tecnológicas.

ZAPATERÍA EN CHILE

En la actualidad  en un mercado como el nacional, que tiene una de las cifras de consumo de calzado per cápita más alta del mundo.

El último informe detallado en este contexto correspondiente al año 2017 señala que cada chileno se compró en promedio 5,5 pares de zapatos, superados en América solo por Estados Unidos. Pero dentro de ese universo se estima que solo 7,7 millones de pares son de producción nacional, mientras que 106 millones fueron importados, siendo China el país que, por lejos, encabeza la lista con 84,8% del total, según datos entregados por la Cámara de Industrias del Cuero, Calzado y Afines (Fedeccal).

Cifras abrumadoras si se compara con la realidad de 1991, cuando la industria zapatera nacional tuvo su peak, llegando a producir 35 millones de pares e importando apenas 2,2 millones. Otra consecuencia es que del total de las mil fábricas que había en los noventa, hoy existe la mitad.

Pese al avance del ámbito industrial y su desplazamiento del mercado artesanal, existe un creciente nicho cada vez más grande en compradores que se ve atraído hacia lo tradicional.

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