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Identidad

Algunos de los principales hitos de la radio en Los Ángeles

En una época anterior a la aparición de internet, muchísimo antes de la irrupción de las redes sociales, la programación de las radios fueron marcando distintas etapas en la vida de los habitantes de la zona.


 Por Juvenal Rivera

10-3, radio San Cristóbal

La historia de la radio en Los Angeles ha estado marcada por varios hitos. Fue el 20 de octubre de 1946 cuando la hegemonía de las radios capitalinas fue interrumpida por la radio Agricultura que ese día inició sus primeras transmisiones. Fue un verdadero acontecimiento para la época.

De la mano de esa casa radial, hubo locutores que hicieron historia como René “El Mudito” Olivares, fallecido a fines de la década del 50. Al contrario de su apodo, él era conocido por su locuacidad y también por liderar campañas sociales que le valieron un reconocimiento público. De hecho, lleva su nombre un pasaje situado entre las calles Camilo Henríquez y Alcázar.

También está el recuerdo entrañable del programa “Los Cuentos del Tío Walo”, dirigido por el locutor Osvaldo Sepúlveda que también sería el punto de partida para varios hombres que siguieron siempre ligados al mundo de la radio.

También lo fue en 1978 cuando la radio Girasol – iniciada por la familia Gutiérrez – fue la primera en iniciar sus transmisiones en formato FM. La calidad del sonido era inigualable y, con el paso de los años, se terminó con consolidar en las audiencias.

Un año después, el 19 de junio de 1979, surgió la radio San Cristóbal que marcó un giro fundamental en materia musical al: “ofrecer temas desconocidos en Chile pero que en la onda europea y norteamericana son de plena actualidad”, según se explicaba en su momento.

En los 90 hubo nuevo giro. En esa década surgió la radio Vía Libre (103.1 del dial FM) que marcó toda una etapa en la radiofonía de ese tiempo.

El relajado estilo de locución y la novedad de programación musical, basada en música rock y pop en inglés, fueron un referente para varias generaciones de jóvenes que la convirtieron en su favorita, pese a que no alcanzó a estar más de seis años al aire.

Fue una época anterior a la aparición de la internet, muchísimo antes de la irrupción de las redes sociales, en un tiempo en que la sociedad angelina seguía haciendo gala de su tradicional conservadurismo.

De muestra, un botón. La programación de especiales con conciertos de Pearl Jam o de Nirvana en la radio Vía Libre durante el fin de semana Santa, derivó en amenazas de algunas conocidas casas comerciales de retirar toda la publicidad radial por semejante herejía. Es que, en ese tiempo, solo se emitía música sacra o clásica en los medios hablados.

Además, en esa época, las radios locales – en su mayoría de la frecuencia AM- transitaban entre las rancheras, el pop y la balada, todo en español. Como gran suceso, se programaban algunos temas de los grupos rockeros de la segunda mitad de los 80, con bandas que después harían historia, como Los Prisioneros o Soda Stereo.

Recién en esos años, empezaron a incursionar las primeras radios en FM de cobertura nacional, como la Pudahuel y la Aurora, con locutores en vivo y música en español. En 1992 partió la radio Rock & Pop, marcando un giro en ampliar los gustos musicales.

A partir de la propuesta de la Rock & Pop, el gerente de Radio Agricultura de Los Angeles, Jorge Rodríguez Vergaray, diseñó una idea muy similar en el formato y el estilo musical. La Vía Libre fue la primera radio local de corte juvenil y locutores en vivo que hablaban de manera distendida, sin los formalismos ni los modos siempre circunspectos de los presentadores de antes.

Fue un suceso.

De 7 de la mañana hasta las 12 de la noche, el dial se encendía con música para gente joven. Los programas como “La Silla Eléctrica” de Patricio Fuica, “De todo un poco” con la Alejandra Peña y, especialmente, con el espacio llamado “Contacto Directo” de Gloria Díaz Barthled (“la Yoyi”) fueron un inesperado éxito en sintonía.

La misma Gloria Díaz contaría, en una nota de prensa, que a diario recibía entre 60 y 100 cartas de auditores que le contaban todo tipo de situaciones, desde líos sentimentales, problemas en los estudios o dilemas existenciales.

La gracia del programa, que se emitía de lunes a viernes de 20,30 a 22,30 horas, es que muchas cartas de leían al aire y se abrían los micrófonos para pedir algunas ocasiones o para que los jóvenes enviaran saludos, especialmente entre los liceanos.

Pero no solo fue una propuesta radial. La emisora salió del locutorio y organizó las “Free Way Party” que convocaba a cientos de jóvenes a alguna de las discoteques de ese tiempo, como la Factory o la Broadway. El atractivo de la música, los premios – se sorteaban motos – y los mismos locutores animando las fiestas repletaban los recintos, dejando a muchos con las ganas de participar. En esos mismos eventos, se vieron los primeros DJs programando la música en la misma discoteque.

La Vía Libre fue parte del poderoso holding de radios que levantó Jorge Rodríguez, que incluía a la radio Agricultura como buque insignia, además de las radio San Cristóbal y la Esmeralda.

Sin embargo, lo bueno dura poco. La crisis económica de fines de los ’90  y la necesidad que la radio Agricultura estuviera en el dial FM para mejorar sus ventas, obligaron a sacrificar a la Vía Libre. Ya había cerrado la Esmeralda por temas de financiamiento y la San Cristóbal seguía siendo rentable: tenía buenos números de ventas y sus costos operativos eran bajos. En cambio, aunque la Vía Libre era un éxito en sintonía, las ventas no tenían la misma correspondencia y sus costos operativos eran altos, básicamente por el numeroso equipo humano de locutores y radiocontrolares.

A mediados del ‘99, la radio Vía Libre vería el final de sus transmisiones aunque su recuerdo quedó en la memoria de quienes fueron adolescentes.


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