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Identidad

Bomba Biobío, la joyita de los bomberos de Los Ángeles

Cada cierto tiempo, el equipo a vapor sale de su lugar de exhibición para demostrar que, pese al paso de los años, sigue estando operativa.


 Por Juvenal Rivera

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La Bomba Biobío, usada por los voluntarios de bomberos de Los Angeles a principios del siglo pasado, luce orgullosa y altiva en un lugar particular del cuartel general de los caballeros del fuego, a la vista del público que circula a diario por la esquina de la avenida Ricardo Vicuña con la calle O’Higgins.

Aunque estuvo varios años fuera de su espacio tradicional de exhibición, en 2017 volvió a su hogar de siempre, luego que se completaran las reparaciones del cuartel general, severamente dañado por el terremoto de febrero de 2010.

Durante esos años, la institución debió peregrinar por varias ubicaciones a la espera de la reparación de las instalaciones. También debió hacerlo la Bomba Biobío, un verdadero símbolo para los voluntarios angelinos.

Es que se trata de un elemento icónico que es la prueba tangible de una etapa fundamental de la entidad en la zona, que trasunta la mística y entrega de aquellos caballeros del fuego que acudían por alguna emergencia.

Recordemos su historia. El armatoste fue comprado por el Cuerpo de Bomberos de Los Angeles (en este entonces, eran solo dos compañías) allá por 1899 a sus pares de la Quinta Compañía de Valparaíso.

Seis mil pesos de la moneda de ese tiempo costó esa máquina a vapor, en lo que representó la primera compra de un equipo de ese tipo para enfrentar los incendios de viviendas. De hecho, gracias a la presión de la caldera se podía lanzar un potente chorro de agua hacia la zona afectada.

¿Y cómo se llevaba a las zonas amagadas? Dos fornidos caballos percherones tenían la misión de trasladar la Bomba Biobío a todos los rincones de la ciudad (el área urbana era bastante más reducida en esos años).

De acuerdo a los relatos de aquel tiempo, los pingos estaban tan bien adiestrados que apenas escuchaban el sonido de las sirenas y ya estaban en disposición a partir hacia la zona afectada. Sin embargo, en más de una ocasión, estos caballos se encabritaban y emprendían su camino hacia un rumbo distinto.

La bomba dejó de operar en 1926 pero la unidad de mantuvo en poder de los voluntarios angelinos. Sus pares de Valparaíso han pretendido tenerla de vuelta. Incluso, han ofrecido máquinas y equipos nuevos a cambio de aquel que vendieron a fines del siglo XIX pero los bomberos se acá no han cedido a semejantes tentaciones.

Como si fuera poco, cada cierto tiempo, sale de su lugar de exposición para ser parte de en algún aniversario institucional a nivel local. Pero no se queda solo ahí: en sus entrañas vuelve a sentir el calor de la leña encendida que, por medio de un enrevesado procedimiento (similar a una locomotora a vapor), genera la presión necesaria para lanzar un chorro de agua con gran potencia.


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