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Educación

Método Montessori: Una propuesta pedagógica que llegó para quedarse

A través de una educación autodidáctica y que entrega libertad para el desarrollo de los niños y niñas, el método creado por María Montessori se ha popularizado en nuestro país.


 Por Sofía Meier

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Una propuesta educacional basada en la observación científica, así se define este método que busca potenciar las diversas fases del desarrollo de niños y niñas, poniendo en primer plano, sus intereses y capacidades. Los principios del método son claros: Los niños deben tener libertad para desarrollar sus capacidades y aprender a su ritmo; un entorno estimulante, de comprensión y observación de parte de los adultos. El segundo principio refiere al ambiente: Este debe estar preparado para aportar a los niños, con tamaños y realidades que permitan que cada elemento aporte en su desarrollo. 

Este método puede implementarse de manera conjunta, por completo o también, en pequeñas instancias dentro de la educación tradicional, complementando la práctica educativa diaria. El niño es protagonista de su propio aprendizaje, por tanto, este sistema de aprendizaje se basa en el acompañamiento del niño dentro de sus necesidades educativas específicas. 

UNA VISIÓN LOCAL DEL MÉTODO

Se caracteriza por proveer un ambiente preparado, donde se respeta el interés del niño o niña a través de la libertad de elección y del mismo modo, favorece la autonomía”, así define el método Estefanía Flores, directora del Jardín Pulmahue Montessori. Cuenta que dentro del establecimiento, “los salones se agrupan por rango etario. Por ejemplo, un salón está compuesto por niños de dos a tres años y otro salón por niños de tres a cinco años con 11 meses, es decir, en este último grupo es heterogéneo”. En cuanto al espacio educativo, ambos salones se organizan en áreas de trabajo con materiales concretos y algunos reales, las áreas son: Vida práctica, lenguaje, artes, sensoriomotriz y a partir de los tres años el nivel de desafío aumenta de acuerdo al grupo y además se incorporan las áreas de: Matemáticas, ciencias y sensorial. 

En el salón, los adultos asumen el rol de “guía”, es decir, acompañan, observan, ofrecen oportunidades de trabajo y permiten al niño actuar. Lo anterior lo realizan de manera individual con cada niño o niña, identificando sus gustos, intereses y habilidades. Por último, una vez que las guías conocen a su grupo, inician un trabajo intencionado, donde de manera individual se selecciona y “presentan materiales de desarrollo”, es decir, se muestra su uso, con la finalidad, de que el niño(a) cuando desee nuevamente utilizarlo pueda hacerlo sin ayuda del adulto. 

LAS VENTAJAS DEL MÉTODO POR SOBRE LO TRADICIONAL

Estefanía recalca la importancia de este método y su aplicación en el resto del sistema, sobre todo en la primera etapa de la infancia, que es “crucial para el desarrollo de las personas del mañana”. El hecho de ser un modelo educativo que respeta la individualidad del niño, permite que el adulto entregue desafíos precisos, justos, acordes a los parámetros de su desarrollo. Asimismo, este trabajo fortalecerá la autoestima y confianza del niño o niña, ya que podrá ejercer la posibilidad de decidir en cada situación o momento. Lo anterior, permitirá formar un ser íntegro, seguro de sí mismo y con la capacidad de reconocer sus gustos e intereses, sin la necesidad de buscar la aprobación en los demás. 

“Conversando como equipo, nos hemos percatado de lo enriquecedor que es como adulto conocer este método, ya que uno se detiene a analizar el modelo educativo y realiza muchas reflexiones que incluso le permiten hacer mejoras en la vida personal”. 

“¿Cómo hubiese sido, si hubiéramos tenido la posibilidad de estar en un jardín Montessori cuando éramos niñas? ¿Qué integraríamos en la etapa adulta? Estas preguntas y otras que surgen cuando uno comienza a estudiar el método, permite evaluar qué estamos haciendo “ahora””, concluye Estefanía, haciendo una invitación abierta a conocer este método y sumarse a las comunidades educativas que lo utilizan. 


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