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La Tribuna

Radiografía de Indicadores de Género Biobío

por La Tribuna

Reunión, mesa de conversación, planificación / Pixabay

La presencia femenina en las organizaciones del Biobío llegó al 28,7%. Pero la cifra resulta todavía más preocupante cuando se observa dónde están esas mujeres dentro de las empresas: apenas ocupan el 24% de las gerencias de primera línea y el 23% de las jefaturas. En ambos casos, además, se produjo un retroceso respecto del año anterior.

Los datos de la Tercera Radiografía de Indicadores de Género Biobío 2025, desarrollada por la Universidad del Desarrollo y la Cámara de la Producción y del Comercio del Biobío, dan cuenta que el desafío ya no pasa solamente por incorporar mujeres al mercado laboral, sino por analizar las reales oportunidades que encuentran las mujeres una vez que ingresan y cuántas logran avanzar hacia posiciones de mayor responsabilidad.

Durante los últimos años se ha avanzado en instalar la equidad de género dentro de la conversación empresarial. Existen políticas, protocolos y una mayor conciencia respecto de la necesidad de generar ambientes laborales más inclusivos. Sin embargo, el estudio identifica lo que denomina un "desacople organizacional", mientras existe disposición hacia determinadas medidas, esa voluntad disminuye cuando se trata de transformarlas en políticas formales, asignar responsables, disponer recursos o evaluar sus resultados.

Las cifras son ilustrativas, un 83% de las organizaciones declara garantizar procesos de selección equitativos, pero solo un 51% cuenta con una política formal explícita. Apenas el 27% monitorea el desarrollo de carrera mediante indicadores diferenciados por género y solo un 16% dispone de presupuesto específico para reducir estas brechas.  Ahí parece estar hoy buena parte del desafío: "pasar de las buenas intenciones a resultados que puedan medirse".

La propia radiografía entrega, sin embargo, una señal interesante. Allí donde existen obligaciones claras, los avances son mayores. En prevención del acoso y violencia laboral, el 91% de las organizaciones dispone de canales confidenciales de denuncia, el 85% cuenta con protocolos de prevención y el 83% aplica procedimientos formales de investigación y sanción. La implementación de la Ley Karin aparece como un factor relevante para acelerar estos cambios.

El desafío para el Biobío es que esa capacidad de avanzar también pueda expresarse en ámbitos como el desarrollo de carrera, las remuneraciones, la corresponsabilidad y el acceso a los espacios de decisión.  Y para hacerlo existe un punto de partida indispensable: medir.

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