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El renacer de un orgullo vitivinícola

por La Tribuna

Medalla de Oro para vino Rosé de Cooperativa Los Notros / Cedida

La medalla de oro obtenida por el rosé de cepa país elaborado por la Cooperativa Campesina Los Notros es una señal clara de que nuestra provincia puede recuperar tradiciones productivas que parecían olvidadas y convertirlas en motores complementarios de desarrollo local.

En Nacimiento, territorio donde la vitivinicultura llegó a tener presencia significativa, este premio simboliza también la resiliencia y capacidad de reconstrucción de una comunidad agrícola. Los Notros llegó a reunir 450 socios en sus mejores tiempos; hoy apenas quedan 40. Pero lo que esta cooperativa está demostrando es que con organización, apoyo técnico y visión de largo plazo es posible volver a levantar una actividad que tiene valor cultural, económico y patrimonial.

En este caso, viñas antiguas han sido recuperadas y gracias a un trabajo público-privado que siempre destacamos desde este espacio, se incorporó tecnología moderna que permite producir vinos competitivos sin perder identidad.

La cepa país -menospreciada durante décadas- se transforma aquí en un símbolo de autenticidad. Bajo la guía técnica del enólogo Edmundo Bordeu, académico de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, este rosé demuestra que Biobío no necesita imitar a otros valles para hacerse un nombre propio. Lo que ofrece es único: historia, terruño y una forma de producir donde el trabajo campesino no es solo un relato o una historia que contar, sino una realidad presente y de gran proyección al futuro.

Nacimiento tiene una oportunidad para reposicionarse dentro del mapa vitivinícola chileno, integrando producción, turismo y cultura territorial. La consolidación del proyecto exige continuidad, una estrategia comercial definida y la ampliación de su base social. La vitivinicultura de identidad sólo se sostiene si logra generar valor consistente, abrir mercados y atraer a más agricultores a reactivar sus viñas. La calidad ya quedó demostrada; ahora viene la etapa más difícil: convertir este logro en un impulso sostenible.

Para la provincia de Biobío, este caso ofrece una lección relevante. No todo el desarrollo depende de grandes industrias o inversiones de escala. A veces, la clave está en complementar aquello con lo que nos pertenece: productos con historia, oficios tradicionales y cadenas de valor que fortalecen a las comunidades rurales.

Si Biobío quiere proyectarse hacia el futuro con identidad, la recuperación vitivinícola de Nacimiento no debe verse como una anécdota, sino como una señal de que aún existen espacios donde el trabajo colectivo, la innovación y la memoria pueden transformarse en desarrollo real.

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