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Hitos para no olvidar en el 2025

por La Tribuna

Nacimiento laguna Laja, Antuco / Fredy Muñoz, Archivo - La Tribuna

La casualidad, el azar o lo que fuera hará que en el próximo 2025, necesariamente, se releven dos hitos trascendentales en la historia local: la llegada del tren a Los Ángeles (1875) y la puesta en marcha del Canal de la Asociación de Canalistas del Laja (1925).

Del primer acontecimiento se cumplirán 150 años. Del segundo, la centuria. Sobre su importancia de ambos, ya se ha hablado en varias ocasiones anteriores, pero bien vale recordarlo por qué su importancia.

Fue en noviembre de 1875 cuando comenzó a funcionar la estación de ferrocarriles, en el mismo lugar donde ahora está el supermercado Jumbo y la Universidad Inacap. Su habilitación permitió que la ciudad de Los Ángeles saliera de su aislamiento durante buena parte del año, condición que limitó las posibilidades de desarrollo en la modestísima villa de aquel entonces.

La zona se caracteriza por la presencia de una serie de cursos fluviales, algunos de ellos surgidos en pleno valle central, los cuales crecían de manera desmesurada y frenaban las comunicaciones en los tiempos en que solo el caballo era el medio de transporte.

Por eso, cuando llegó el "caballo de acero", Los Ángeles se pudo - por fin - conectar al resto del país.

En 1925, específicamente el 8 de diciembre, se realizó la ceremonia de apertura del canal matriz de la Asociación de Canalistas del Laja, entidad creada en 1916. En aquella ceremonia, que tuvo la participación de importantes personalidades, como el vicepresidente de la República, Luis Barros Borgoño, se dio el vamos a una obra trascendental en la historia local. Fueron 40 mil hectáreas de suelos de la zona que, en una primera etapa, comenzaron a florecer gracias al riego. Años más tarde se sumarían otras 20 mil hectáreas.

Fue, literalmente, un cambio en 180 grados. El crecimiento económico de la provincia de Biobío tuvo su punto de inflexión en el desarrollo de la agricultura, gracias riego. Primero fueron los cultivos tradicionales, como el maíz y el trigo. Desde 1954 se sumó la actividad remolachera, que incorporó nuevas maneras de producir y sacarle mayores rendimientos a la tierra. En los últimos años se han sumado variedades de frutales.

En buena medida, el auge económico, que tuvo a Los Ángeles como su centro proveedores de bienes y servicios devino en un explosivo crecimiento demográfico. Cientos de familias de las zonas rurales llegaban a la ciudad, atraídas por el imán de nuevas alternativas laborales. Tal cual como lo reseñaron de manera poética las publicaciones de la época, ese 8 de diciembre de 1925 "mecánicamente se abrieron las compuertas y todos vieron que un mar de agua iba a fecundar la tierra, y convertir el jardín en desierto".

Ambos acontecimientos no se pueden pasar por alto. Fueron demasiado relevantes en la historia local para que no se consideren dentro de la programación de los eventos del año. Las autoridades y las organizaciones de la sociedad civil deben ponerse de acuerdo para relevar ambos hitos porque fueron fundamentales para entender lo que ahora sucede en Los Ángeles y la provincia de Biobío.

Se deben contar, promover y divulgar en las nuevas generaciones para que así también se entienda mejor lo que son nuestras raíces y se aquilate el rol de quienes fueron los gestores y promotores de semejantes épicas en la historia local.

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