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La cultura del pillo

por La Tribuna

pillos / Pixabay

Nos hemos acostumbrado a la cultura del "pillo". Desde una acción tan simple - y demasiado  habitual - que es saltarse la fila para ser atendido antes que todos los que han esperado su turno para realizar determinado trámite, hasta enrevesadas estafas que les reportan enormes beneficios en detrimento de quienes buscan ganarse su dinero de manera honrada. Los audios filtrados hace algunas semanas muestran a un trío de pillos queriendo hacer trampas (delitos, en boca de un destacadísimo abogado penalista) para embolsarse dinero. No importa lo que se deba pagar. Incluso, no faltó quien aplaude esa supuesta "astucia", los destaca hasta llegar al absurdo de mostrarlos como un ejemplo digno de imitar porque, además de todo, representan una forma de ser muy propia, son es parte de nuestra idiosincrasia. "Si todos lo hacen, porqué yo no".

De alguna manera -y hasta cierto punto- constituye un elemento fundamental que devela lo característico de cada uno, reforzando esta dimensión simbólica que define también a nuestra sociedad. Lo cierto es que, como todo en la vida, tanto como destacamos nuestra solidaridad y resiliencia frente a las catástrofes y emergencias, también hay las características negativas que hemos asumido como propias, sin ningún atisbo de arrepentimiento. Ni siquiera un reproche.

Más de alguno ha jugado el papel de "pillo" (sino todos) para obtener beneficios cortoplacistas y de acceso rápido pensando poco en las consecuencias; sin embargo, después de arraigadas ciertas costumbres, todo se transforma en hábitos y se relativiza.

El problema es que su transversalidad es indiscreta, nadie intenta disimularlo y cada vez que se recurre a esta forma de comportamiento, la respuesta es que "el chileno es así". Es tan elocuente, que incluso causa alegría cuando alguien o algunos tienen la oportunidad de "hacerla". Y aunque muchos plantearían como argumento la necesidad de reclamar "justicia" frente la impotencia de cómo las esferas públicas y gubernamentales han hecho y deshecho a su favor aplicando el mismo atajo (cuando en teoría deberían ser los primeros en ajustarse a la norma, leyes y "buenas costumbres"), lo cierto es que la lógica del "¿y por qué yo no?" confirma un dicho muy chileno: "mal de muchos, consuelo de tontos".

Aunque "ser pillo" es la virtud del astuto que se fía de que no será descubierto o que si lo es, podrán salvar algo magullado pero indemne, en ese concepto se esconde una profunda falta de compromiso, responsabilidad y disciplina tanto individual como colectivamente. Ejemplos hay varios y de sobra. Desde el presidente que piensa que nadie está observando cada uno de sus movimientos, pasando por un congreso y un círculo empresarial atestado de personajes coimeros y fraudulentos, para finalmente reconocer que se replican conductas asociadas al mismo patrón.

Esta singular forma de ser tiene que ser erradicada. Aunque se trata de un asunto cultural demasiado arraigado, se debe tener que plena conciencia que siempre hay alguien que pierde, otro que queda en una situación de desmedro, que así solo se taladra la necesaria confianza entre nosotros mismos, empujando a pensarse como futuros y potenciales enemigos. Y eso a largo plazo, no trae buenas consecuencias.

Lo positivo es que esta forma de ser puede cambiar. Nada está escrito en piedra. Aunque sea un proceso paulatino, debemos hacernos cargo que la "cultura del pillo" no está bien, no puede ser, no debe ser un ejemplo a seguir. Depende de nosotros. En definitiva.

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