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Editorial

¿Regular o Censurar?


 Por Claudia Fuentes
Directora

El pasado 22 de noviembre, la Cámara de Diputados y Diputadas, a través de la resolución N°245 manifestó su preocupación por la “desinformación” que afecta a la Sociedad, instando al Presidente de la República a adoptar medidas, entre las cuáles, se propone –por ejemplo- imponer a los medios de comunicación la obligación de rectificar las informaciones falsas que circulen en redes sociales.

Ante esto la estrategia del Gobierno, liderada por la ministra Camila Vallejo, apunta atacar las noticias falsas con dos estrategias: mayor diversidad y control de los medios.

La desinformación constituye, sin duda, uno de los efectos más perniciosos para el funcionamiento de la democracia. No obstante, y fue la reflexión de la Federación de Medios de Comunicación de Chile, compuesta por la Asociación Nacional de Televisión (ANATEL), la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) y la Asociación de Radiodifusores de Chile (ARCHI), las FAKE NEWS no se combaten con restricciones a la libertad de expresión, sino con “educación y más buena información”.

De aquí mi reflexión, al compartir cabalmente esta mirada.  Primero, no se puede desconocer que las fake news son una pandemia, con expansión mundial y con una proliferación de casos que se extiende día con día.  Pero, de dónde viene el virus, pues bien, he aquí mi análisis. 

Las tecnologías de la información y redes sociales han permitido que la información, o desinformación, sea globalizada y de libre acceso. Esto, sumado a una población, en su mayoría, resistente a la lectura reflexiva y al análisis crítico de lo que lee, escucha y ve, hace que este virus se propague.  Cuántas y cuántos, leen o ven algo de su interés, la mayoría de las veces de redes sociales, y comparten sin siquiera revisar el origen de la información.  Cuántos seudomedios funcionan sin profesionales, y plataformas de información (perfiles en redes sociales), a cuántos de estos medios se le inyectan recursos, más públicos que privados, sólo porque captan audiencias.  ¿A eso llamamos diversidad de medios?

Hoy, frente al fenómeno de la desinformación, los medios de comunicación tradicionales hemos desarrollado nuevas herramientas y habilidades que fortalecen al periodismo, para combatir y hacer frente a la desinformación.  Hemos reforzado rutinas periodísticas, el chequeo diario, y el apoyo de instancias de comprobación de la veracidad de datos que provienen de fuentes que circulan principalmente en las redes sociales (el fact checking), aun cuando en algunos momentos perdemos ciertos niveles de inmediatez. 

Claramente, no existe la perfección, pero ¿es justo que a un trabajo profesional se le cuelgue las malas prácticas de los medios informales, y aún más se les obligue a ratificar el mal trabajo de otros?

El fenómeno de la desinformación afecta a toda la sociedad, y los medios de comunicación social somos los principales interesados en fortalecer las herramientas que la ciudadanía tiene para informarse. Pero se necesita un debate serio y responsable, sin atacar el bien más preciado que tiene hoy una Sociedad, la libertad de expresión.

Mi último punto, y muy personal, es un análisis de lo que hoy los políticos, de todas las veredas, entienden como desinformación.  Es cierto que existe la pandemia antes descrita de la fake news, pero también es real que los medios de comunicación tradicionales han fortalecido sus mecanismos de investigación y análisis, sacando a la luz diversas situaciones donde la política, o más bien los políticos o personeros ligados a ella, no ha resultado tan favorecidos, esto claramente, en un rol de fiscalización de los medios de comunicación.  No será ese el origen de tanta “preocupación”.


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