lee nuestra edición impresa

Editorial

Estallido social


 Por La Tribuna

Las manifestaciones de descontento social son parte de la historia de las sociedades. Y Chile ciertamente que no es la excepción a ese tipo de fenómenos, por los cuales transitan las sociedades en ciertas etapas.
En el siglo XX, prácticamente todos los Jefes de Estado han enfrentado protestas por demandas específicas o generales. Huelgas, marchas, protestas y tomas se han realizado para lograr alguna reivindicación laboral, reclamar por el alza de precios de la carne y la locomoción colectiva, o demandar gratuidad en los estudios universitarios. También hay otras relacionadas con el orden político del país, como la oposición gremial al gobierno de Salvador Allende o las manifestaciones en los 80 contra la dictadura de Augusto Pinochet.
Al margen de las grandes movilizaciones de los 70 y los 80, las personas de más edad recuerdan lo que fue la “huelga de la chaucha” en agosto de 1949, debido al aumento en el precio de los pasajes de micro. La movilización se acrecentó a comienzos de 1950 con la paralización de varios sindicatos de empleados particulares. La situación, al no poder ser controlada, derribó al gabinete completo del Presidente Gabriel González Videla en febrero de ese año.
En abril de 1957 hubo jornadas de manifestaciones que fueron conocidas como “La Batalla de Santiago” que se produjeron por un contexto de pobreza generalizada y alta inflación, además de la incapacidad política para resolver esos problemas. La jornada más violenta, también gatillada por el alza en el precio de los pasajes, culminó con asaltos, saqueos a armerías, barricadas, incendios y ataques a las sedes de los tres poderes del Estado.
El estallido social de octubre de 2019, al igual que lo ocurrido en el siglo pasado, fue la demostración de un profundo descontento anidado en la sociedad durante muchos años, principalmente contra la desigualdad y las injusticias de parte de la clase política y del gran empresariado, en una brutal crisis de legitimidad que golpeó a todas las instituciones.
Más allá de los episodios de violencia –pese a la construcción romántica de ciertos sectores que la justificaron, pero que sigue siendo y será absolutamente repudiable–, lo realmente importante es que las razones que lo desencadenaron han sido encauzadas.
Tan importante como lo ocurrido desde el 18 de octubre fue el 15 de noviembre cuando el Acuerdo por la Paz sentó las bases para la construcción de un nuevo trato social que se expresa a través de una nueva Constitución, la cual –de manera coincidente– comenzó la redacción de su articulado en la jornada en que se cumplieron dos años del estallido social.
La democracia se debe levantar siempre sobre soportes que sean capaces de resistir ese tipo de embates porque, tal como se reseñaba al principio, son parte de la historia de cualquier sociedad en cualquier parte del mundo. Sin embargo, la misma historia enseña que las expresiones de descontento, debido a que son los síntomas de una enfermedad, deben buscar una cura que sea oportuna y eficaz. De lo contrario, la afección se torna en crónica y difícilmente se puede curar.

lee nuestra edición impresa

  • Compartir:
etiquetas
18 octubreestallido socialManifestaciones

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes