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Editorial

Paso Pichachén


 Por La Tribuna

La emergencia sanitaria por la pandemia del coronavirus supuso un paréntesis durante la temporada 2020/2021 para lo que venía siendo una tradición de la época estival: la habitual reapertura del paso fronterizo de Pichachén, situado al interior de la comuna de Antuco, y única vía de comunicación terrestre de la provincia y región del Biobío con Argentina.

Desde que volviera a abrir sus puertas hace más de 20 años (en los primeros días de enero de 1998), fue un primer esfuerzo concreto para propiciar la integración entre ambas naciones, luego de haberse superado la mayor parte de los diferendos limítrofes en la extensa frontera chileno-argentina.

Su reapertura fue el resultado de los acercamientos informales iniciados a mediados de los años 80 y que se acentuaron a principios de los 90, cuando autoridades y políticos locales –como el ex senador Mariano Ruiz-Esquide y el ex alcalde Claudio Solar–, se la jugaron de manera decidida por esa opción.

Fue en noviembre de 1997, en el marco de un encuentro de autoridades de las regiones y provincias de la zona sur de Chile y Argentina, cuando Pichachén se abrió por unos días para recibir a parte de las delegaciones trasandinas. Fue la antesala para lo que vendría en el verano siguiente.

En esos años, el camino al hito limítrofe era apenas una huella entre las faldas del volcán Antuco y la laguna del Laja, que obligaba a vadear algunos cursos de agua e internarse en las altas cumbres, en una ruta marcada por las consecuencias de las erupciones volcánicas, hasta llegar a la frontera.

Sin embargo, desde ese primer gran hito de integración, a lo que se sumó su priorización a nivel de los Estados de Chile y Argentina, la consolidación del paso Pichachén no ha sido nada de fácil, en buena parte por el escaso interés que despertaba una idea de esa naturaleza, principalmente para conseguir recursos que permitieran mejorar los atraviesos, construir puentes y habilitar un complejo aduanero fronterizo.

Pese a todo, hubo avances, como la compra de un terreno de cuatro hectáreas para instalar la aduana y la construcción de nuevos puentes en los esteros de mayor envergadura.

A la consolidación del paso Pichachén se le imprimió una mayor velocidad en los últimos años con la licitación de las obras del complejo aduanero para este 2021, cuya inversión supera los 8 mil millones de pesos. Se estima que las faenas para levantar una estructura de 3 mil metros cuadrados tarden un par de años debido a las particulares condiciones de tener que suspender los trabajos debido a las nevazones del invierno.

En paralelo, se avanza en el diseño de la ruta de 56 kilómetros entre la localidad de Abanico y el paso Pichachén, el cual debiera estar concluido en el primer semestre de este año, cuyo presupuesto es de mil 500 millones de pesos. Una de las principales conclusiones será entregar el monto de la pavimentación, que podría superar los 250 millones de dólares.

Este 2021 sería un año importante en materia de definiciones para el paso Pichachén en cuanto a que permitiría avanzar en los grandes desafíos pendientes para habilitar una vía expedita que sirva para unir a los habitantes de ambos lados de la Cordillera de Los Andes.

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