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Editorial

132 años del Cuerpo de Bomberos


 Por La Tribuna

En la jornada de ayer 23 de noviembre, el Cuerpo de Bomberos de Los Ángeles celebró su centésimo trigésimo segundo aniversario de su fundación, todo un hito en una de las instituciones de voluntariado más nobles que perduran hasta nuestros días.

Se trata de una entidad que tiene la particularidad de ser una de las más antiguas de la ciudad y que, a la fecha, se encuentra más vigente que nunca. De hecho, lo que partió siendo un esfuerzo monumental de un grupo de angelinos de fines del siglo XIX, con los años se ha multiplicado para dar cobertura a una comuna que crece día a día. De aquella incipiente Primera Compañía, en la actualidad son nueve unidades con voluntarios capacitados para enfrentar las distintas emergencias y contingencias que suceden en el territorio.

Sus instalaciones son historia pura. El cuartel general – situado en la esquina de la avenida Ricardo Vicuña con la calle O’Higgins – data de la década del 50 y fue consecuencia de un extenso trabajo que movilizó las voluntades de importantes personalidades de su tiempo para contar con el lugar adecuado a las necesidades de la institución. Antes, la institución tuvo su cuartel por el lado sur de la avenida Ricardo Vicuña, casi al llegar a Los Carrera, en una casona de dos pisos que se mantiene en pie hasta nuestros días. Y en forma previa, se situó por calle Colón, entre Colo Colo y Rengo.

Dentro de sus reliquias, quizás la más significativa es la Bomba Biobío, usada por los voluntarios de Bomberos de Los Ángeles a principios del siglo pasado, y que ahora luce orgullosa en el cuartel general de los caballeros del fuego, a la vista del público que circula a diario por la esquina de la avenida Ricardo Vicuña con O’Higgins.

El Cuerpo de Bomberos de Los Ángeles, pese a todos  en todos sus años de existencia, sigue manteniendo entre sus voluntarios ese genuino espíritu de solidaridad y colaboración con sus semejantes, en especial, cuando atraviesan situaciones complejas o difíciles. En cada uno de ellos está en afán de servicio, de entrega desinteresada, de dar sin esperar nada a cambio.

En sus voluntarios se trasunta el mismo espíritu de aquellos fundadores que decidieron dar vida a una institución que socorriera a los habitantes que vivían una emergencia. Porque no se trata solo de que acudan cuando hay incendios, sino que son fundamentales cuando suceden accidentes de tránsito, inundaciones o alguna situación imponderable de la naturaleza. O, bien, cuando su ayuda es requerida para colaborar en emergencias mayores, como los terremotos que sacuden nuestra tierra de cuando en cuando.

Son sus voluntarios el alma, corazón y vida de una institución más que centenaria que refleja los genuinos ideales del ayer y que lo proyecta en un futuro que se seguirá sosteniendo en la voluntariedad de sus integrantes que, no obstante lo anterior, están plenamente capacitados para prestar la mejor colaboración frente a las emergencias.}

A todos ellos, a los voluntarios, a sus directivos, a sus bomberos voluntarios, un saludo y un homenaje en estos 132 años de existencia en la capital de la provincia de Biobío.

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