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Editorial

Día del Artesano en Chile


 Por Fredy Muñoz

En 2003 se publicó el Decreto Ministerial N° 238 del Ministerio de Educación que en nuestro país celebra del Día Nacional del Artesano, como una forma de reconocer y valorar esta actividad en el país, así como su aporte a la cultura y la identidad chilena.

Desde los alfareros, talabarteros, orfebres (o retrafes, si elaboran piezas de acuerdo a la tradición mapuche), pasando por las tejedoras, bordadores, sombrereros, curtidores, chamanteros y un largo etcétera, hasta aquellos que usan los recursos que la tierra les provee con generosidad, como el mimbre para hacer canastos, la crin de cabello para dar forma y sutiles figuras, a los que emplean el carbón de piedra, a los que utilizan la madera para darle las formas contenidas en la imaginación.

Los artesanos son reflejo de nuestras tradiciones, son genuinas expresiones de la idiosincrasia chilena, algunas de las cuales tienen orígenes que se remontan a los orígenes de la patria y que, pese a los años, han sido capaces de transmitirse de generación en generación hasta perdurar en nuestros días.

Son, en la inmensa mayoría de los casos, la representación de nuestra historia, de esa memoria obstinada que perdura y permanece.

Es que, más que un simple oficio, los artesanos son parte de un legado, el mismo que se resiste a dejarse llevar por los afanes homogeneizadores de la globalización; son el elemento cultural distintivo que permite diferenciarnos del resto de las sociedades porque aportan un pedazo de nuestra chilenidad, que reside en lo que son capaces de elaborar con sus manos.

Nuestro país es generoso en cultores de las artesanías. De norte a sur, de cordillera a mar, es posible encontrarse con cientos de hombres y mujeres que ejecutan su arte con especial esmero y dedicación.

Cada uno de ellos puede confeccionar una pieza única en forma y diseño, en técnica, y una dosis enorme de cariño y dedicación. El trabajo de nuestros artesanos es de un valor único que merece tener un lugar en el puedan desarrollarse y darse a conocer, exponiendo no solo en museos o fechas específicas, sino que también tener la oportunidad de destacar y potenciar sus labores siempre.

En nuestra provincia, los ejemplos más paradigmáticos están en Nacimiento, con una tradición alfarera de muchos años. En Alto Biobío, en que la influencia de la etnia pehuenche está reflejada en cada creación artesana. En Yumbel y sus arraigadas costumbres desde lo más profundo de nuestro país.

Y en cada comuna de Biobío donde hay una mujer o un hombre que dedica alma y corazón en mantener su oficio, su actividad, su tradición, en que es capaz de elaborar un producto singularísimo y único.

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