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Editorial

Los Ángeles puede esperar


 Por La Tribuna

Es parte de la historia de Los Ángeles, es algo con lo cual se ha tenido que lidiar desde que se le dio forma a la villa hacia mediados del siglo XVII. Que de un día para el otro se diga, desde el nivel central, que no hay recursos para financiar una parte del proyecto del nuevo estadio de nuestra capital provincial, no es tan diferente a lo que ha sucedido tantas veces antes. Porque parece que ser que desde los centros de toma de decisiones, donde está concentrado el poder, creen que Los Ángeles puede esperar, que aunque haya reclamos y quejas, y se envíen notas de reclamo, finalmente todo seguirá de acuerdo a lo que ya se ha decidido, aunque eso signifique perjudicar a los habitantes de un territorio en particular.

Desde que era una villa perdida en los dominios más australes de la corona española, Los Ángeles ha debido lidiar con el abandono y la desidia, con la postergación, con la desatención permanente de los centros del poder, siempre más al pendiente de su entorno inmediato que aquello que está más allá de su vista.

En la segunda mitad del siglo pasado, el tren – principal instrumento del progreso en esa época – pudo tener a Los Ángeles como parte de su red troncal. Sin embargo, aunque le permitió salir de la condición de aislamiento que marcó sus primeros 100 años de existencia, fue un perdido ramal de una red que privilegió otros puntos de conexión.

El terremoto de 1939 devastó la ciudad pero la prioridad fueron Concepción y Chillán. Aunque los vecinos se organizaron, hicieron cabildos y exigieron mejoras, poco y nada se logró. Como dijo un hombre de ese tiempo, simplemente se taparon los hoyos, se pintaron las paredes y seguimos como siempre.

¿Excepciones? Claro que las ha habido. La planta Iansa fue la primera que se instaló en el país, allá por el año 1954. Era una inversión enorme para su tiempo y hubo que pelearla. Se levantó en esta zona pese a las presiones de siempre para postergar a Los Ángeles en favor de otra zona del país.

Hubo gente, como René Petersen, que se la jugó para que la planta – una inversión de la Corfo – se instalara en esta zona. Su argumento fue muy simple: la siembra, cosecha y refinamiento en la plana generarían cientos de puestos de trabajo. Y efectivamente se tomó en cuenta el elevado grado de miseria de la población en esos años para tomar esa decisión. Muy distinto habría sido el desarrollo local de Los Ángeles si no fuera por lo que representó una obra de esta envergadura. Esta ciudad le debe un monumento al agrónomo Petersen pero la importancia de sus gestiones ha quedado relegada al olvido.

En los 60 se plantearon grandes inversiones para mejorar la trama urbana. Al final, quedó en las buenas intenciones nada porque hubo otros lugares que siempre hubo (y habrán) otros lugares que figuraran como prioritario. Hace poco más de una década que no se tiene una cárcel. Es imposible pensar en la opción de reinserción social si no se cuenta ¿Qué ha sucedido? Lo de siempre: Los Ángeles puede esperar. El aeropuerto es otra historia similar. La pavimentación de la avenida Padre Hurtado, de la calle Tucapel y otras tantas tardaron años en hacerse realidad, justamente porque siempre eran relegadas en favor de otras.

Volviendo al tema del estadio, nadie en Concepción se atrevería a pensar siquiera en la posibilidad de bajar un proyecto por 24 mil millones de pesos. Tampoco en Chillán o en Temuco o en cualquier ciudad de la misma magnitud de Los Ángeles. Pero acá es posible porque parece ser que creen que acá estamos acostumbrados a esperar.

Los Ángeles tiene el mérito de ser lo que es, pese a tener todo en contra, a las permanentes postergaciones, a las esperas habituales.

Y aunque ha sido parte de nuestra historia, no quiere decir que se puede tolerar. Por respeto, por dignidad, por valorar lo que somos como comuna, esto no puede ser, no debe volver a ocurrir. Habrá que hacer todo lo necesario para actuar en consecuencia pero lo cierto es que no puede volver a suceder. Por respeto, por dignidad.

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