martes 18 de febrero, 2020

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Editorial

TVN y la televisión pública


 Por La Tribuna

Con esperanza se recibió en los pasillos de TVN la noticia del salvavidas que le lanzó el gobierno del Presidente Sebastián Piñera al ofrecer su respaldo como aval para que la entidad pueda contratar una deuda de 70 mil millones de pesos, lo que le permitirá a la estación pública sanear su déficit de más de 50 mil millones, y le dejará unos 18 mil millones para echar a andar la alicaída estación, que desde 2014 viene en franco descenso hasta acumular esa abultada deuda.

No solo la llegada del dinero ayuda a encender la esperanza, sino el cambio de perspectiva que se ve desde el Ministerio de Hacienda. El anterior jefe de esa cartera, Felipe Larraín, había autorizado la participación del Estado como aval para la colocación, pero con un monto mucho menor.

Su sucesor, Ignacio Briones, no solo aceptó ser aval de la estación, sino que optó por crear un gran remanente que le permita al canal público volver a la marcha. Así, en TVN pueden ver ahora en el gobierno un aliado casi inesperado y no otra amenaza que busca su extinción.

El problema de TVN es que durante años ha venido siendo un hoyo sin fondo para los recursos públicos y su incapacidad para competir en el mercado de la televisión chilena solo ha hecho crecer el problema.

En el fondo, está correctamente planteado como una corporación pública, que no es ni una empresa privada ni una repartición del Estado, porque así puede actuar con independencia del gobierno de turno y perseguir de manera libre su objetivo de informar, enseñar y entretener; ese ideal de televisión pública que se ha desplegado por el mundo desde el exitoso ejemplo de la BBC.

Por eso, en momentos en que TVN celebra una nueva bocanada de aire y prepara su parrilla programática para el 2020, debe buscar la misma creatividad que tiene para generar la programación que se muestra en sus pantallas, para establecer un modelo de negocios que le permita subsistir en el siglo XXI, cuando el pozo de dinero publicitario por el que compiten los medios es cada vez más escaso y la competencia es más feroz. En el fondo, TVN es un hospital público tratando de competir en servicios contra una clínica privada.

La opinión pública debe preguntarse por qué ningún canal privado se molesta en llegar con señal a los lugares donde TVN llega. La respuesta es que hay sectores donde no es rentable estar y, como empresas, esas estaciones eligen no gastar dinero en estar en esas zonas. Pero TVN sí, y por lo tanto, no puede plantearse como una empresa competitiva en ese escenario.

TVN es una señal pública que debe mejorar y diversificar sus modos de ingreso de dinero, pero sin perder de vista que el aporte del Estado siempre debe estar presente para que la administración de la señal no tenga que someterse a los vaivenes del mercado.

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