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Editorial

El uso político de un conflicto al que no se le busca soluciones

Si bien, en una posición lo más centrada posible, los indígenas son víctimas del Estado por la forma en que perdieron sus tierras, no es menos cierto que los agricultores y familias que hoy viven ahí también lo son. Lo más triste de esto, es que las autoridades nacionales, en vez de trabajar por la paz, utilizan esto para dividir a los chilenos. No ha salido un sólo político a entregar una solución para terminar con la violencia. Claramente, les conviene que esto siga así. Lo peor, es ver que en un estado de derecho, sectores justifiquen la violencia como camino de revindicación. Eso debería ser castigado por la ley.


 Por La Tribuna

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La opinión pública, medios de comunicación y redes sociales, se encuentran saturados de información (algunas totalmente inexactas), acerca del conflicto que se vivió la semana pasada y que terminó con un individuo muerto a bala, que además se trataba de un comunero mapuche de la comunidad de Temucucui.

Parte de lo lamentable, es que Carabineros nuevamente se ve involucrado mintiendo acerca de los antecedentes – específicamente sobre los videos del hecho – lo cuales dejan un manto de dudas respecto a lo ocurrido.

Camilo Catrillanca, en octubre pasado, fue formalizado por receptación de un vehículo que había sido rodado desde la empresa Coopelan en Los Ángeles, lo que nos permite con hechos, determinar que probablemente este comunero, no llevaba una vida tranquila y apegada a la ley.

Ahora, lo que resulta más detestable que el hecho mismo, es una vez más el uso político que le han dado nuestras autoridades a esta situación, trasladando al conflicto mapuche y esta especie de guerra entre el Estado y el pueblo indígena por las tierras un procedimiento que tenía que ver con robo de vehículos.

Lo que vemos es un grupo de parlamentarios que busca interpelar al ministro del Interior por la situación mientras los más radicalizados, marchan por las calles del país, siendo lo más curioso que gran parte de ellos, jamás han presenciado ni visitado la zona de conflicto para entender lo que ahí ocurre. Es fácil manejar a las masas con discursos que están totalmente dirigidos, cargados de ideología y de poca realidad.

Y si la oposición de ahora es así, la anterior no distaba mucho de aquello. Durante el gobierno anterior, todo se centró en la farándula entre la Presidenta Michelle Bachelet y el hecho que el entonces ministro Burgos, no fuera informado de la visita de la mandataria a La Arucanía. Entonces la crítica era sobre las improvisaciones de las cuales se acusaba al gobierno y un largo etcétera. De soluciones, nada. Ahora es lo mismo.

Hoy la izquierda no tiene banderas. No es que la derecha tenga un listado para defenderse, pero al menos no transformar al país en “Chilezuela”, les ha funcionado mediáticamente como elemento propagandístico y eso lo reconocen hasta los expertos de distintos sectores. Por esta razón, la izquierda no pierde el tiempo y ha sabido encontrar en estas equivocaciones o acciones polémicas, la manera de transformar un drama en escándalo político, perdiendo el foco real de lo que está ocurriendo.

Si bien, en una posición lo más centrada posible, los pueblos originarios son víctimas del Estado por la forma en que perdieron sus tierras, no es menos cierto que los agricultores y familias que hoy viven ahí también lo son. Lo más triste de esto, es que las autoridades nacionales, en vez de trabajar por la paz, lo utilizan para dividir a los chilenos. No ha salido un sólo político a entregar una solución para terminar con la violencia. Claramente, les conviene que siga así. Lo malo, es ver que en un estado de derecho, sectores justifiquen la violencia como camino de reivindicación. Eso debería ser castigado por la ley.

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