jueves 05 de diciembre, 2019

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Editorial

El rescate de las tradiciones: una tarea latente

Marcela Vidal Rebolledo, periodista Diario La Tribuna.


 Por LESLIA JORQUERA

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Sin duda, el rescate de las tradiciones, siempre ha sido un tema en que la sociedad chilena está al debe, aunque en el último tiempo ha tomado más fuerza en un afán de no perder con el avance del tiempo todo aquello que es propio de la cultura y de nuestros orígenes.

Esto, radica en aquellas costumbres que fueron practicadas por todos nuestros ancestros desde el origen de todos los hábitos que nuestro país actualmente busca rescatar, por medio de diversas personas y programas que cada día se suman a paso lento, pero generando más interés de manera colectiva.

En el último periodo, son estas nuevas generaciones las que de cierta manera se están encargando de renovar la conexión con estas costumbres que tiene directa relación con la naturaleza y todo aquello que implica.

Prueba de ello, es el trabajo que muchos hombres y mujeres pertenecientes a estas comunidades desarrollan a lo largo del país para mantener estas tradiciones, que con los años se mezclaron con novedosas modas y avances de las que todos fuimos parte y en su camino, perdimos el sentido de apego con todo aquello propio de nuestros ancestros más directos, aquellos que conformaron los primeros asentamientos en las diversas riberas de nuestro país.

Sin embargo, hay que reconocer que cada año son más personas que piensan en mantener esto y por medio de diversas plataformas se informan de la importancia de la cultura propia y el deber mantenerla intacta en el tiempo.

Ello quedó en evidencia con una nueva celebración del We Tripantu o año nuevo mapuche, festividad que diversas comunidades llevaron a cabo y a ello muchas personas interesadas se han querido sumar.

Esta es la máxima tradición que carga consigo la conciliación de un nuevo año y tiene relación con renovación de la vida, cuando vuelve el sol y el calor, y la vida que estaba durmiendo en el otoño comienza lentamente a emerger.

De esta manera, aymaras, mapuche y otros pueblos marcan un cambio de ciclo que afecta tanto a la naturaleza como a los seres humanos y a ello se suman más personas cada año.  

De igual manera se celebra en diferentes colegios, donde cientos de docentes se han sumado para conmemorar el valor de los ancestros que dieron origen a nuestra tierra.

Nuestra provincia no queda ajena a esto, ya que a pocos kilómetros de Los Ángeles, hay niños, personas y adultos que viven estas costumbres a diario, en diferentes localidades y lugares donde decenas de personas mantienen intactos sus hábitos y luchan con el paso del tiempo para crear una dualidad cultural donde prime el idioma, el respeto por la naturaleza y el valor de las personas que trabajan para mantener estos mismos.

A lo largo de nuestro país viven cientos de personas alejadas de las grandes civilizaciones, donde con orgullo cada día emprenden enseñanzas cargadas de saber y su cultura, en búsqueda de una identidad que crezca cargada de orgullo por mantener lo propio y lo nuevo.

En esto se basa el respeto por sus figuras, lo que tiene mucha importancia para aquellos que están inmersos en un lugar que mantiene en la lucha por extender sus costumbres y con ello enseñar a los más desvalidos en estos temas.

Hábitos que buscan ser mantenidos en el tiempo, de una manera que no sea olvidada sobre todo, por las máximas autoridades nacionales, de un modo digno para generar una representatividad que mantengan voz a nivel nacional.

La tarea es clara, puesto que para los interesados esto radica en promover esta cultura, ya sea en las nuevas generaciones o por aquellos que se interesen en formar interés, donde se mantenga el respeto por todo aquello que dio comienzo a nuestra civilización cargada de conexión con la naturaleza y el respeto por la misma.  

  

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