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Historia de Los Ángeles: tres protagonistas en su desarrollo urbano y cultural

por Prensa La Tribuna

Víctor Ríos Ruiz, Pedro Ruiz Aldea e Isabel Robles de Jara forman parte de las figuras que marcaron el desarrollo urbano y cultural de Los Ángeles, con huellas que aún permanecen vigentes.

De izquierda a derecha: Pedro Ruiz Aldea, Víctor Ríos Ruiz e Isabel Robles de Jara / Contexto

Caminar por las calles del centro de Los Ángeles es transitar por un museo al aire libre, donde el eco del pasado aún late en sus esquinas. Hoy, cuando la urbe se alza moderna y bulliciosa, resulta imperativo mirar en retrospectiva hacia aquellos pilares humanos que, desafiando la precariedad de los siglos XIX y XX, decidieron consagrar su vida al desarrollo local. La historia de esta capital provincial no puede entenderse sin la sensibilidad artística de Isabel Robles de Jara, el espíritu crítico del periodista Pedro Ruiz Aldea y la inagotable vocación de servicio del médico Víctor Ríos Ruiz. Tres vidas, tres épocas, un solo propósito: engrandecer su tierra.

VÍCTOR RÍOS RUIZ: EL MÉDICO QUE SANÓ Y CONSTRUYÓ LA CIUDAD

Nacido el 1 de enero de 1863, Víctor Ríos Ruiz encarna al prototipo del hombre renacentista adaptado a la geografía chilena. Hijo de José Ireneo Ríos y Jesús Ruiz, se educó en la "Escuela del Cura" de la Parroquia San Miguel y en el Liceo de Los Ángeles, completando su bachillerato en el Seminario de Concepción, antes de partir a la Universidad de Chile, donde se tituló de médico cirujano en 1887. Aunque el mundo lo sedujo —viajó a París en 1900 como delegado chileno e hizo una especialidad en oftalmología en Suiza— y la academia santiaguina le rogó quedarse a dictar clases, su brújula interior apuntó siempre al sur. Prefirió servir en Los Ángeles.

En su tierra, su obra fue titánica. Fue fundador, médico y administrador del Hospital San Sebastián (cuyo legado se traduce hoy en el Complejo Asistencial que lleva su nombre), impulsando la creación de su maternidad y pensionado. Pero su bisturí no solo batalló contra las enfermedades, sino también la inercia cívica: en 1889 fundó el Cuerpo de Bomberos de la ciudad. Su liderazgo, bajo las filas del Partido Conservador, lo llevó a ser alcalde en 1902 y diputado en múltiples periodos entre 1903 y 1918. Desde el Congreso, impulsó vitales leyes sanitarias y fue uno de los principales gestores de la Ley de Irrigación que, en 1917, junto a Francisco Rioseco y Darío Barrueto, dio vida al Canal del Laja, motor agrícola de la zona.

Fallecido en febrero de 1951, ostentó con total justicia el título de "Hijo Ilustre de Los Ángeles". Hoy, el agradecimiento innegable de la ciudad se materializa en dos grandes homenajes: un busto erigido en su honor en el Complejo Asistencial y la distinción de llevar su nombre el principal recinto de salud de la provincia, el Complejo Asistencial "Dr. Víctor Ríos Ruiz".

Hospital Base de Los Ángeles y busto de Víctor Ríos Ruiz  | La Tribuna

Hospital Base de Los Ángeles y busto de Víctor Ríos Ruiz / La Tribuna

Complejo Asistencial DR. Víctor Ríos Ruiz | La Tribuna

Complejo Asistencial DR. Víctor Ríos Ruiz / La Tribuna

PEDRO RUIZ ALDEA: LA PLUMA QUE TRAJO LA LETRA IMPRESA

Si Ríos Ruiz sanaba los cuerpos, Pedro Ruiz Aldea interpelaba las conciencias. Nacido en 1830 y descendiente de fundadores españoles, este escritor de carácter frío, taciturno y pensativo contrastaba su semblante serio con una sátira fina y brillante. Sus padres querían un abogado y lo enviaron al Instituto Nacional, donde forjaría su vocación liberal y periodística.

Conocido como el "Jotabeche del sur" por sus magistrales cuadros costumbristas, Ruiz Aldea fue un pionero absoluto de las comunicaciones. A él le debe Los Ángeles la llegada de la primera imprenta. Con una prensa de rodillo a cuestas, fundó los primeros dos periódicos de la villa: "El Guía de Arauco" (1864) y "El Meteoro" (1866). Periodista audaz, escribió en "El Ferrocarril" y colaboró en "La Tarántula" en Concepción, abordando sin tapujos el complejo "problema araucano".

Su vida fue una novela: la revolución de 1859 lo puso accidentalmente como Intendente de Los Ángeles, honor que al sofocarse la revuelta pagó con cárcel y una condena a muerte, trocada milagrosamente por un exilio a Estados Unidos. Una ley de amnistía le permitió regresar a fines de 1862. La tuberculosis apagó su pluma en 1870.

Para inmortalizar su tremendo aporte intelectual y urbano, la ciudad le rinde homenaje a través de un establecimiento escolar que lleva su nombre, al igual que una conocida calle en la intersección de Galvarino y Costanera Quilque, manteniendo viva su huella en el paso diario de los angelinos.

Escuela Modular Pedro Ruiz Aldez | La Tribuna

Escuela Modular Pedro Ruiz Aldez / La Tribuna

Calle Ruiz Aldea con Galvarino | La Tribuna

Calle Ruiz Aldea con Galvarino / La Tribuna

ISABEL ROBLES DE JARA: ACORDES DE VANGUARDIA Y SOLIDARIDAD

Mientras el siglo XX despertaba, las mujeres tenían contados espacios de acción pública, pero Isabel Robles de Jara (nacida en Mulchén en 1879) derribó esos muros a golpe de talento y altruismo. Tras casarse con Alberto Jara, con quien formó familia en Los Ángeles, se instaló en una casona en la intersección de Colón con Caupolicán —justo donde hoy se erige la municipalidad—. Allí, y en complicidad con su vecina María Delia Contreras, transformaron la cuadra en el epicentro cultural de la época, bautizada históricamente como "las casas de la música" por el abogado Raúl Garretón en su libro "Recuerdos de la Primera Mitad del Siglo XX".

Compositora e intérprete de piano de renombre nacional, Isabel no solo maravillaba en sus tertulias, sino que utilizó sus influencias para lograr un hito monumental: traer a Los Ángeles al mismísimo maestro Claudio Arrau. El 10 de agosto de 1921, la ciudad se volcó al Salón Aranguren para presenciar dos recitales históricos gestionados por ella.

Pero su partitura no se limitaba al arte. Fue un pilar fundamental de la Cruz Roja, Bomberos, el Regimiento y el Club Aéreo. El reconocimiento a su labor social llegó en 1949, cuando el municipio la nombró Madre Ilustre, y alcanzó dimensiones internacionales en 1961, cuando el Papa Juan XXIII le otorgó una medalla en reconocimiento a la ayuda prestada a la comunidad y a la Iglesia Católica.

Su legado físico también quedó grabado en el plano de la ciudad. En 1998, en el marco de la celebración de los 259 años de la fundación de Los Ángeles, el municipio decidió otorgarle un homenaje póstumo: bautizó con su nombre el espacio público que está entre el edificio consistorial y el banco. Quienes asistieron a esa emotiva ceremonia rindieron tributo a quien por décadas animó ese mismo lugar con su música, confirmando que la melodía de su historia sonará por siempre en el corazón de la comuna.

Pasaje Isabel Robles Jara, ubicado en calle Colón, entre la municipalidad y el banco / La Tribuna
Pasaje Isabel Robles Jara, ubicado en calle Colón, entre la municipalidad y el banco La Tribuna

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