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De "Santa María" a Los Ángeles: la historia de un equívoco que marcó a la ciudad por más de un siglo

por Prensa La Tribuna

Durante décadas, generaciones enteras crecieron creyendo que la capital de la provincia de Biobío tenía un nombre compuesto, cantándolo incluso en su himno oficial. Un fascinante recorrido por los archivos coloniales revela cómo una confusión arquitectónica y literaria reescribió la identidad de toda una urbe.

El nombre de la capital provincial de Biobío ha generado confusiones por más de un siglo / La Tribuna

A 287 años de su fundación y en camino a su tercer centenario, la ciudad de Los Ángeles todavía despierta la curiosidad de visitantes y locales respecto de su verdadera denominación oficial. A lo largo de la historia fue llamada "Nuestra Señora de Los Ángeles" y, de forma muy popular e institucionalizada, "Santa María de Los Ángeles". Sin embargo, los documentos fundacionales son claros: su nombre de bautizo es simplemente "Los Ángeles". Lo que muchos de sus habitantes desconocen es que las otras variantes fueron fruto del fervor colonial y de un profundo equívoco histórico desatado a fines del siglo XIX, un error que se mantuvo vivo y oficial por más de cien años.

LA ORDEN ORIGINAL Y LOS PRIMEROS BAUTIZOS

La historia oficial de esta ciudad de la región del Biobío arranca el 27 de marzo de 1730, cuando José Manso de Velasco -entonces gobernador de Chile- ordenó levantar una población en el centro del territorio conocido como "Isla de la Laja", entre los esteros Quilque y Paillihue. El objetivo estratégico era guarnecer La Frontera contra los levantamientos indígenas. No obstante, no fue hasta mayo de 1739 que el sargento mayor Pedro de Córdova y Figueroa concretó la misión.

Los documentos de la época, celosamente guardados hoy en el Archivo General de Indias en Sevilla, no dejan lugar a dudas. En el acta fundacional original, Manso de Velasco dictaminó textualmente: "He deliberado se dé principio y ejecute la referida población con el nombre de Los Ángeles". Nada más. Esto fue ratificado en una carta enviada al rey en febrero de 1739 y, posteriormente, en 1748, al otorgarle el título de Villa.

Pese a esta claridad inicial, pronto comenzaron los apellidos religiosos. En abril de 1749, el fiscal de la Real Audiencia y juez visitador, el doctor José Perfecto de Salas, elaboró el primer censo del poblado y la registró como "Villa Nuestra Señora de Los Ángeles". Este nombre caló en la documentación colonial y se usó habitualmente durante la época de la Independencia, figurando explícitamente en las actas del cabildo y en la elección de diputados (como el propio Bernardo O'Higgins) en 1811 y 1812.

LA CRUZ Y LA ESPADA: EL NACIMIENTO DE UN MITO

El verdadero enredo sobre la identidad angelina surgió años después, de la pluma del eminente historiador Diego Barros Arana. En 1886, al publicar su "Historia General de Chile", el autor afirmó que el poblado fue fundado "bajo la advocación de Santa María de Los Ángeles".

El ilustre historiador no mintió en el dato religioso, pero cometió un error de sujeto geográfico. Al trazarse las primeras calles de la ciudad por orden de las autoridades, se combinó el poder militar y religioso: al sur se levantó el fuerte y al norte, el templo. Esa primera y sólida iglesia parroquial —cuyos cimientos se ubicaban donde hoy se emplaza el Ex Liceo de Hombres— fue erigida bajo la "advocación de Santa María". En estricto rigor, la iglesia se llamaba Santa María de Los Ángeles, no la ciudad. Barros Arana, sin tener a la vista el acta fundacional que precisaba el nombre de la villa, hizo extensiva la denominación del templo a todo el asentamiento.

CIEN AÑOS DE UN EQUÍVOCO INSTITUCIONALIZADO

Lo que empezó como una pequeña omisión de comprensión lectora, se transformó en un dogma histórico. En 1942, el historiador y abogado angelino Domingo Contreras Gómez publicó un aplaudido libro titulado "Historia de Santa María de Los Ángeles", validando y perpetuando la confusión de Barros Arana.

La bola de nieve no paró de crecer. Durante décadas, el equívoco se plasmó en documentos públicos, letreros municipales y hasta en el himno comunal, cuya primera estrofa canta con orgullo: "Bella tierra hecha canción, noble y fúlgida ciudad, eres tú Santa María de Los Ángeles hermosa". El 20 de mayo de 1959, la Iglesia Católica selló el mito cuando el Papa Juan XXIII creó oficialmente el "Obispado de Santa María de Los Ángeles".

LA VERDAD SALE A LA LUZ

Tuvo que pasar más de un siglo para que la verdad saliera a la luz. A fines de los años ochenta, la historiadora María Teresa Varas investigó a fondo en el Archivo de Indias para preparar un libro sobre los 250 años de la comuna. Al revisar decenas de manuscritos del siglo XVIII, el hallazgo fue irrefutable: en ninguno figuraba el nombre "Santa María". La ciudad había nacido única y sencillamente como Los Ángeles.

Gracias a la contundencia de estos archivos fundacionales, en la década de 1990 la Municipalidad de Los Ángeles comenzó un proceso de corrección, eliminando el nombre compuesto de sus escudos, oficios y fachadas.

Aunque hoy varios colegios, condecoraciones y las letras del viejo himno comunal mantienen la melancolía del nombre compuesto, la rigurosidad histórica ya dictó sentencia. A más de 280 años de que Pedro de Córdova y Figueroa trazara la Plaza de Armas, el misterio ha sido resuelto: la pujante capital de la provincia de Biobío nació y será siempre, simplemente, Los Ángeles.

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