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La desconocida historia de la desaparecida “Laguna de la Luz”

Fue parte fundamental de los inicios del servicio de energía eléctrica en Los Ángeles, pero los cambios políticos la hicieron desaparecer por completo, incluso de la memoria colectiva.


 Por Juvenal Rivera

Laguna de la Luz -3

Su nombre suena romántico, incluso evocador, y quizás pudo ser así en algún momento. Sin embargo, la “Laguna de la Luz” fue la denominación que recibió un lugar de Los Ángeles que existió durante buena parte del siglo pasado y cuya existencia fue fundamental para el desarrollo de un servicio considerado básico: la energía eléctrica.

Sin embargo, simplemente desapareció hace algunos años sin que siquiera quedara registro fotográfico alguno de su existencia.

A París se le conoce como la “Ciudad Luz” pero la Laguna de la Luz estuvo mucho más cerca, a poco más de un kilómetro desde el cruce Antuco hacia el oriente.

Ese sector, que tiene carácter de rural, pero está a unos cuantos minutos del centro de la ciudad, es uno de los de mayor plusvalía en la actualidad, con costosos loteos de media hectárea cuyas casas superan fácilmente las 10 mil unidades de fomento (300 millones de pesos).

Claro, si usted observa una de las fotografías que acompaña esta publicación, verá que solo hay un campo, un potrero completamente apto para la agricultura o el pastoreo. Sin embargo, cumplió un rol tremendamente importante en los albores de la puesta en marcha del servicio de energía eléctrica en la ciudad de Los Ángeles.

Durante su funcionamiento, esta laguna se complementó con un canal municipal que también tenía un nombre ad hoc –“Canal de la Luz”–, cuyas aguas serpenteaban por varias propiedades, entraban por la avenida Ricardo Vicuña y llegaban hasta calle José Manso de Velasco, donde alimentaban una turbina situada en la esquina con calle Colo Colo (ahora está el edificio de la empresa CGE Distribución, donde se pagan las cuentas de consumo eléctrico).                               

Pero para explicar el origen de la “Laguna y el Canal de la Luz”, es necesario entender el contexto de su tiempo. Hacia la década de 1880, Los Ángeles –caracterizada por su atraso, pobreza y aislamiento– dio inicio a un plan completamente revolucionario: tener energía eléctrica para el alumbrado público (que hubiese electricidad en las casas fue un avance que vino tiempo después).

Aunque no hay consenso respecto de la fecha de su puesta en marcha, que reemplazó las velas a parafina, en esa década fue posible hacer operativo dicho servicio. Sin embargo, innumerables dificultades de todo tipo conspiraban contra una provisión constante y segura de la electricidad. Incluso, en 1901, en un retroceso evidente, se volvió a usar la parafina para alumbrar las calles.

La situación comenzó a cambiar en 1902, cuando el Congreso autorizó a la Municipalidad de Los Ángeles para que usara las calles, caminos y plazas para abastecer de electricidad a la ciudad.

Un año más tarde, en 1903, se aprobó la propuesta de Carlos Michels para instalar el alumbrado a nombre de la “Sociedad Nacional de Electricidad A. Rivano y Cía”. Esta construyó la planta eléctrica en la esquina de calles José Manso de Velasco con Colo Colo y usó un nombre de fantasía que se explicaba por sí solo: “Empresa de Luz y Fuerza”, que funcionaba día y noche.

Justamente esa planta se abastecía de las aguas que llegaban desde el “Canal de la Luz”, las cuales se almacenaban en la laguna que estaba en el camino a Antuco. ¿Y de dónde provenían esas aguas? El recurso venía del estero Cholguagüe (en muchos aspectos, ese curso de agua fue más importante que el estero Quilque), el cual era conducido por una red de canales hasta ese tranque artificial.

Esta planta generadora funcionó hasta 1958. Ese año, la CGE debió dar un giro en su actividad y enfocarse en distribuir los enormes volúmenes de energía que llegaban desde la parte alta del río Laja, a raíz de las operaciones de la central Abanico, que sería la primera de una gigantesca serie generadora en esa zona cordillerana.

Esa situación marcó el inicio del fin para la laguna y el canal.

Hay quienes recuerdan que en ese tiempo, en la “Laguna de la Luz” se podía pescar. Aunque no era profunda, también se hacían paseos por bote. Podría haber tenido un destino similar al de la laguna Esmeralda (de hecho, ese último cuerpo de agua también se abastece del estero Cholguagüe) en cuanto a que podría haber sido un punto de atracción y distracción local. Pero esa idea nunca prosperó.

Dado que el recinto era municipal, las autoridades de la segunda mitad de la década del 60 analizaron la posibilidad de secar la laguna para construir un nuevo estadio, más grande y mejor ubicado que el actual recinto contiguo a la laguna Esmeralda. Incluso, se asignó un presupuesto.

Sin embargo, con los profundos cambios políticos después del golpe de Estado, todo quedó en nada. A fines de los 70, el terreno fue vendido y la laguna fue secada hasta desaparecer por completo, incluso de la memoria de los angelinos.

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