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La Tribuna

A 150 años de la llegada del tren que cambió la historia de Los Ángeles y la provincia de Biobío

por Colaboración Juvenal Rivera

Cuando el silbato del tren sonó por primera vez en la modesta villa angelina, la historia cambió para siempre: el ferrocarril trajo comunicación, comercio y desarrollo a un territorio que hasta entonces vivía apartado del país.

En noviembre de 1875 se registra la llegada del ferrocarril a la villa de Los Ángeles. / cedida

La llegada del ferrocarril a la villa de Los Ángeles en noviembre de 1875 marcó un antes y un después en la historia de la zona. Sin lugar a dudas. Debió ser un gran evento cuando el primer tren hizo sonar su silbato a la entrada de la zona urbana de la capital provincial hasta que detuvo su marcha para que bajaran los pasajeros de aquel inédito viaje inaugural.

Debió ser un gran momento, aunque apenas hay referencias en el periódico El Meteoro, el único que se publicaba en aquel tiempo en Los Ángeles. Quizás porque —en la práctica— el servicio de traslado de pasajeros ya estaba operando desde 1873 cuando se habilitó el tren en la estación de San Rosendo. En ese entonces, solo bastaban unas cuantas horas a caballo para abordar el ferrocarril y viajar a Concepción o Santiago.

O, más aún, cuando a inicios de 1875 estaba operativa la estación de Santa Fe, apenas a 21 kilómetros de Los Ángeles. A trote suave, solo bastan unas dos horas a caballo para cubrir tal distancia.

Pero sin duda el hito relevante fue cuando la máquina arribó a la villa angelina, marcando un nuevo rumbo definitivo para el devenir de los angelinos y todos los habitantes de la provincia que —recién el mes anterior— había tomado forma legal.

Para entender su importancia, es necesario explicar el contexto. Hasta ese momento, la capital provincial vivía en una situación de relativo aislamiento. Con cerca de cuatro mil habitantes, dependía de los caminos de tierra que eran intransitables por el barro en el invierno, y de los medios de transporte a caballo o en carreta, lo que hacía especialmente difícil la comunicación durante los meses de invierno, cuando las crecidas de los ríos convertían los cruces en odiseas imposibles. La irrupción del tren vino a romper esa barrera geográfica y simbólica, integrando por primera vez a Los Ángeles con el resto del país.

Desde que el primer tramo ferroviario de 41 kilómetros fue inaugurado en 1851 entre Caldera y Copiapó, en la región de Atacama, el servicio de transporte se amplió de manera decisiva por el resto del país.

El hito hasta la capital de la provincia de Biobío completó el tramo del denominado Ferrocarril del Sur entre San Rosendo y Los Ángeles, que incluyó la construcción de puentes, terraplenes y estaciones intermedias (como Laja y Millantú), en una zona donde el clima y la geografía hacían particularmente compleja la labor ferroviaria.

La llegada del ferrocarril no solo trajo progreso y movimiento a la ciudad. También fue motor de desarrollo para las localidades aledañas que nacieron o crecieron a su alero. Gracias al tren fue posible la circulación de productos agrícolas, maderas, animales y, por supuesto, personas. La conexión con San Rosendo y, desde allí, con el resto del país, abrió una nueva etapa caracterizada por la prosperidad económica y expansión territorial. Las estaciones ferroviarias pasaron a convertirse en puntos de encuentro y de intercambio comercial, y muchas poblaciones de la provincia tuvieron su origen precisamente en torno a ellas.

Sin embargo, ese impulso inicial se vio interrumpido por razones ajenas a la región. Tras la llegada del tren a Los Ángeles en 1875, el país debió enfrentar la Guerra del Pacífico (1879-1883), lo que obligó a suspender temporalmente la ampliación de la red ferroviaria hacia el sur. Aun así, lo logrado hasta ese momento fue suficiente para transformar de manera definitiva la vida en la zona, consolidando al ferrocarril como una de las herramientas más poderosas de integración territorial y desarrollo en la historia del Biobío.

Cincuenta años después, en diciembre de 1925, la provincia experimentaría un nuevo hito trascendental: la puesta en marcha del canal de la Asociación de Canalistas del Laja, que permitió incorporar miles de hectáreas al sistema de regadío. Si el tren había sido el motor que abrió las puertas al progreso y la comunicación, el canal vino a consolidar la vocación agrícola del territorio, asegurando el riego para los cultivos y dando estabilidad a las comunidades rurales.

Ambos hechos —la llegada del ferrocarril en 1875 y la construcción del canal del Laja medio siglo después— pueden entenderse como pilares de la historia moderna de Los Ángeles y de la provincia de Biobío. El primero conectó al territorio con el país; el segundo le dio sustento productivo. Juntos, marcaron el camino hacia el desarrollo económico y social que, desde entonces, define el carácter de la zona.

En 1877 ya había trenes desde Los Ángeles hasta Angol y San Rosendo, conectando con Santa Fe. / cedida
En 1877 ya había trenes desde Los Ángeles hasta Angol y San Rosendo, conectando con Santa Fe. cedida

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