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Desarrollo

Viñatero de la zona de Millapoa descubre vino de la desconocida cepa Trincadeira

A través de análisis genéticos, Patricio Cea, dueño de la viña Doña Luisa, espera multiplicar las parras para producir un vino de esa cepa que se característica del norte de Portugal.


 Por Juvenal Rivera

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Fueron los misioneros quienes introdujeron las primeras cepas de vinos en la zona del valle del Biobío. A medida que las tropas españolas se internaban en el territorio, los sacerdotes venían inmediatamente a continuación, no solo con su mensaje de fe, sino que también con las parras para elaborar los mostos.

La historia cuenta que el río Biobío y la dura resistencia mapuche fueron motivos más que suficientes para que los conquistadores delimitaran la frontera de la corona española en ese cuerpo fluvial, la cual perduró por varios siglos.

Uno de esos escenarios de conflicto fue Millapoa (vientre de oro en mapudungún), ahora un apacible villorrio situado unos 20 kilómetros al norte de la ciudad de Nacimiento, a orillas del Biobío, en los inicios de la Cordillera de Nahuelbuta.

Su actual parsimonia, sin embargo, contrasta con la belicosidad de los tiempos anteriores. En esos suelos se cuentan por decenas las batallas, enfrentamientos, escaramuzas. Lo propio sucedió con una serie de fortificaciones que, tan pronto como se levantaban, eran destruidas por los guerreros indígenas.

Y, tal como se reseñó anteriormente, de la mano de aquellos soldados españoles, estuvieron los misioneros que trajeron consigo las primeras parras que se plantaron para la elaboración de vinos en nuestro suelo.

Lejanos están esos tiempos tan convulsos. Sin embargo, las parras siguen ahí. Aunque se privilegió la denominada cepa país, en medio de todo, aquellos religiosos usaron algunas variedades distintas que sorprenden a los viñateros actuales.

Es que si ya en la zona de San Rosendo se encontraron viñas de la cepa Malbec, ahora la zona de un nuevo descubrimiento se sitúa en el área de Millapoa, en la orilla sur del río Biobío.

Se trata de cepas de una variedad muy poco conocida en el país: la Trincadeira o Tinta Amarela, una uva de origen portugués que se emplea para la producción de vinos tintos de varietales.

Su descubridor es Patricio Cea, dueño de la viña Doña Luisa. En sus más de ocho hectáreas de parras, le llamó la atención la presencia que, entre sus miles de parras, habían algunas tantas que eran distintas.

Intrigado por esa diferencia, que atribuyó en principio a la cepa Malbec, decidió resolver la duda con un estudio genético que ordenó al Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA). Al cabo, las conclusiones arrojaron que, sin lugar a dudas, eran cepas de la variedad Trincadeira o Tinta Amarela, una uva de piel púrpura que suele cultivarse en regiones vinícolas del norte de Portugal.

Con ese hallazgo entre manos, Patricio Cea contó que ahora está abocado a multiplicar las parras para tener un volumen suficiente que le permita iniciar una producción de vino de dicha cepa, que se suma a la lista de mostos que son elaborados principalmente con la cepa país.

ENOTURISMO

Patricia Cea es continuador de una familia de varias generaciones de productores vitivinícolas que se asentó en la zona de Millapoa, justo frente al río Biobío.

Después de desempeñarse en actividades distintas, decidió retomar la tradición hace algunos años de manera decidida hasta producir vinos que se exportan a destinos tan distintos y lejanos, como Australia, Brasil y Corea del Sur, entre otros países.

Su vino estandarte es “Ladrón de Uvas” y en los próximos años espera sumar botellas de la cepa Trincadeira a su oferta de vitivinícola.

La actividad la combina con alternativas gastronómicas que realiza en su propiedad que mira hacia el río Biobío, con tal de brindar una experiencia a los visitantes que llegan a un territorio repleto de historia y producción de vino.

LA CEPA

La Tinta Amarela (también conocida como Trincadeira) es una uva de piel púrpura utilizada en la producción de vinos de Oporto y otros vinos tintos portugueses.

De acuerdo a publicaciones especializadas, la Tinta Amarela es difícil de cultivar. Es que estas uvas logran un grado de madurez óptimo por un corto espacio de tiempo, lo que obliga a su recolección en sólo unos pocos días. Si se recogen demasiado pronto, y la cosecha es escasa y con poco sabor. Si se recogen demasiado tarde, el resultado es una cosecha de uvas muy maduras, sobreexpuestas al sol y con falta de acidez.

Según los expertos, los vinos jóvenes de esta variedad ofrecen aromas herbáceas, a menudo complementadas con notas más oscuras de té negro. Con un poco de envejecimiento, suman sabores de mora picante emergen. Además, la variedad tiene amplios taninos que mejoran después de algunos años en botella.


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