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El fútbol chileno en vilo: suspensiones, decisiones políticas y una crisis que no da tregua

El frustrado duelo entre Universidad de Chile y Huachipato en Talcahuano volvió a encender el debate sobre el rol de los Delegados Presidenciales, los informes de seguridad y una seguidilla de suspensiones que golpean la regularidad, credibilidad y emoción del fútbol profesional chileno.

El Estadio de Talcahuano, que días antes había albergado fútbol profesional con hinchas en sus gradas, este domingo fue a puerta cerrada, La Tribuna
El Estadio de Talcahuano, que días antes había albergado fútbol profesional con hinchas en sus gradas, este domingo fue a puerta cerrada / FUENTE: La Tribuna

La historia reciente del fútbol chileno está marcada por una tensión creciente y persistente entre la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) y los Delegados Presidenciales, una pugna silenciosa pero constante que se ha transformado en un dolor de cabeza para clubes, jugadores e hinchas. La autoridad política, respaldada por informes de seguridad de Carabineros, ha hecho uso reiterado de su facultad para autorizar o suspender eventos masivos, muchas veces con criterios que el mundo del fútbol considera sobredimensionados.

El caso más reciente tuvo como protagonista al partido entre Universidad de Chile y Huachipato, programado para este fin de semana en el Estadio de Talcahuano. Un encuentro que estaba llamado a ser una fiesta del balompié nacional terminó envuelto en incertidumbre y finalmente frustración, reflejo fiel de una problemática que parece no tener fin.

Los incidentes ocurridos en la primera fecha del campeonato, durante el duelo entre la U y Audax Italiano —donde un grupo de delincuentes, amparados en el anonimato de la multitud, lanzó bengalas e incendió parte de las gradas— marcaron un antes y un después. La violencia, nuevamente, terminó por castigar al espectáculo y a los verdaderos hinchas.

LAS MEDIDAS Y SUSPENSIONES YA SE HACEN SENTIR ESTE AÑO

La ANFP había fijado el compromiso para el domingo al mediodía en Talcahuano. Sin embargo, el Delegado Presidencial del Biobío, Eduardo Pacheco, decidió no autorizar el partido, apoyándose en informes negativos tanto de Carabineros como de Conaf, estos últimos en el contexto de los incendios forestales que han afectado a la región. La decisión llamó la atención, considerando que apenas una semana antes, en ese mismo recinto y bajo similares condiciones, se disputó sin inconvenientes el encuentro entre Universidad de Concepción y Coquimbo Unido por la primera fecha del torneo.

Posteriormente, la autoridad regional realizó una particular solicitud para viabilizar el cotejo: que se jugara sin público y que el plantel azul viajara desde Santiago a Talcahuano el mismo día del partido, exigencias que terminaron por sepultar cualquier intento de normalidad.

¿DETERMINACIONES SOBREDIMENSIONADAS?

La pregunta se repite cada fin de semana. En Chile, la suspensión de partidos se ha vuelto una constante que erosiona la seriedad de un torneo que intenta, sin éxito, elevar su nivel y credibilidad. Las Delegaciones Presidenciales, en coordinación con Carabineros y otros organismos, han optado cada vez más por el camino de la restricción, dejando al fútbol profesional en un permanente estado de vulnerabilidad.

Las cifras respaldan la preocupación. En 2023 se registraron cerca de 40 partidos suspendidos o reprogramados. En 2024, solo en el arranque de la temporada y durante la fase regional de la Copa Chile, ya se habían contabilizado más de 15 suspensiones relevantes. La temporada pasada, en apenas tres meses, se habían suspendido 11 encuentros entre Primera División, Copa Chile y Supercopa.

Imposible no recordar el frustrado retorno de Universidad de Chile al Estadio Nacional ante Cobresal, suspendido a días de disputarse pese a que el club había cumplido con todas las exigencias, o el emblemático caso de la Supercopa 2025 entre Colo Colo y la U, originalmente programada en La Serena y suspendida en medio de un cruce de responsabilidades entre la ANFP y la Delegación Presidencial de Coquimbo.

UN CONFLICTO QUE SIGUE SIN SOLUCIÓN

En el fondo, el problema es estructural. La realización de un partido depende de resoluciones exentas que autorizan el recinto, el aforo y el plan de seguridad, además de los informes de Carabineros, los cuales muchas veces son negativos debido a eventos paralelos como incendios, manifestaciones o contingencias nacionales que reducen la dotación policial.

Mientras clubes y ANFP acusan decisiones políticas o falta de criterio, las autoridades defienden su actuar señalando incumplimientos normativos y riesgos para la seguridad pública. En medio de este cruce, el gran perdedor es el fútbol.

Conscientes de la crisis, el año pasado se conformó una mesa de trabajo entre el Sifup, delegados presidenciales y Estadio Seguro, buscando estandarizar protocolos y evitar suspensiones de última hora que castigan a hinchas, planteles y ciudades enteras.

Sin embargo, mientras las soluciones no se traduzcan en hechos concretos, el fútbol chileno seguirá jugando su partido más ingrato: el de la incertidumbre, lejos de la cancha y muy cerca de la frustración colectiva.




matomo