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“Me atrasé por ser rebelde”: Mujer pewenche con cáncer avanzado llama a erradicar tabúes de la salud convencional

por Jeremy Valenzuela Quiroz

Desde Butalelbun, en Alto Biobío, Carmen Paine Tranamil ha enfrentado su enfermedad entre traslados a Los Ángeles, dificultades económicas, barreras culturales y la interrupción de su tratamiento. Hoy busca dejar un mensaje a las mujeres de su comunidad sobre la importancia de los controles y la detección temprana.

"Me atrasé por ser rebelde": Mujer pewenche con cáncer avanzado llama a erradicar tabúes de la salud convencional / La Tribuna

Durante años, Carmen Paine Tranamil estuvo ligada a la defensa de su territorio, como comunera pewenche de la comunidad de Butalelbun en Alto Biobío. A lo largo de su trayectoria, ha sido dirigente de su comunidad y una de las voces vinculadas a la defensa del agua, del río Queuco y de la cultura de su pueblo.

Hoy, su realidad es distinta. Desde hace casi cuatro años convive con un cáncer de mama que, en medio de las dificultades para acceder a sus tratamientos, los traslados y el desconocimiento que inicialmente existía en torno a su enfermedad, ha ido avanzando hasta comprometer gravemente su estado de salud.

Su experiencia durante estos años, y el hecho de que actualmente enfrenta una enfermedad avanzada, la llevaron a querer dejar un mensaje para las mujeres del Alto Biobío y, especialmente, para quienes pertenecen a pueblos indígenas donde las enfermedades son vistas con una mirada diferente: cuidar la salud, realizarse controles, detectar a tiempo cualquier enfermedad y no abandonar los tratamientos.

En paralelo, hace énfasis en la importancia de dejar atrás los temores y tabúes que todavía existen en algunas comunidades en torno a la medicina convencional y buscar un diálogo entre ésta y los conocimientos tradicionales.

SU DIAGNÓSTICO

Carmen fue diagnosticada con cáncer en 2022 y desde entonces su historia ha estado marcada por algo que va más allá de las atenciones médicas. Para recibir tratamiento debía salir de la cordillera y trasladarse hasta Los Ángeles, con las dificultades que eso significaba para ella y su familia.

Alejandra Muñoz Bravo, trabajadora social del Centro de Responsabilidad del Cáncer del Complejo Asistencial Dr. Víctor Ríos Ruiz de Los Ángeles y directora ejecutiva de la Corporación Oncológica del Biobío, ha seguido su caso desde los primeros años.

Recuerda que una de las primeras dificultades fue comprender el propio diagnóstico. En 2022, profesionales tuvieron que trasladarse hasta la cordillera para conversar con Carmen y su familia, debido a los temores y dudas que existían en torno al cáncer.

"Había una brecha comunicacional importante entre los equipos de salud y ella, porque en ese momento no lograba comprender bien el diagnóstico", explicó Muñoz.

Según relató, en ese momento incluso existían temores respecto de que la enfermedad pudiera ser contagiosa, además de distintos mitos asociados al cáncer. A esto se sumaba una diferencia cultural en la manera de entender la enfermedad y los tratamientos.

"Había algunos temores de que la enfermedad fuera contagiosa y había varios mitos alrededor del cáncer en el Alto Biobío".

Con el inicio del tratamiento aparecieron nuevas dificultades. La quimioterapia era un procedimiento invasivo para Carmen y uno de los efectos que más le afectaba era la pérdida del cabello, algo que, según explicó la trabajadora social, tiene un significado particular dentro de la cultura pewenche.

Para la cultura mapuche, el cabello largo y cuidado es un símbolo sagrado de identidad, fuerza espiritual, sabiduría y conexión profunda con la Ñuke Mapu (Madre Tierra).

DESDE LA CORDILLERA A LOS ÁNGELES

Para acudir a sus atenciones, Carmen debía trasladarse desde Alto Biobío hasta Los Ángeles y resolver, en distintas ocasiones, cómo llegar y dónde permanecer.

Hubo gestiones para conseguir movilización a través del municipio y, cuando debía permanecer varios días en la ciudad, llegó a hospedarse en un albergue municipal. "El proceso era súper intenso. Tenía que venir varios días a la semana", recordó Muñoz.

De acuerdo con su relato, Carmen enfrentó distintas dificultades de convivencia y un choque cultural durante el tiempo que permaneció en ese lugar, mientras además atravesaba una enfermedad y no contaba con recursos económicos estables.

La situación económica era otro factor. Durante los primeros años de su tratamiento se estaba gestionando su pensión de invalidez y, según Muñoz, no tenía ingresos suficientes para sostener sus necesidades y las de su familia.

Pero uno de los puntos que la profesional considera centrales en esta historia fue la continuidad del tratamiento. Carmen no logró completarlo y posteriormente acumuló inasistencias a controles de oncología y patología mamaria.

Desde el equipo de salud, asegura, hubo intentos por contactarla, explicarle nuevamente su situación y buscar alternativas para que pudiera continuar. "Con los equipos tratamos de buscarla, de educarla, de mover todo lo humanamente necesario para que ella pudiera acceder", sostuvo.

Para Muñoz, lo ocurrido no puede entenderse simplemente como una falta de atención médica. A su juicio, hubo factores culturales, territoriales y sociales que terminaron dificultando la continuidad del proceso. "Es una cuestión estructural. Es más allá del Hospital de Los Ángeles".

Con el paso del tiempo, la enfermedad avanzó. Hoy Carmen se encuentra en una condición mucho más delicada, aunque su historia no se queda únicamente en el diagnóstico.

En uno de sus registros, grabado mientras aún permanece hospitalizada, habla directamente de lo que ha vivido y reconoce que en algún momento tomó decisiones que terminaron afectando su tratamiento.

"Yo me atrasé mucho por ser rebelde. Si uno está enfermo, tiene que buscar su sanidad", dice Carmen en el video.

Carmen asegura que su enfermedad ha avanzado. Incluso habla de su próxima hospitalización en Concepción para recibir tratamiento por la afectación que presenta en el cerebro. Pero en medio de esa situación sigue pensando en su comunidad.

Quiere que las mujeres del Alto Biobío se cuiden, que conozcan la importancia de la detección temprana y que no dejen pasar los controles. También plantea que la medicina tradicional pewenche y la medicina occidental puedan dialogar y convivir en el abordaje de enfermedades como el cáncer.

"Ella quiere trascender como comunera pehuenche y quiere dejar este mensaje de que los niños crezcan libres en el Alto Biobío, de que el río Queuco siga siendo libre, de que las mujeres se cuiden, de que confíen en los médicos y en la salud tradicional", explicó Alejandra Muñoz.

La historia de Carmen deja así una pregunta que va más allá de su caso personal: qué significa enfrentar una enfermedad grave cuando se vive lejos de los centros donde se concentra la atención especializada y cuánto pesan, en ese camino, las distancias, los recursos disponibles, la cultura y las condiciones en que una persona debe sostener su tratamiento.

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